Andrómaca, la amorosa esposa de Héctor, trató de impedir que su marido se enfrentara al terrible Aquiles; pero los héroes son los héroes y no pueden sustraerse a su glorioso y terrible destino. El gesto desesperado de la mujer, siempre acompañada de su tierno y desdichado hijo, presagia su negro futuro.

El cadáver de Héctor recuerda al de los Cristos yacentes barrocos, pero con cuerpo y elegancia neoclásica. Todos los demás elementos de David, el pintor neoclásico por excelencia, están presentes en el cuadro: escenario lujoso pero a la vez austero, armas espectaculares, columnas clásicas de fondo, rojo violento, iluminación fuerte y metálica... Todo dirigido a resaltar de manera brillante la dignidad heroica.

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