MaízDe: Llorenç Pié - Ballard

DESEMPOLVAR A MARX

Es imposible comprender el mundo actual obviando a este hombre que, junto con
Hengels, analizó a la sociedad haciendo una radiografía que aún perdura aunque
le pese a la derecha.

De ideas clarividentes, justas socialmente, se ha hecho escarnio de el, siendo
muchas los culpables los propios comunistas que han puesto en práctica no sus
ideas y enseñanzas, sino la ambición humana de la peor especie, el poder. El
poder corrompe. Pero pongamos a Marx en su justo sitio y releamosle.

Nos hace mucha falta.

Os reproduzco un artículo de Joan Hortalá, a quien Ballard conoció y encima le
propuso editar un libro cuando Ballard se dedicaba a esas lides.

El autor de 'El Manifiesto Comunista' y 'El Capital' es reivindicado como el más
notable pensador del milenio por haber aportado un poderoso instrumento
metodológico para entender la realidad

JOAN Hortalà

Presidente de la Bolsa de Barcelona

La caída del muro de Berlín fue la hecatombe del comunismo real. Muchos metieron
en la misma mortaja al marxismo y, particularmente, a Karl Marx. Pero una
encuesta realizada por la prestigiosa BBC británica, preguntando por el pensador
más remarcable del milenio, situó a Marx en el primer lugar del podio, seguido
de Einstein, Newton, Darwin... Desde entonces, y por diferentes conductos, el
coautor de El Manifiesto Comunista y, en particular, de El Capital, entre una
extensísima obra, ha sido objeto de revivals liderados en gran parte por el
profesor de la London School of Economics Meghnad Desai, un hindú de pelo
electrizado que fue promovido a lord con la reforma laborista.

El primer frente restitutivo hace referencia al vínculo entre Marx y el
comunismo real que, precisamente, encarnaba la extinta Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas. Los partidarios del revival argumentan que no pueden
atribuirse a Marx ni a su doctrina los fracasos de aquel sistema. Las leyes
propias del materialismo histórico prescriben alcanzar "el cielo en la tierra"
después del enfrentamiento dialéctico entre la clase burguesa y la clase obrera,
atravesando el estadio intermedio de la dictadura del proletariado.

Como en la Rusia prerrevolucionaria no se había conformado aún una clase
burguesa consistente, el proceso antitético carecía de contenido y, por tanto,
no se ajustaba a lo estrictamente prescrito por Marx. El éxito de la Revolución
de Octubre fue una cosa; pero otra los desarrollos posteriores a cargo de
Vladimir Illich Ulianov, Lenin, con sus acompañantes y seguidores, que con
entusiasmo y fidelidad interpretaron, en el mejor de los casos, lo que creyeron
que Marx pensaba. Más aún: el veredicto se refuerza aduciendo el comentario que
hace tiempo realizó el premio Nobel Gunnar Myrdal sobre que la palabra
planificación (planwirtshaft) ni siquiera aparece en ninguna de las obras de
Marx.

En el segundo alegato pro-Marx se sostiene que, si bien sus principales
predicciones han sido erróneas, no puede ignorarse que los supuestos de partida
han ido cambiando radicalmente, al margen de que en economía gran parte de los
pronósticos nunca se cumplen. Con todo, la intuición marxiana no erró en todo
aquello relativo al poder transnacional de las grandes corporaciones, a la
extraordinaria capacidad transformadora de la innovación, al alcance de los
ciclos económicos... De todas formas, es obvio que no se ha producido el
derrumbe del capitalismo. Más bien todo lo contrario. Sin embargo, hoy en día la
dinámica de este sistema no es ni mucho menos la misma que fuera cuando se
consolidó la Revolución Industrial. Tampoco es cierto hoy, en contraste con
1848, que "el trabajador no puede sino perder sus cadenas".

Dentro de los cambios y adaptaciones sucesivas, el capitalismo actual no tiene,
pues, el mismo contexto que tuvo en la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, y
a riesgo de tildar a Marx de "revisionista" (cosa que el profeta jamás hubiera
aceptado), no es incoherente afirmar que la denuncia que implicaba su crítica al
sistema contribuyó, conjuntamente con otras propuestas evolucionistas, a generar
procesos de reacción que han impedido que, mediante el engorde del "ejército
industrial de reserva", los expropiadores fueran expropiados.

Establecidos estos dos alegatos, los actuales fans concluyen con rotundidad que
si Marx no es directamente responsable de la organización soviética y que si sus
predicciones fallaron porque los supuestos de partida han cambiado, entonces lo
que hay que valorar es su aportación científica concretada en un poderoso
instrumento metodológico para conocer y entender la realidad. Y esto, por sí
mismo, sitúa a Marx entre los más grandes pensadores del milenio, como concluye
el resultado del sondeo popular realizado por la BBC.

Noticia publicada en la página 8 de la edición de Viernes, 13 de junio de 2003
de El Periódico - edición impresa