Desenmascarar el anticomunismo
Elio Rodríguez-Figueroa
Desenmascarar el anticomunismo, al tiempo que aclarar lo que es y debería haber sido la línea correcta de los marxistas en la lucha por la liberación del territorio ocupado por el colonialismo español.
El anticomunismo ha sido, y continúa siendo, el objetivo del Imperial-fascismo vigente. Constantemente los medios de comunicación hablan del fracaso de las ideologías, del fracaso de la experiencia soviética. Se ocultan las razones de lo ocurrido, no se dice la “conspiración” de todo el frente capitalista para aplastar la única esperanza real para los pueblos del planeta. La Unión Soviética, con sus claros aciertos en todos los sectores del progreso: educación, ciencia aplicada, justicia social, deportes, etc. Tampoco se dice nada sobre el trágico fracaso del capitalismo y de todas sus variantes: neoliberalismo, socialdemocracia (tercera vía).
Existiendo la URRS, su territorio no era
un paraíso, pero si fue un lugar sin sucias miserias y donde las actuales
lacras no tenían carta de ciudadanía. Después de su aplastamiento, debido a la
lucha sin cuartel del imperialismo que
comienza desde el triunfo encabezado por Lenin en 1917 hasta su aplastamiento,
como esperanza, en los años 1989-98, gracias a las traiciones de los
eurocomunistas y los revisionistas dentro de la propia URSS, no asumemiendo los
constantes errores que se cometen a partir de la Segunda guerra y la
disolución de la III Internacional, y
cayendo en la trampa de la guerra de las galaxias, en vez de emplear los magníficos
recursos creados gracias al sistema, en realzar aún más los niveles de vida,
obligando al imperialismo frente a la
opinion universal.
El Capitalismo ha producido el mayor desgarro
social, por su crueldad social, por su injusticia en el reparto de las riquezas
creadas por los trabajadores. El foso entre la pobreza y la riqueza se agranda
cada año. De los 6.000. millones, 4 mil son
pobres de necesidad, 2 millones sobreviven y de ellos unos 400.000 viven bien,
y de éstos unos miles muy bien, y unas decenas controlan, a través de sus
compañías, más poder económico y, por tanto, político que las llamadas
superpotencias. Entraríamos en un desgranar de cifras sobre las cuales nadie
duda, y quienes las niegan y ocultan son los propios interesados.
Está claro que los comunistas hemos cometido
errores. La historia nos enseña que se dan pasos atrás, y ello lo provocan los
factores que condicionan los ciclos. La experiencia de la URRS es una más en el
largo camino de los humanos, pero, de seguro, volverá a resurgir otro episodio
similar y las experiencias servirán para enmendar los errores. Podemos imaginar
una Cuba sin bloqueos; sin tener que enfrentarse a los anticomunistas que ven
en ella el ejemplo de lo que es, de lo que podrá ser y de lo que, a toda costa,
quieren que no sea. Pero nada, nunca, ha podido frenar, y menos destruir, los
lógicos ciclos del progreso. Y progreso es sinónimo de comunismo, como
capitalismo lo es de injusticia y de riqueza para pocos y miseria para la
mayoría. Ahí están las cifras y también los años,
250, de sistema capitalista. Nunca hubo tanta riqueza y miseria tan mal
distribuida; opulencia y miseria.
Los marxistas en Canarias también, con nuestros
errores e interpretando nuestros principios ideológicos de base, tenemos un
balance positivo. Desde los años 20 (1936) Guillermo Ascanio, ingeniero y mando
en el Ejército rojo republicano, ya denunciaba el colonialismo español, como
muchos otros, incluyendo mis hermanos. Después viene el 1936 y un largo periodo
hasta el MPAIAC y todo un conjunto de fuerzas, dentro de las cuales militaban
muchos comunistas,que son coherentes con su deber y están en primera fila.
También hubieron traiciones, la de aquellos que hoy están donde debieron estar
siempre, con su piel verdadera, con su oportunismo y cobardía ideológica; son
los Carlos Mauricio, los Gonzalo Angulo y un largo etc. que no son dignos de
mencionarlos. Así como en el 78 nos encontramos las filas “democráticas”
plagadas de franquistas, hoy hay esa maraña de oportunistas y de pobres
miserables ideológicos que invaden las filas
de los PSC (PSOE) y de otras raleas políticas mal llamados nacionalistas, sea
de derecha, centro o de izquierda, han desembarcado en el Parlamento
anticanario, compuesto por un variopinto muestrario de corruptos y manipulables
individuos, cuyo denominador común es el oportunismo desvergonzado.
Nuestro problema es como obtener la unidad para la
Independencia haciendo respetar la diversidad ideológica. Insisto una vez más,
necesitamos contar con el conjunto del arco social. El capital saldrá
económicamente fortalecido con la Independencia. Pasará a ser posible su pleno
desarrollo, si sabe construirlo con una base social justa, su ciclo durará
dependiendo de su sentido de la justicia social. La clase media debiera, con
lógica, buscara en el progreso socioeconómico con justicia y el equilibrio
necesario para desarrollar su papel, que abra los caminos impregnada de una
filosofía, cuya base debe ser la justicia social. Y la creación de una sociedad
que prepare los cimientos que hagan posible que la Independencia, se establezca
estructurando bases sociales donde las clases trabajadoras productoras y
creadoras de riqueza asuman el papel que les asigna la historia, de
constructores de una sociedad del futuro, y crear las bases que el propio
desarrollo de las fuerzas en presencia les
otorga. Y es este periodo histórico donde los trabajadores y creadores de
riqueza, en su sentido profundo, que abarca todo el arco social, debieran abrir
camino a una sociedad donde los privilegios sean sustituidos
por un bien general en beneficio del colectivo de la Nación canaria.
Esto solo será posible con la Independencia, y
llegaremos a ella por la alianza de las fuerzas populares con aquellas fuerzas
progresistas y patriotas que coloquen el interés de la Patria Canaria sobre
cualquier otro interés ideológico o de clase. Una vez obtenida la
Independencia, la voluntad popular indicará, y habrá que aceptarla, los
criterios más representativos de los intereses nacionales. Necesario será un
pacto donde los intereses nacionales prevalezcan sobre cualquier otro. Estos
intereses se identifican, no podrá ser otra, con
quienes son las bases de la sociedad, en número y calidad: el pueblo y
sus abanderados, las clases trabajadoras.