LOS BENCOMO-BENCHOMO- O WEN-N-KUMU Y LA UNIVERSIDAD DE SAN FERNANDO O DE LA LAGUNA

Eduardo Pedro García Rodríguez*

He tenido la oportunidad de leer en el periódico Digital www.elguanche.net, un interesante artículo-presentación titulado "José Escobedo primer rector de la Universidad de La Laguna" en él, su autor, Adrián Alemán, nos ofrece un emotivo viaje en el tiempo pasado con su hábil pluma y docta prosa, sumergiéndonos en la vida cotidiana de la Ciudad de La Laguna del primer tercio del siglo XX, al tiempo que también nos ofrece unas pinceladas de la vida política de la metrópolis, y una semblanza de don José Escobedo González-Alberú (1892-1945): Uno de los Rectores más significados de la Universidad de La Laguna.

Personalmente quedo doblemente agradecido al autor del mencionado artículo por dos razones: La primera, por ofrecerme la oportunidad de revivir bucólicos recuerdos de la ciudad de Aguere, que permanecían dormidos en mi subconsciente, los cuales afloraron a mi consiente con la narración magistralmente desarrollada en dicho artículo-presentación por su autor, y la segunda, porque me da la oportunidad de desempolvar unos viejos apuntes que dormían en una carpeta y someterlos a la consideración del Director de éste periódico digital por si estima oportuno darle publicidad.

Con ello aportaríamos algunos datos en torno a la Universidad de San Fernando o de La Laguna, posiblemente desconocidos para mayoría de las actuales generaciones de estudiantes y quizás de algunos de sus profesores, al tiempo que damos algunos datos del primer Rector de la Universidad y de algunos de sus parientes.

[...] Como bien comentan las hermanas Casalón en su "Diario", por esas fechas de 1826 don Pedro José Bencomo y Rodríguez, primer deán de Tenerife y primer Rector de la Universidad de San Fernando, hoy más conocida como de La Laguna, era ya un anciano venerable.

Don Pedro José, al igual que sus hermanos don Cristóbal y don Santiago, fueron preclaros sacerdotes que contribuyeron en gran medida a la consecución del establecimiento de la Universidad de San Fernando, impulsaron las obras de la catedral de La Laguna y contribuyeron a la creación de Obispado Nivaríense.

(Don Pedro José Bencomo y Rodríguez, primer Rector de la Universidad de La Laguna)

Don Santiago Bencomo y Rodríguez fue deán y canónigo de la iglesia catedral de Canarias, caballero pensionado de la Real y distinguida Orden de Carlos III, Obispo electo de Astorga y doctor en sagrada teología. Es digno de destacar que siendo canónigo de Canarias en 1810, cuando se desató en las islas la epidemia de fiebre amarilla, los responsables políticos, militares y eclesiásticos, en la ciudad las Palmas de Gran Canaria huyeron en desbandada hacía el interior de la isla, excepción hecha de don Santiago Bencomo, quien se mantuvo en su puesto prestando inestimable ayuda a los afectados.

Don Pedro José, canónigo de la Catedral de Canarias y primer deán de Tenerife, como hemos dicho, fue comisionado regio conjuntamente con don Alonso de Nava y Grimón, para el establecimiento de la Universidad de San Fernando de la cual fue su primer rector, interinamente en un principio por una cuestión de posible incompatibilidad al ser uno de los dos miembros de la comisión regia encargada de ponerla en marcha, siendo titular posteriormente. Asimismo fue el primer doctor en cánones, doctorado concedido por el claustro en su primera reunión de apertura llevada a cabo el domingo 12 de enero de 1817, fecha histórica para todo el Archipiélago Canario.

Don Cristóbal Bencomo y Rodríguez fue el alma mater, el verdadero impulsor de la creación de la primera Universidad de Canarias. Su situación privilegiada en la corte española le permitió abogar por algunos asuntos del máximo interés para el desarrollo de algunos aspectos culturales y sociales de la burguesía Canaria, pero lamentablemente, no supo o no quiso aprovechar su situación predominante en la corte española de la que llegó a ser el hombre más influyente, para arrancar a ésta algunas medidas de gobierno en beneficio del pueblo llano.

Veamos algunos rasgos biográficos de este ilustre descendiente del gran Kebehi Benchomo, el último gran caudillo del pueblo guanche.

Nace don Cristóbal en la calle del Agua (hoy de Nava y Grimón) de la ciudad de La Laguna, isla de Tenerife el 30 de agosto de 1758. Descendiente por línea directa del Gran Kebehi Benchomo de la Casa Real de Taoro, pero de reducida fortuna aunque portadores tanto él como sus hermanos de una gran inteligencia, estarían predestinados a recuperar parte del protagonismo que por derecho propio les correspondía en la sociedad Canaria, derecho del cual habían sido desposeídos sus antecesores por la fuerza de las armas de los conquistadores europeos. De los primeros años de la vida de Cristóbal y de sus hermanos tenemos pocas noticias. Posiblemente Cristóbal inicio sus estudios bajo la tutela de los frayles de convento de San Miguel de las Victorias de la ciudad de Aguere, decidiéndose por estudiar una de las carreras que más demanda laboral tenía en aquellos tiempos, la eclesiástica, campo éste, que, con el militar eran a los que podían acceder con cierta facilidad los jóvenes canarios que no formaban parte de la burguesía española dominante. Siendo un excelente estudiante se aplicó con gran aprovechamiento y en seis años concluyó los estudios de Filosofía y Teología, no teniendo la edad reglamentaria para obtener el presbiteriado, haciendo uso de la astucia solicitó y obtuvo, con el objeto de mejorar su currículum vitae, tomar parte en las oposiciones para los beneficios vacantes en el obispado, haciendo luego lo propio en las Cátedras de Filosofía del Seminario de Canarias.

Se destacó de tal manera en las referidas oposiciones que, el Obispo Fr. Joaquín de Herrera le confirió, en el mismo año de 1790, la tonsura y el título de predicador, así como el nombramiento de maestro de pajes y sagradas ceremonias.

Atendiendo al dicho de que nadie es profeta en su tierra, don Cristóbal se desplazó a la metrópoli con la esperanza de conseguir mejores horizontes donde desarrollar sus talentos y donde su condición de indígena sería vista con mayor beneplácito que en la cerrada élíte Canaria, y donde además podría ampliar sus estudios. Domiciliado en Madrid, se dedicó al estudio de la literatura y la lengua griega, cuyas materias dominó en sólo seis meses, lo que unido a sus amplios conocimientos de la lengua y literatura latina, le valió en gran manera para el ulterior desarrollo de sus actividades docentes.

(Don Cristóbal Benkomo Rodríguez)

Las dotes académicas del Presbítero Bencomo debieron ser lo bastante sobresalientes como para captar la atención del monarca español Carlos IV, quien le nombró en 1793 maestro de Filosofía y Política de sus caballeros pajes, y posteriormente profesor de latinidad del Príncipe Asturias, con la dignidad de Chantre de Plasencia, después en 1780 confesor del príncipe, cargo que era de los más espinosos y delicados, lo cual justifica la prudencia y el talento que revestían la figura del entonces canónigo Bencomo, quien a partir de aquel momento siempre tuvo sobre el voluble e indeciso futuro Fernando VII, de quien supo sacar buen partido en beneficio de sus hermanos y de la oligarquía tinerfeña.

El desastre de Trafalgar movió a Napoleón a variar los planes que tenía concebidos sobre España, aunque mantenía vigente el tratado de Fontainebleu (1807). Ante el incumplimiento de Portugal del bloqueo continental impuesto por Napoleón contra la marina Británica, Éste decide invadir Portugal y dividirlo en tres partes: una para la reina viuda de Etruria; otra para el ministro español Godoy y la tercera parte restante se fijaría el destino una vez finalizada la guerra. Con tal objeto entró en España un cuerpo de ejército francés al mando de Junot, que pasaron por Madrid e invadieron Portugal en condiciones bastantes precarias. Ante las dificultades que tenían las tropas francesas para mantener la ocupación de Portugal y para evitar la total destrucción de las mismas, Napoleón envía varios cuerpos de refuerzos al mando de Murat, quien obtuvo del gobierno español se le facilitase la vía del Duero en su camino hacía el país Luso. En tal estado de cosas, afloran una vez más las corrupciones internas en la corte española, decantándose en dos facciones, una la de los godoyistas y la otra de los fernandistas, dirigida esta por el príncipe de Asturias, Fernando, y su preceptor el canónigo Ezcoiquiz y del cual indudablemente formaba parte Bencomo; en su odio hacía Godoy llegó este partido a solicitar el apoyo de Napoleón, descubierta la conjura por Carlos IV prendió a su hijo y le sometió a proceso. En este estado de cosas, Junot ordenó el avance del ejército francés de refuerzo maniobra que ya había sido prevista con anterioridad por Napoleón. La maniobra intimidó de tal manera a la familia real española que abandonó la corte para embarcarse rumbo a América, viaje que se hubiera llevado a cabo de no haber estallado un motín hábilmente preparado por el partido fernandista, que obligó a Carlos IV a abdicar en su hijo Fernando para salvar la vida de Godoy.

La anárquica situación de España aceleró los planes de Napoleón, y para evitar una posible ocupación del estratégico territorio por parte de Inglaterra, decidió formar un gobierno estable que le permitiese contar con el país como base de operaciones francesas. Estos planes fueron el motivo de la reunión de Bayona, en la cual Napoleón trató de conciliar a Carlos IV con su hijo.

Ante la intransigencia de Carlos IV, Napoleón arrima la braza a su sardina, y cortando por lo sano, nombra a su hermano José Bonaparte rey de España, que ya lo era de Nápoles.

Deseando iniciar su reinado con algunos cambios en la retrograda decadente, y absolutista monarquía española, crea la junta de Bayona compuesta por noventa y dos miembros procedentes de todas las clases sociales quienes votaron una constitución que no pasó de papel mojado a pesar de su magnifica orientación.

Ante la nueva situación impuesta por Napoleón, los absolutistas fernandinos optaron por retirarse a sus cuarteles de invierno entre ellos nuestro ilustre don Cristóbal Bencomo, quien retorna a su patria, sentando sus reales en su ciudad natal, y queda a la espera de que mejoren las circunstancias políticas en el reino de España. Durante su estancia en la isla mantiene continuos contactos con los grupos absolutistas locales pero no toma conciencia de los problemas populares posiblemente porque éstos no formaban parte de sus planteamientos políticos.

Al implantarse de nuevo en España el régimen absolutista con el regreso y subida al trono de aquel país de Fernando VII, éste se hace rodear de muchos de sus antiguos correligionarios del partido fernandista, y reclama la presencia en la corte de don Cristóbal Bencomo, y desplaza a la isla un buque de guerra con el sólo propósito de trasladar a España a don Cristobal. En esta segunda etapa al lado de Fernando VII, el arzobispo gestionó una serie de nuevas prebendas obtenidas a la sombra de su protector que beneficiaron su situación personal. En 1815 se le confiere honores de miembro del consejo y cámara de Castilla y la gran Cruz de la real y distinguida Orden de Carlos III cuya insignia le fue puesta por el propio monarca en 1817, en este mismo año fue presentado por el monarca español y preconizado Arzobispo de Heraclea in partibus por el Papa Pío VII, siendo apadrinado en la consagración por el infante Carlos, quien le regaló un valioso pontifical.

En medio del fausto y boato de aquella corte Borbonica, nuestro Arzobispo no olvidó por completo los intereses de la clase dominante de las islas y desplegó sus influencias para la consecución de algunos proyectos que venían gestándose desde hacía tiempo, entre ellos la implantación de una Universidad de letras cuyo proyecto tomó visos de realidad por R.C. de 15 de septiembre de 1830, y el Obispado nivaríense, aspiración que se venía gestando desde 1707, en ambos proyectos la actuación de Bencomo fue decisiva como tendremos oportunidad de ver en otro lugar.

En 1818 es nombrado por el monarca inquisidor general, institución que afortunadamente estaba bastante quebrantada desde la constitución de las Cortes de Cádiz, Bencomo hombre sagaz e inteligente comprendió que el Santo Oficio era una institución a extinguir, que no gozaba de las simpatías de la mayoría de los estamentos seglares y eclesiásticos, que a pesar del sistema absolutista trataban de adecuar sus actuaciones a los nuevos tiempos. Ante la delicada situación en que le colocaba la designación como inquisidor general, Bencomo opta por renunciar al cargo y presenta la renuncia al mismo ante el Rey, tras varias negativas por parte del monarca éste termina aceptándola, dando así comienzo la pérdida de influencia de nuestro Arzobispo con Fernando VII.

Los largos y fríos inviernos de Madrid acabaron afectado a la salud de nuestro biografiado, quien enfermo y achacoso y ante la pérdida de influencia en la corte pidió permiso al Rey para fijar su residencia en un lugar más cálido, pero no deseando alejarse demasiado de la corte, instaló su residencia en la señorial Sevilla, en cuya metropolitana disfrutaba la dignidad de Arcediano de Carmona, asistiendo como tal a coro. Instalado en la capital andaluza desde 1822, su vida fue allí retirada de las intrigas palaciegas, dedicándose a las prácticas religiosas y al ejercicio de la caridad. Prestó su apoyo a la población en situaciones de calamidad pública, como fue en el caso de la célebre epidemia de cólera que azotó a la ciudad en 1823, donando sumas de consideración en beneficio de los desvalidos, en ocasiones directamente y en otras a través del párroco de San Esteban. Como prueba del reconocimiento de los sevillanos a la figura de Bencomo su retrato está expuesto junto a los de otros ilustres personajes en la biblioteca colombina de la Catedral Sevillana, cita en el patio de los Naranjos.

Durante los últimos años de su vida, fue protector de un destacado miembro de la iglesia católica española, consultor del concilio del Vaticano, fundador de la institución religiosa de las hermanas de la Cruz, el insigne gomero, doctor Torres y Padilla.

De la obra literaria del Arzobispo Bencomo se ha publicado muy poco permaneciendo inédita la mayor de ella. Donó su biblioteca personal a la catedral de Tenerife además de muchas joyas, pontificales y cuadros de gran valor, más tres mil duros con destino a las obras del frontis catedralicio, en su testamento dispuso que su cuerpo reposara en la nueva catedral.

Don Cristóbal Bencomo fallece el 15 de abril de 1832. Fue sepultado provisionalmente en la Catedral de Sevilla, en la capilla de nuestra Señora de Concepción la Grande, contigua a la capilla real, desde allí sus restos mortales fueron trasladados en 1837 a la ciudad de La Laguna, siendo inhumados en el presbiterio de la catedral, al lado de la Epístola, en un modesto sepulcro y sin la magnificencia que acompaña a otros cuyos inquilinos tuvieron en vida menos protagonismo.

ASCENDENCIA DE CRISTÓBAL BENCOMO

I. Constanza Antonia Alonso, casa con el colonizador portugués Gil Marrero, otorga testamento ante Juan Marques el 20 de septiembre de 1518. De este matrimonio nacen entre otros:

II. Juan Marrero, quien casó con Juana Díaz Hernández, hija legítima de Juan Gaspar Hernández hijo primogénito de Gaspar Hernández (Adxoña), Mencey que fue de Abona, y de Mencía Bencomo (Dácil), hija de Kebehi Benchomo, y nieta paterna de Andrés de Llerena también conocido como Andrés de Güimar, príncipe de Güímar y de María Díaz Bencomo y Lugo, hija ésta de don Diego de Adexe (Pelinor), y de su esposa Dña, Catalina de Lugo, de Juan Marrero y Juana Díaz fue hija legítima:

III. María Díaz, quien casó con Alonso Gomes, quienes fueron padres a su vez, de:

IV. Cristóbal Marrero Bencomo, casado en la ciudad de La Laguna, en la Parroquia de la Concepción, el 25 de agosto de 1608, con Leonor Marrero o González, con quien tuvo a:

V. María de las Nieves Marrero Bemcomo, quien casó con Salvador Salgado, hijo de Hernán Martín y de María Francisca, habiendo celebrado su enlace en la Parroquia de los Remedios en 1636. (folio 80, lib, 2º.), siendo aquellos padres de:

VI. Cristóbal Marrero, casado en los Remedios en 1669 (folio 62 vº, lib.) 5.º), con María Negrín, hija de Juan Negrín y de Juliana Marrero, siendo hijo legítimo de aquellos:

VII. Cristóbal Marrero Bencomo, quien casó también en los Remedios (1711, lib.)<<) 7º, folio 168 vº), con María de la Encarnación Alfonso, hija de Asensio Alfonso y de María Sebastiana, aquellos fueron causantes de:

VIII. Francisco Basilio Bencomo, casado en los Remedios con Bárbara Rodríguez de Fleitas, hija de Cristóbal Rodríguez, oriundo de Tacoronte, y de Teresa María de Fleitas, padres que fueron éstos de: Don Cristóbal Bencomo y Rodríguez, Arzobispo de Heraclea, don Santiago, Obispo electo de Astorga, don Pedro, primer deán de Tenerife y primer Rector de la Universidad de San Fernando.

Por lo expuesto queda claro la ascendencia Real de los hermanos Bencomo y Rodríguez, por vía materna descienden directamente del Gran Kebehi Benchomo, y por la paterna del Menkey de Abona Adxoña, y por ambas líneas son descendientes directos del legendario Gran Tinerfe.

La familia Bencomo, como otras muchas familias Canarias, aportó su tributo de sangre a la colonización de América, veamos algunos ejemplos: Diego Bencomo, en 1707 embarca para La Habana como cirujano del navío San José, alias Los dos Leones.

Domingo Martín Bencomo, hizo un viaje a la Habana, del que regresó en la fragata Nuestra Señora de la Rosa, que llegó a Santa Cruz el 13 de septiembre de 1773. Posteriormente, regresó a América, pues en 1788 figuraba como vecino de Coro.

Eusebio Bencomo, su esposa Francisca Vizcaína y los hijos de ambos, Nicolás, Francisca Juana, Rosa y María Bencomo. Fueron una de las muchas familias tinerfeñas que pasaron a repoblar Santo Domingo, con los emigrantes que llegaron en enero de 1737 a la población del Puerto de Plata. La familia fue diezmada rápidamente. Francisca falleció el 22 de junio, el mismo día que su hija Rosa, y Juana había muerto el día 22 de abril.

Los supervivientes se instalaron en sus nuevas tierras. Bencomo, en quien animaba el espíritu de justicia de sus antepasados fue uno de los menos contentos con el asentamiento, se le acusa de fomentar protestas e incluso se alude a la posibilidad de detenerlo por sedicioso.

Las cosas en la nueva colonia debieron arreglarse ya que en 1738 era uno de los diez colonos que habían trabajado sus tierras de labranza.

Francisco Basilio Bencomo (padre de nuestro biografiado), que falleció en Santo Domingo, siendo sepultado el 25 de mayo de 1778. Francisco Basilio se dedicó al tráfico de Indias, en 1732 viajó a La Habana como pasajero de "combés" del navío Nuestra Señora del Rosario alias La Estrella del Mar, pagando 14 pesos al contado como importe de su pasaje. Hizo numerosos viaje a La Habana, el primero conocido fue en 1760, con escritura riesgo de 232 reales. Por los años de 1764-1765 viajaba como maestre de la fragata Jesús Nazareno. Su comercio no debió estar muy acorde con las normas de la Casa de Contratación pues en 1766-1767 ésta, le abre un proceso sobre cuentas y flete de algunos de éstos viajes.

José Bencomo, embarcó en calidad de mozo en el barco Nuestra Señora de los Remedios alias La Perla, que arrumbaba a la Guaira en 1765.

Nicolás Bencomo, natural de Tenerife, estaba avecindado en La Habana en 1709, fecha en que hace escritura de deuda por 667 reales a José de Torres, vecino y soldado del castillo de Santa Cruz de Tenerife.

Rafael Bencomo, fue conquistador de Indias, participó en la campaña de Pedro de Valdivia en Chile, muriendo en un enfrentamiento con los indios araucanos.

Ciudad colonial de Eguerew, junio de 2006.

* benchomo@terra.es

Fuentes consultadas:
Juan Bethencourt Alfonso
Historia del Pueblo Guanche
Alejandro Ciuranescu
Diccionario Canarios-Américanos
Rafael Padrón de Espinosa
El Arzobispo Bencomo, Insigne Patricio tinerfeño

Nota de la Redacción de El Guanche: Artículo/presentación al que se hace referencia:

new0.gif (2109 bytes)Don José Escobedo, primer rector de la Universidad de La Laguna [R]