¿Nacionalistas de centro?
Juan Jesús Ayala
Porque el nacionalismo es, ni más ni menos, que conseguir la construcción de la nación. Y la nación por si sola no sirve, es un cuerpo chiquito que hay que alimentar, arroparla y darle el calor suficiente con los ropajes de un estado. Todo nacionalista que se precie de tal debe estar en el camino de lograr un fin único, una única meta, que no es otra que la verificación de la nación.
No hay otra alternativa, si se quiere evitar el sofoco intelectual, que recuperar para la memoria gran parte de lo que se ha escrito sobre nacionalismo, desde Kouduirie, Anderson, Gellnner, Sebrelly, Hobsbawm, Jauregi, Llobera, entre otros. Y acompañarse también de la lectura del repensador ideólogo-político Norberto Bobbio por ver si es posible, para tranquilidad de uno, encontrar entre esas páginas llenas de profundidad conceptual algo que siquiera por asomo diga algo sobre lo que se da en llamar "nacionalismo de centro", y de aquellos que están inmersos en la propagación de ese pseudopostulado ideológico político y que los que lo comparten se denominan por simple deducción "nacionalistas de centro". Y no hay nada al respecto. El nacionalismo es nacionalismo y nada más que eso. Ni para allá ni para acá, ni para arriba ni para abajo.
Con ello pretendo poner de manifiesto que no se puede ir por la vida, aunque se va, dándole puntapiés a las ideas y poniéndose cada cual que pretende una cierta cuota de poder una determinada etiqueta. Y no hay que descubrir la pólvora ni tan siquiera inventar algo que no se puede inventar porque ya está. LLeva así desde la mitad del siglo XIX, todo el XX y continúa con toda su significación y fuerza en los inicios del siglo XXI. Lo que habría que hacer es perfeccionar el nacionalismo y llevarlo a la práctica, sobre todo, los que tienen la oportunidad porque tienen poder para hacerlo y que se llaman nacionalistas, en este caso, de centro.
Habrá, a estos "nacionalistas de centro", que aclararles las ideas y dentro de la argumentación correcta si es que hablamos de ideologías y no de alegatos de feriantes. Habrá que decirles que la nación es una categoría político-social que está ahí y que hay que encontrarla en el transcurso del tiempo a través de la conciencia nacional y consolidarla cuando esta emerja en el camino del nacionalismo. Porque el nacionalismo es, ni más ni menos, que conseguir la construcción de la nación. Y la nación por si sola no sirve, es un cuerpo chiquito que hay que alimentar, arroparla y darle el calor suficiente con los ropajes de un estado. Porque como remarca Gellnner, la nación y el estado han nacido la una para el otro. Separar estas dos categorías es instalarse en un atasco histórico o que sólo funcionen los tibios y los timoratos para que los oportunistas se llamen nacionalistas de centro.
El nacionalismo no tiene centro, no es ni blanco ni negro, y menos gris. Todo nacionalista que se precie de tal debe estar en el camino de lograr un fin único, una única meta, que no es otra que la verificación de la nación. Hablar de otra cuestión es marear la perdiz y darle palos de ciego al pensamiento político. ¿Que hay oportunistas? Montones. ¿Que existen algunos que quieren abrirse huecos y que inventan lo no inventable? También, ya que desde la inoperancia de las ideas hacen un campo común con lo inconsecuente. Y lo que consiguen es un poco de poder, sacudirse la vergüenza ajena y dejar sin atrapar las ideas que caminen por sí solas por el trazo que les ha marcado la historia de la sociedad. La derecha está ahí con sus connotaciones, y la izquierda lo mismo. El centro es pura entelequia. Y si hablamos de centro, y más de "nacionalismo de centro", es como ir contracorriente de cualquier operatividad que violenta los conceptos dentro de los esquemas universales de los postulados e ideas políticas.
¿Que hay muchos que pretenden sorprendernos con un galimatías estólido? Claro que sí, los hay que desde la más boba simpleza construyen cuerpos pseudoideológicos confeccionados para favorecer el despiste de los que se tragan eso del nacionalismo de centro.
El nacionalismo es uno y la meta es una. No hay capacidad para ser de centro. Eso es una falacia, es una impostura política, una desfachatez orgánica y, lo peor, es el camelo del siglo para los desheredados de ideología y de aquellos que se aprovechan para desnaturalizar, por incompetencia consigo mismos, lo que es el nacionalismo desviando su contenido y operar en sus aledaños con el único propósito de dejarse ver.
Y lo habrá que hacer o pedirles que no se dejen ver demasiado porque pondrían en peligro lo que ha costado poner en pie, remozándolo para que ahora venga cualquiera a decir lo que le venga en gana sin pudor alguno, y con un desparpajo de órdago que lo que más provoca es la risa y el pasmo.