NUTRICIÓN Y EVOLUCIÓN

 

Víctor P. García*

 

         La principal característica evolutiva del ser humano es haberse adaptado a una dieta muy variada. Desde el punto de vista energético se trata de establecer un equilibrio entre las kilocalorías aportadas por la dieta y las que se necesitan para realizar las funciones vitales: relación, nutrición y reproducción, lo que lleva emparejado las correspondientes consecuencias adaptativas. Las funciones de relación incluyen todos los procesos de integración del individuo y sus relaciones con el ambiente (funcionamiento de los sistemas nervioso, inmunológico y hormonal, aparato locomotor y tegumentario. Sólo el cerebro necesita para su funcionamiento diario 400 kilocalorías). Las funciones de nutrición engloban los aparatos digestivo, respiratorio, circulatorio y excretor. Las funciones de reproducción necesitan aporte energético para el mantenimiento de la descendencia como objetivo básico de cada organismo; además en las hembras hay que considerar unas necesidades específicas del embarazo y la lactancia.

 

         La satisfacción de estas necesidades depende directamente del entorno.

 

         Las diferentes especies de Australopithecus poseían adaptaciones óseas y dentarias apropiadas al consumo de alimentos vegetales duros y de bajo aporte energético, como las hojas, que aportan mucha fibra, pero de las que apenas obtenían 20 kilocalorías por cada 200 gramos (g). Las especies más evolucionadas, como el A. robustus, se habían adaptado para masticar vegetales ricos en fibra: la parte superior del cráneo poseía una cresta sagital, pómulos muy desarrollados, potentes molares con un esmalte muy grueso. En contraposición los incisivos y caninos estaban poco desarrollados. Los primeros componentes del género Homo probablemente evolucionaron a partir del A. graciles. Poseían un rostro mucho menor, así como pómulos más pequeños y molares y premolares más reducidos, con esmalte más fino. Por el contrario, los incisivos eran más grandes. Su cuerpo era mayor. Todas estas características que el consumo de carne era habitual en su dieta, aún siendo mayoritario el componente vegetal de la misma. Tampoco eran exclusivamente vegetarianos los Australopithecus, si bien su consumo de carne era esporádico. Esta adaptación a la dieta transcurrió en un proceso evolutivo de millones de años. El factor cronológico es imprescindible para comprender la evolución.

 

         La reducción de molares y premolares en el género Homo indicaba el cambio en la textura de los alimentos, que ya no necesitaban tanto trabajo para masticarlos.

 

Australopithecine and habilis skulls

 

Cráneo de Australopithecus africanus (izquierda) comparado con Homo habilis

 

         En cuanto a las adaptaciones del tubo digestivo no parece que haya experimentado en el ser humano grandes cambios con respecto al del antepasado común con el resto de los primates. Actualmente tenemos un tubo digestivo pequeño en proporción al tamaño corporal. Otra diferencia adicional es que nuestro intestino delgado corresponde al tramo mayor de tubo digestivo, contrariamente a los simios, cuya porción mayor es el colon o intestino grueso.

 

         Muchas hipótesis se han emitido para explicar los cambios anatómicos y funcionales sobrevenidos, como por ejemplo que el bipedismo enfrió algo el cerebro, desbloqueando el crecimiento del mismo. Algunos investigadores han propuesto la variedad de la dieta,  como origen de desarrollo cerebral. El cerebro del mono araña pesa casi el doble que el cerebro de los monos aulladores. La base de la dieta de estos son hojas jóvenes, mientras que la de aquellos son frutos ¿Explica esto las diferencias cerebrales entre ambos? El intestino grueso de los monos aulladores es bastante más ancho y largo que el de los monos araña. Los simios también poseen un colon mas largo que los humanos. Estos aspectos morfológicos, sobre todo la longitud del intestino delgado, influyen en la cantidad de nutrientes que se absorben. Para algunos investigadores la cocción de los alimentos, especialmente los tubérculos, hubiera facilitado la expansión del cerebro.

 

         Los alimentos guisados ablandan su textura y su digestibilidad, aportando más nutrientes al organismo desde el intestino. Las adaptaciones faciales y dentarias descritas anteriormente tendrían este origen probablemente, pues no se explicarían tales cambios anatómicos por el mero hecho de introducir un alimento más blando en la dieta, como la carne; la base de la alimentación  seguía siendo los vegetales, pero el mayor desarrollo cerebral desechaba las más duras y correosas hojas,  centrándose en las más tiernas, así como en los frutos y, como no, en la cocción de los resistentes vegetales. Es el origen de nuestros potajes ¿Será también lo que desencadenó el crecimiento cerebral?

 

http://www.becominghuman.org/

 

*Doctor en Biología