Las sinrazones de la abstención (I)
De:
Francisco Javier González *Estamos otra vez a vueltas con el problema de la participación o no del nacionalismo canario en unas elecciones convocadas -como todas- por la metrópoli. Con anterioridad he expuesto lo que, al menos a mi juicio, son las razones del nacionalismo patriótico para abstenerse en este tipo de procesos, por lo que le toca el turno a las, también por supuesto a mi juicio, sinrazones para mantener esta actitud.
Creo que, nos guste o no, todos los que mantenemos cualquier actividad política, incluidos los independentistas, participamos de una u otra forma en todos los procesos electorales ya que tanto el voto como la abstención políticamente asumida y coherente son formas de participación, pero, recalco, la abstención como planteamiento político, no la que se da por motivos técnicos o por total desinterés del problema. Los mínimos porcentajes de abstención electoral en Canarias se dan precisamente en las elecciones municipales, a Cabildos y al Parlamento Autónomo, porcentajes que nunca han bajado del 35%. ¿Es una abstención activa ese porcentaje?
Quiero resaltar que la campaña abstencionista más fuerte fue la del 79, con gran presencia en la calle y que, como ya he recordado, aparte de un buen montón de procesos, multas y detenciones, no logró superar esos porcentajes, probablemente porque muchos nacionalistas apoyaban las listas de PCU-UPC esperando resultados satisfactorios para el independentismo, resultado que, precisamente por la abstención del independentismo estaban condenados a no producirse. Desde esa elecciones de 1979 no ha habido en la calle presencia política solicitando la abstención más allá de alguna pintada ocasional, algún panfleto o, más modernamente, la "webabstención", lo que políticamente no tiene base para atribuirnos una abstención que, en gran parte, se debe a la absoluta desmoralización y hastío de los electores canarios ante un panorama que no responde a sus intereses y que intuye además de muy dificil cambio.
Si, salvo algún pequeño porcentaje, no podemos atribuirnos la abstención, significa poco más o menos que, en la práctica, abstenerse para un patriota significa renunciar a luchar. Diferente es, desde luego, lo que los argentinos llaman "voto bronca", en otros lugares "voto negro" y que para nosotros es el "voto rebelde", tipo del que se plantea ahora en Euzkadi por AuB. En Canarias ese voto sería la palabra Independencia o la palabra Descolonización en la papeleta, pero también aquí se nos presenta la cuestión de que ese voto rebelde, que no tiene en las mesas quién lo controle y recuente, quedaría diluido en el epígrafe de los votos nulos por lo que su rentabilidad política sería también nula.
Llegados a este punto de "rentabilidad política" entra en juego otra cuestión ¿rentabilizable por quién, cómo y para qué? Seamos serios. ¿Hay hoy una fuerza independentista en Canarias con CAPACIDAD para rentabilizar una actuación de ese tipo, en el caso, altamente improbable, de que un porcentaje apreciable de canarios decidiera contribuir a ese "voto rebelde"? Me temo que la contestación es que, desgraciadamente, esa fuerza está por construirse y que los independentistas seguimos usando más el corazón que la razón.
Se puede ahondar en razonamientos de este tipo pero creo que, para plantearse las sinrazones, es suficiente, aunque es cierto que queda en el tintero la cuestión de, entonces... ¿que hacemos en los procesos electorales? Por mi parte daré mi opinión al respecto.
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Recibido de Canarias Libre