La Opinión
DE TENERIFE, 28-7-03Una violenta carga policial volvió a deslucir la procesión del Pendón de la conquista
Un centenar de jóvenes protestaron contra el símbolo
La celebración del patrón de San Cristóbal de La Laguna fue ayer de todo menos una fiesta propiamente dicha. Un grupo de manifestantes, que protestaban contra la salida del Pendón de la Conquista por las calles laguneras, sufrieron en sus propias carnes la carga de la Policía Nacional, que utilizó a diestro y siniestro las porras para acabar con las protestas.
Los actos de protesta del movimiento Azarug, que se congregaron en la plaza del Adelantado, comenzaron una hora antes de que el Pendón de San Cristóbal de La Laguna fuera a salir por las calles de la ciudad. Al mismo tiempo, un numeroso grupo de la Policía Nacional, tanto de Tenerife como de Gran Canaria, se preparaban para controlar al más de centenar de protestantes que ya portaban pancartas y gritaban.
En pocos minutos, la plaza del Adelantado, en las zonas más cercanas al Ayuntamiento lagunero, se rodearon de vallas para impedir que los manifestantes salieran a la carretera. La salida del Pendón, coronado por las autoridades locales e insulares, entre ellos la alcaldesa de La Laguna, Ana Oramas y el presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, produjo un arrebato de gritos e insultos por parte de los protagonistas de esta protesta.
Sin embargo, el momento más tenso de esta celebración local, fue cuando un grupo de jóvenes, que burlaron el control de la Policía Nacional, se sentó en la carretera, a la altura del callejón Deán Palahí, impidiendo el desfile institucional. En los primeros momentos, la Policía Nacional intentó arrastrar a este grupo de unas quince personas fuera de la calle, sin embargo fue cuando algunos de ellos corrieron hacia el callejón cuando los efectivos nacionales iniciaron un dura carga de porras contra los manifestantes. Casi todos las personas de este grupo sufrieron daños en la espalda y la cabeza a causa de las porras. Mientras tanto, el desfile del Pendón se reiniciaba, aún entre gritos e insultos, y algunos vecinos, al otro lado de la calle, contemplaban ambos acontecimientos: el festivo y el policial. La fiesta del patrón de La Laguna, que debía haber sido un desfile tranquilo, se convirtió, un año más, en un día de gritos a las instituciones y al Pendón, y la conmemoración local quedó tristemente enturbiada por la dureza con que la Policía Nacional actuó ante las protestas.