LABATALLA DEACENTEJO
La batalla de Acentejo o Asentehunt, fue uno de los hechos más gloriosos llevado a cabo en la defensa de la libertad de la Patria Canaria, en ella el pueblo Guanche dio pruebas una vez más de su amor a la Patria y a la Libertad, frente a los invasores extranjeros, quienes a pesar de la enorme superioridad del armamento y el empleo de caballería, sufrieron una de las derrotas más estrepitosas de la historia del colonialismo español, en su afán para someter a otros pueblos para masacrarlos, expoliarlos y esclavizarles, en nombre de una supuesta fe cristiana, portando una cruz en una mano y en la otra una espada.
Las fuerzas Guanches, lideradas por el gran Mencey Kebehi Benchomo, asistido de su hermano Tinguaro, Achimenchia, y de otros Capitanes de los Menceyatos confederados, hicieron frente a las tropas invasoras europeas, en el archimenceyato de Acentejo, en un frente de aproximadamente 6 kilómetros, por lo cual debemos desterrar la idea tan difundida de que la batalla tuvo luigar sólamente en el barranco de San Antonio, nombre éste impuesto como es natural, después de la conquista, ya que el nombre Guanche del mismo es el de barranco de Farfan, que algunos autores traducen como Patria.
El amusnau tinerfefio, D. Juan Bethencourt Afonso, realizó a finales del siglo pasado un estudio sobre el lugar en el que se desarrolló la batalla, del que entresacamos unos párrafos para mejor ilustrar al lector.
«Al saber el Mencey Bencomo la marcha del ejército invasor, debió preparar su plan de ataque del siguiente modo: hizo emboscar a los menceyes de Tegueste, Tacaronte y Anaga de manera que dominaran los caminos de Acentejo y Tacoronte, que de La Laguna partían a la Orotava, con la orden de dejar el paso franco a los españoles; destacó al príncipe Tiguaro con un cuerpo de ejército, en el que llevaba 300 hombres escogidos, para que emboscaran por encima y a lo largo del camino de Santo Domingo en la región de Bubaque, a partir del borde Norte del Barranco de Acentejo, en el punto de confluencia de San Cristóbal y del de los Guanches o Acentejo de Abajo, también con orden de no dejarse ver del enemigo: y el mismo Bencomo se situó con otro cuerpo de ejército en el Valle de Taoro».
Esta distribución de las tropas por Bencomo revela desde luego una buena táctica, porque no sólo escalonó sus fuerzas de manera que estos tres cuerpos de ejércitos pudieran darse la mano y apoyarse en caso necesario, sino que eligió con gran penetración el lugar más a propósito para preparar una sorpresa, neutralizando así en lo posible las ventajas de las armas invasoras.
Si se observa con detenimiento toda la línea que había de recorrer el ejército español, ningún punto ofrecía tan buenas condiciones para una emboscada como Bubaque. Tomando el nacimiento de los caminos de los Guanches y de Acentejo, cortaba la retirada a los españoles sobre los reinos de Tacoronte, Tegueste y Anaga; y situando las fuerzas de ataque a los largo y por encima del camino de Santo Domingo, a partir del mismo barranco de Acentejo, también cortaba la retirada al ejército expedicionario sobre el reino de Güimar, que más o menos trabajosamente se puede ganar salvando la cordillera. De manera que los españoles, si no vencían, o habían de ser precipitados al mar por una ribera que muere en acantilados de horribles precipicios o se les obligaba replegarse sobre Taoro, donde Bencomo tenía aparejado un ejército de refresco.
Esta disposición de las tropas por el Mencey de Orotava nunca ha sido puesta en duda. Si la emboscada hubiera tenido lugar en el camino de San Juan -admitiendo en hipótesis que por allí cruzaba el barranco de Acentejo el camino del mismo nombre- los españoles habrían fácilmente ganado el camino de los Guanches y por lo tanto cualquiera de los tres menceyatos antes indicados.
Por otra parte, hay que atender a las condiciones topográficas de Bubaque. Lo agrio del terreno; lo tortuoso del camino, en el cual cada pequeño grupo de soldados en la extensión de más de una milla dejaban de ver a los que iban delante y detrás: los numerosos matorrales y barranquillos como los de Chibana, Marta, Pascuala y otros: lo desigual y accidentado de aquellos contornos, unido al monte bajo de tabaiba, jara y zarzales, se prestaba mejor que otro campo al género de guerrear de los Guanches, libres y desembarazados en sus movimientos rápidos para una lucha cuerpo a cuerpo.
En nuestro concepto, éste fue el sitio elegido por Bencomo para sorprender al ejército español; sorpresa que hasta en la manera de ponerla en ejecución revela la mayor astucia.
Sólo nos resta añadir que después de tres o cuatro horas de combate los españoles dejaron en el campo de batalla más de mil seiscientos hombres muertos, siendo ésta la mayor derrota infringida al ejercito español.
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