Infamia provocadora

Elio Rodríguez-Figueroa

Nos encontramos ante un dilema cuya solución sólo depende de nuestra muchedumbre, de una multitud que ahora, como nunca antes, se encuentra ausente de su problemática. Su conciencia de clase y de nación colonizada se encuentra sumergida bajo la avalancha de desinformación y de los canallescos medios del sistema, dirigidos por unos políticos que hieden a corrupción y cuyos dilemas éticos se revuelcan en la asquerosa realidad de la sociedad actual en nuestras Canarias, a imagen del inmoral espejo que nos impone la España que nos coloniza y que remacha sus hueros y clericales prejuicios para su propio deshonor, y en lo cual participan tanto la ideología reaacionaria como la mal llamada izquierda. Las dos, a la hora de la verdad, sólo inspiran repugnancia en sus conceptos éticos y morales.

Nos preguntamos y toda Canarias lo hace, ¿cómo estos maestros en "poca vergüenza" pueden ser tan descarados en sus datos estadísticos. Hay más prosperidad; nuestras rentas suben un 45% y, a vuelta de página, nos dicen que hay más parados y que la miseria es cada vez mayor. Pero "hijos de la chingada, realmente nos miden a todos por su mismo rasero; el de una estupidez donde, por más que escarbamos, no hay en un solo rasgo de inteligencia.

Sí hay más prosperidad, en lo que estamos de acuerdo. Pero, pícaros ladronzuelos, ¿cómo se reparten esas riquezas? Hay cada vez más españoles más ricos, más foráneos listillos que evaden lo nuestro y unos pocos canarios contagiados, cuyo peculio crece medrando en la corrupta clase política que se desdice sin los menores escrúpulos y donde ayer afirmaban, hoy niegan sin respeto alguno por el engaño. Desmitificar nuestras realidades se vuelve una tarea inalcanzable. La verdad, como nuestros horizontes, se pierde en la lontananza de nuestras libertades. Libertades que todos dicen defender pero que de las cuales sólo percibimos la negación de tales ilusiones.

La ética en nuestra Nación canaria se tipifica por nuestra capacidad colectiva en ignorarla, y en lo individual por su diversidad oportunista e inmoral. Qué prosperidad es aquella donde los peajes la transforman en miseria, donde la visceral reacción de Vilaflor contra la derecha, esta misma, hoy amenaza cínicamente con una Vilaflor más. Fuegos de voladores que, como tales, se desvanecen y no dejan nada constructivo, y se permite que tal afirmación de justicia popular sea usada y distorsionada en contra de los intereses que la motivaron.

Después nos hablan de terrorismo, ¿pero hay terrorismo más infame que este de sus medios de comunicación, cuyas secuelas asesinan y mutilan nuestras conciencias? ¿Cuándo haremos que nuestro "silencio" les rompa los tímpanos; cuándo la Resistencia pasiva frente a sus ignominias hará que nuestras multitudes se vuelvan un pueblo valiente y digno; cuándo nuestras Unidades de Tagoror harán que nos teman y respeten...; cuándo un alarido que clame a los cielos; cuándo hombres y mujeres de Canarias lucharán y estarán dispuestos dignamente a vivir y morir, si necesario fuera; cuándo dejarán de ser cómplices de nuestro esclavaje y servidumbre? ¿Cómo somos capaces de tolerar tanta infamia y de aceptar sin protestar tanta humillación?.

Añoramos el fatídico 1936, al menos murieron en pie, como mueren los valientes. Y hoy, aquellos mismos que tales desafueros cometieron se pasean impunes y poderosos por nuestras plazas y calles. Todo en nombre de la maloliente democracia; esa democracia que, no me canso de decirlo, hay que desbordarla como un torrente arrollador y provocar siete Vilaflores que arrasen tanta infamia provocadora.