Los grandes ausentes del proceso electoral

De Francisco Javier González

Quiero en este espacio exponer las reflexiones que sobre el reciente proceso electoral he ido haciendo en forma de "anotaciones" para un posterior análisis que vaya más allá del proceso en si mismo, apuntando a las bases para la construcción de la organización que el nacionalismo canario necesita en estos momentos. Evidentemente, al tratarse de reflexiones, están a caballo entre lo objetivo y lo subjetivo, aunque trato de que sean lo más objetivas posibles.

1.- Se hace necesario insistir en que el proceso electoral se ha desarrollado con una total carencia de exposiciones políticas por parte de las diversas opciones participantes, tanto mayor cuanto más "mayoritaria" sea la opción. La discusión ideológica, el debate político a cualquier nivel han sido los grandes ausentes del proceso y los mensajes transmitidos a los ciudadanos han sido, por ello, un puro producto del marketing publicitario más duro, dando como resultado la inevitable correlación entre dinero invertido y voto obtenido.

2.- En espacios socio-económicos limtados como son los municipios o las islas de menor población, el "clientelismo político" funciona con tanto vigor y precisión como lo hacía el antiguo caciquismo decimonónico al que, independientemente de las siglas tras las que se refugia, ha venido a sustituir. Hay islas en las que el Cabildo es el máximo empleador, garantizandose la casi automática reelección del equipo gobernante que solo puede verse en peligro en función de las concesiones urbanísticas que puedan darse desde Ayuntamientos con distinto equipo gobernante. Este clientelismo es una de las primeras claves para garantizar tendencias autoconservadoras isla por isla.

3.- Una sociedad colonizada, en que el sector servicios -y fundamentalmente el turismo- mayoritariamente en manos foráneas, produce el 80% del PIB, la construcción un 10% y en que los sectores primario e industrial se reparten el escaso 10% restante, y con una continua aportación de población foránea es, por fuerza, continuista y sumisa ante el poder económico y político que supone solo puede emanar de la metrópoli. Esto convierte a la nuestra en, básicamente, una sociedad reaccionaria, partidaria del voto "al poder establecido" sea cual sea este, e incapaz de afrontar con ilusión una hipótesis de cambio que rompa las estructuras de la dominación y la explotación colonial. Por esta causa la representación conjunta de la derecha -española o delegada- y el poder político -actual o posible- metropolitano, esto es, el conjunto de CC, PP y PSOE, obtienen el 89% de los votos, quedando el 11% restante a repartir entre opciones más ideologizadas o más transformadoras pero, en todo caso, atomizadas y sin presencia mediática.

4.- La desideologización es tan patente que la derecha insularista -que usurpa indebidamente el apelativo de "nacionalista"- establece previamente los pactos con el partido que gobierne en la metrópoli y por el tiempo que dure ese gobierno, para garantizarse el control de su parcela de poder, poder que, por su propia esencia, y al ser moneda de cambio por el mantenimiento a ultranza del status dependiente, será siempre "delegado", sin aspiraciones a incrementar la soberanía nacional. En el caso actual, gobernando en España el PP, el cierre en la capital metropolitana de los pactos PP-CC de forma casi simultánea a la finalización del proceso electoral, habla bien a las claras de un pacto carente de programas políticos consensuados, realizado con el único objetivo del mantenimiento del status y el reparto de las parcelas de poder. De antemano estaba cantado el triunfo electoral del "Partido Popular de la Coalición Canarizada".

5.- Cuando el voto -y la representatividad que de él dimana- reune las características que, a mi juicio, se dan en nuestro caso, y que he descrito en los apartados anteriores, es de esperar que a lo largo de la legislatura se presenten forzosamente confrontaciones con las estructuras de poder, tanto metropolitanas como coloniales delegadas, más allá de las que los conflictos de intereses de clase hacen inevitables de forma permanente. Así sucedió en la legislatura pasada con casos como el de Vilaflor, la instalación de la lanzadera en El Hierro etc.

Estas confrontaciones pueden, como así ha sucedido, provocar manifestaciones masivas, pero estas manifestaciones no van a alterar el continuismo social ni la dependencia política y económica, por lo que, en la práctica, no se van a ver reflejadas, macroscópicamente, en los votos. La ruptura del continuismo y la sumisión solo debe esperarse en el contexto de una situación de crisis política, situaciones en que el normal determinismo socio-económico deja de funcionar, dando como resultado que los factores políticos se independizan de las estructuras sociales tomando vida propia, momento en que el comportamiento tanto individual como colectivo se hace cambiante, fluido, y cualquier resultado es posible y no previsible al romperse el determinismo estructural de clase.

6.- Valga como demostración de lo antedicho en el punto 5º que los resultados más espectaculares logrados por el nacionalismo en procesos electorales lo fueron por la UPC en plena etapa de crisis política o cuando aún no se habían consolidado las secuelas de la misma, etapas en que, aún contando con la activa y efectiva campaña abstencionista del nacionalismo más radicalizado, la UPC logró colocar un parlamentario en España y un alcalde en Las Palmas, aunque, desde luego, mal elegidos desde un punto de vista del nacionalismo. Si vemos, y es un buen observatorio de contraste, las elecciones al Cabildo de Tenerife, en 1979 y con un 52% de abstención la UPC logró casi 26.000 votos (14% de los votos emitidos) y tres Consejeros (Pablo Ródenas, Chago Blancas y José Manuel de Villena que añadieron al juramenro el conocido "...y luchar con todas nuestras fuerzas por una Canarias Libre y Socialista"). En 1983, pasada la etapa de crisis, y víctima también de su propio proceso de descomposición interna, la UPC solo logra 14.900 votos y un consejero (6,2% de los votos con un 36,4% de abstención), cifra de todas formas superior a los escasos 10.000 que obtienen en 1987 el conjunto de CNC/FREPIC y muy superior a los 9.800 del PNC o los 2.500 de APCa en este último 25M que, conjuntamente, no llegan al 1,8% de los votos emitidos.

Son puntos todos ellos que dejo para la reflexión, el análisis y la autocrítica, herramientas sin las cuales cada año retrocederemos en la lucha por la libertad, la dignidad y el progreso que debe significar el nacionalismo canario.

(*) Recibido de Canarias Libre