Pactos
Teodoro Santana
Ocurre en la guerra. Si uno no puede vencer totalmente al enemigo, tiene que negociar con él. O sobrellevar la eternización del conflicto. O rendirse. También en la política, como en cualquier aspecto de la convivencia, la negociación es el "abc". Si uno no tiene mayoría absoluta, tiene que pactar. O renunciar a gobernar, permitiendo el pacto de otros para conformar esa mayoría. Es algo absolutamente legítimo.
Por ejemplo, la derecha regionalista y la derecha estatal han venido gobernando juntas, en España y en Canarias. Nada más lógico. Solo les diferencia su competencia por el mercado electoral, la marca. Claro que esa disputa puede aconsejarles, aquí y allí, en La Oliva o en Telde, cambiar los pactos. Los pactos "en cascada", ya saben. Y, como en el viejo chiste, "żdónde estar la Gran Cascada?". Ya saben la respuesta: "Depende: a veces se la casca allí, a veces se la casca allá...". Evidentemente hay otros factores. Como el del hartazgo ciudadano ante determinados excesos y talantes. O el de demasiados años en el poder. O lo que decía Mika Waltari: "En toda negociación, el hombre honrado está destinado a llevar la peor parte, mientras que la picardía y la mala fe se apuntan finalmente los tantos". Salvo honrosas excepciones, los perjudicados patalean. Se indignan. Gesticulan. Insisto: todo ello entra dentro de la normalidad democrática.
Por el contrario, asuntos tan feos como el de la Asamblea de Madrid no deberían ser normales. Ni anormales: no deberían ocurrir nunca. Cómo para combatir la abstención. Para ir a votar otra vez con listas cerradas y bloqueadas, esa vieja aberración proveniente de la época predemocrática. Hoy se constituyen los ayuntamientos. Me llegan rumores de muchos millones de euros en juego. Amén de muchas recalificaciones y cosas por el estilo. Para el poco tiempo que queda, ni siquiera voy a molestarme en creérmelos o en dejármelos de creer. Como explicaba Deng Xiaping, "la práctica es el único criterio de verdad objetivo". Veremos qué prácticas se imponen.
Señor, señor, qué cruz.