UNA HISTORIA "IMPENDONABLE"
(carta abierta a la señora alcaldesa de La Laguna)
Francisco García-Talavera Casañas
El pendón, término de por sí malsonante, en el actual momento histórico de Tenerife lleva implícita una carga de discordia y de anacronismo que no es aconsejable. Todos sabemos que las banderas y estandartes son símbolos de identidad que hacen suyos los pueblos y naciones del mundo. Pero en este caso, lo que el pendón representa es la guerra, el sometimiento, la humillación, la masacre y el etnocidio de una nación, la guanche, que luchó heroicamente para defender su tierra del invasor. Fue una lucha desigual entre un pueblo africano que llevaba aquí más de dos mil años viviendo en un "neolítico forzado", pero que se había adaptado perfectamente al medio insular, y otro europeo que entraba en la edad moderna de la civilización occidental. Las rudimentarias armas (piedras y palos), y tácticas guerreras de unos, contrastaban con la avanzada tecnología de los otros (arcabuces, espingardas, ballestas, corazas, caballería). Sin embargo, el valor, la fortaleza física, el conocimiento del terreno y el espíritu de lucha que les infundía la defensa de su patria y libertad, les bastó a los guanches para desbaratar en Acentejo a un ejército de 1500 hombres y 200 caballos, mucho mejor pertrechado, como ya hemos comentado. La cruenta batalla de Acentejo, en 1494, de la que sólo escaparon con vida 300 invasores, supuso para España el mayor descalabro en su historia de conquistas afro-americanas durante los siglos XV y XVI, y para Canarias una de las páginas más gloriosas de su historia.
Paradójicamente, esta efeméride no es merecedora de la más mínima conmemoración, a juicio de nuestras autoridades "nacionalistas".
Al año siguiente, los guanches, debilitados por la modorra pero envalentonados por la victoria de Acentejo, cometieron el fatal error de presentar batalla en los llanos de Aguere, en campo abierto, donde la caballería y ballestas invasoras hicieron estragos. En esa carnicería Chimenchía fue despiadadamente lanceado y salvajemente decapitado en las faldas de la Montaña de S. Roque, cuando estaba herido y ya se había rendido. Luego, la cabeza del hermano del mencey fue colocada en una pica para espanto de los guanches. Se dice que también Bencomo murió en la batalla. Pues bien, el estandarte que portaban los extranjeros mercenarios, probablemente, como apuntaba el profesor Serra Rafols, es el mismo que durante tantos años, en clara actitud colonial, nos han estado restregando por las narices y seguirá sucediendo si no recomponemos esta anacrónica situación. Parece mentira que, con más de 20 años de autonomía, aún estemos con estas ridículas historias. Seamos justos con el pasado. Nuestra dignidad está en juego.
Estamos de acuerdo con que la exhibición del pendón de la conquista, en procesión por las calles de La Laguna, es tradicional, pero las tradiciones también deben adaptarse a los tiempos y circunstancias. Comienzan un buen día, evolucionan, y desaparecen cuando están fuera de contexto.
Ahora que empezamos a conocer datos científicos incuestionables que la Historia nos había ocultado, como que más del 50% de los canarios descendemos de los guanches y que llevamos los genes de aquellos que tan valerosamente defendieron su tierra hasta la muerte, es cuando nos identificamos con ellos, porque son los que estaban aquí y lucharon por su país, el nuestro. Por supuesto que ahora conformamos una nación distinta, mestiza, con distinta cultura y distinta lengua, pero que sigue conservando en gran medida las cualidades físicas y psíquicas de sus ancestros guanches: la nación canaria.
Ahora que también la libertad de expresión nos permite conocer datos estadísticos rigurosos que nos dicen que el 50% de los canarios nos consideramos sólo canarios o más canarios que españoles, es el momento, señora alcaldesa, en que apelamos a su buen criterio y capacidad de adaptarse a las circunstancias con valentía, tomando, de una vez por todas, la misma decisión que en su momento adoptó el alcalde de Santa Cruz, D. Miguel Zerolo, cuando en realidad sólo se trataba del pendón de la ciudad. Por cierto, ¿sabía que un tal Juan Doramas fue uno de los canarios que, junto a Guanarteme y Maninidra, tomaron parte en la decisiva batalla de La Laguna?
Reconocemos el valor histórico y patrimonial que posee el pendón, pero para muchos de nosotros no más que las añepas de los menceyes. Por eso creemos, como ya se ha sugerido, que el lugar más adecuado para su depósito y exhibición es el flamante Museo de Historia de Tenerife, ubicado en la ciudad que usted preside. Así se evitarán en el futuro los desagradables y bochornosos incidentes provocados al reprimir violentamente la pacífica protesta, no de unos alborotadores o extremistas, como normalmente se les califica, sino de un puñado de patriotas valientes que dan la cara por el único pueblo colonizado del mundo que festeja su derrota y que llama Matanza a su Victoria. Es una decisión comprometida, pero seguro que nuestra gente, su conciencia y la Historia se lo agradecerán. Al fin y al cabo lo que se conmemora el 27 de julio es la fundación de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna y no la conquista de Tenerife.