EL JUEGO DE LAS ELECCIONES

Víctor Pérez García

Existe un juego que consiste en un concurso escolar para motivar a los alumnos mediante la puesta en práctica de actividades de marcado carácter lúdico para que aprendan divirtiéndose. Vamos a suponer que el tema fuera la pesca y tenemos una clase de 24 alumnos (acorde con las recomendaciones de la UNESCO, y aún es mucho). Los distribuimos en grupos de cuatro y después de estudiar el tema en cuestión (que puede ser cualquier otro) cada grupo de estudiantes prepara un cartel que gráficamente recoja la que cada grupo decida incluir libremente. Al cabo de una semana se celebra en la clase un concurso de carteles al que cada grupo presenta su cartel. El concurso tiene dos premios:

  1. Primer premio: un positivo para cada miembro del cartel ganador y exposición pública del cartel en el hall del Centro Educativo.
  2. Segundo premio: los carteles clasificados en segundo y tercer lugar se exponen al público en el aula o en los pasillos.

¿Cómo se eligen los ganadores? Eso es lo más interesante y didáctico del juego, pues los alumnos tienen la oportunidad de autocalificarse, de autoevaluarse: se les explican las normas claramente a los alumnos desde el principio, pues son ellos mismos los que seleccionan los carteles ganadores, mediante votación secreta, respetando dos premisas básicas:

1. Nadie puede votar a su propio cartel.

2. No puede abstenerse nadie.

Sería largo, incluso podría ser polémico, el análisis didáctico del concurso y no es este el objetivo del artículo ni quizás tampoco el foro apropiado., pero en resumen el concurso favorece la participación del alumnado, la expresión artística, la capacidad de resumir y comunicar un tema y, los más importante, su sentido crítico y su cultura democrática, pues la selección se hace en función de factores de calidad. La cultura y la participación democrática es lo que diferencia a las Democracias con mayúscula de las pseudodemocracias, y se consiguen esas Democracias sin apellidos con la educación de la ciudadanía.