Democracia ¿dónde está?

JUAN JESUS AYALA

Sin lugar a dudas, fue Rousseau el gran valedor de la idea del gobierno del pueblo, como se entendía que debería ser la democracia. Y así en un pasaje del Contrato Social dice "que las leyes son siempre buenas para los ricos y malas para los pobres", y deducido de lo anterior pone énfasis en que entonces "el Estado Social será ventajoso para los hombres sólo cuando todos posean algo y ninguno tenga demasiado".

Como se ve, pronunciamientos teóricos que a lo largo del tiempo tuvieron sus detractores, siendo quizás el más significativo Shumpeter, que dudaba de la democracia como un todo perfecto ni siquiera perfectible, ya que consideraba que los gobiernos llamados democráticos, y por múltiples vericuetos, eran sólo un aposento para las élites donde la participación política desempeñaba un papel puramente secundario.

Daba una importancia extrema al voto cualificado, y por eso lo primordial era establecer al menos un mínimo de dotación intelectual en todos aquellos que estuvieran comprometidos con el sistema a través de su decisión, para que al menos la gente supiera con claridad y coherencia lógica qué hacer con su voluntad. Que nadie se dejara arrebatar su endeblez personal por la majadería de las propagandas estúpidas ni por el dineral de que disponen y que circulan en el entorno de ciertos partidos, en contraposición con los pocos recursos que tienen otros: los desheredados de la democracia.

Y aunque se diga que "la democracia es lo que es". Si las reglas son exquisitas y los métodos estupendamente diáfanos, hay también que decir que todos esos métodos en manos y por obra y gracia de los poderosos, que, además, se hacen llamar "demócratas de toda la vida", están mediatizados y descaradamente influidos hacia una manipulación exacerbada que pone en tela de juicio al propio sistema.

Por qué, si no, tanta compra de medios? Por qué, si no, tanto soborno y aquellos que se dicen independientes cuando les llega su momento, el de su negocio, se venden al mejor postor y lo único que les interesa es forrarse los bolsillos a costa de la demagogia comprada y del canto insulso del amiguismo? ¿Por qué, si no, ese afán por la destrucción, por la descalificación sistemática de unos y la exaltación empalagosa de otros? ¿Por qué, si no, ese desaforamiento desde las altísimas torres del poder haciendo lo imposible para que la gente, la pobre gente, siga sin saber dónde está la trampa y el cartón inclinando su voto hacia el chachi, hacia el señorito, hacia el petimetre que va a seguir viviendo muy bien y disfrutando un montón gracias a la voluntad de los que intentan confundir desde las instancias de la manipulación?

Mucho tiempo ha pasado desde los pronunciamientos teóricos del filósofo francés y del economista austriaco y aquello que por un lado se ensalzó y por otro se cuestionó habrá que decir que se ha quedado en puro enunciado que ya llega a lo escandalizante.

Y en Canarias, el espectáculo pseudodemocrático está a gran altura. Todo se resume en tres, la tripartita; leyes electorales a conveniencia de los tres; espacios de publicidad pública para los tres; espacios para los carteles para los tres; las comelonas, las merendolas y los viajes de los viejitos para los tres, aunque uno destaca, sobremanera, sobre los otros dos. El resto no cuenta, sus propuestas no deben llegar al ciudadano expectante porque los que detentan el poder no quieren que sus posiciones se encuentren menguadas por la representatividad de los demás que también exigen con el valor del voto estar presentes donde se debate, o mejor, donde deben debatirse los problemas que afectan a las Islas.

Es lamentable el espectáculo al que se asiste elección tras elección. No hay manera de que despertemos y dejemos el bostezo en la almohada de los recuerdos. Nos pueden más las imágenes compradas. Nos puede más las entrevistas apañadas. Nos puede más el lujo de las campañas magnificantes, amalgama de empresa y política.

La democracia, no cabe duda, debe profundizarse y hacer posible, que llegue, que no esté en la ausencia. Pero la tragedia asoma cuando los que tienen que velar para que esto sea así son sus detractores y los que favorecen la compra del voto por un plato de lentejas o un vaso de vino.

Quizás los tiempos cambien y las mentalidades se vayan afilando y se sepa mejor a qué atenernos. Entretanto, habrá que continuar disfrutando de una democracia que no sabemos dónde está.