Canarias tras la independencia de Cuba

Miguel Leal Cruz

La derrota sufrida en Cuba trajo la intranquilidad a estas Islas Canarias, donde se temía un desembarco de los yanquis en cualquier momento. Según el Heraldo de Madrid, perdidas nuestras colonias, el gobierno para el que se necesitaba más tacto y más aptitudes era para el del Archipiélago canario, donde las rivalidades políticas entre Tenerife y Gran Canaria alcanzaban proporciones alarmantes. Perturbado por completo el equilibrio moral del Archipiélago a consecuencia de las luchas locales originadas por el caciquismo, el gobernador debería hallarse revestido de una energía y una autoridad suficiente para mantenerse al margen de las violentas imposiciones de aquellos que, con el apoyo de las altas instancias del poder, cometen con la más cínica impunidad todo género de abusos.

Los enconos políticos entre Tenerife y Gran Canaria habían tomado alarmantes proporciones, siendo necesario que la prensa nacional se ocupara de los asuntos isleños, antes que lo hiciera la inglesa, por aquello de que la ropa sucia debe lavarse en casa. Canarias vivía una psicosis de posible invasión yanqui. Así el 2 de Abril de 1898, la prensa provincial daba la noticia de la próxima llegada a Santa Cruz de fuerzas del Ejército procedentes de la Península, para reforzar la defensa de las islas. Animaba el editorialista a la población para que dispensara un recibimiento entusiasta a los soldados y añadía: "Los que al finalizar el siglo XVIII supieron repeler la invasión extranjera y conservar incólume este pobre rincón de Santa Cruz de Tenerife, también sabrán, al finalizar el siglo XIX, defenderlo en caso preciso, con igual tensión y energía, pero no por eso es menos justo regocijarnos de que vengan a auxiliarnos nuestros hermanos del continente, por lo que todos debemos prepararnos para recibirles con los brazos abiertos y, confundidos en estrecho abrazo".

Igualmente se creó en Canarias el Cuerpo de la Guardia Civil, institución de carácter militar y de la máxima confianza de los gobiernos españoles, que temían que Canarias optara también por la independencia del conjunto de España, y de hecho hubo intentonas al respecto fácilmente sofocadas con la detención de su máximo representante Secundino Delgado Rodríguez, cuyo enorme sacrificio y decisión le llevó a ser considerado "a posteriori" como "El padre de la Patria Canaria".