VIOLENCIA DE GENERO Y OTRAS
Eduardo Pedro García Rodríguez*
La prensa, Radio y, sobre todo, las cadenas de Televisión, últimamente nos vienen bombardeando de manera sistemática -yo diría que incluso masoquista- con dos temas que se han convertido en puntuales, unos es la denominada violencia de género y el otro la inseguridad ciudadana. El primero, produce situaciones humanas denigrantes para una sociedad que se auto complace en definirse como avanzada en el entorno de la llamada civilización occidental, pero donde los valores morales básicos de cualquier sociedad medianamente desarrollada han sido trocados por productos de consumo masivo.
En Canarias, somos víctimas de este estado de cosas que, como tantas otras, nos han sido impuestas por un colonialismo opresor y deshumanizado que sólo aspira a extraer el máximo de beneficio de nuestra tierra en el menor tiempo posible, por consiguiente, temas como la educación cívica, el fomento de valores morales, el sentimiento de pertenencia, la Justicia etc., han sido dejados, en parte, en manos de los políticos peones serviles y corruptos de la colonia, quienes centran todos sus esfuerzos -a parte de colmar sus bolsillos- en mantener a nuestra sociedad en un manso estado borreguil y complaciente con el foráneo (Gente 10) consiguiendo así producir generaciones de canarios desenraizados y con un profundo sentimiento de ser nada ante el europeo, y sediento de consumir cualquier bazofia que procede de Europa.
Así tenemos que, incluso, los medios de comunicación gubernamentales participan de esta apología de la violencia de genero, sobredimensionando hechos que son profundamente dolorosos para una sociedad tan sensible como la canaria, amplificando estas tragedias humanas y convirtiéndolas en simple pasto de consumo que arrojar a una muchedumbre de morbosos descerebrados, quienes la consumen con avidez, pues, al fin y al cabo, es un producto Europeo, y para ello nos han venido educando durante centurias.
El segundo tema, la inseguridad ciudadana, es otro de los montajes de los gobiernos de turno, todos sabemos que esta supuesta inseguridad ciudadana está fomentada desde los poderes público, mediante el cine, la televisión y toda una serie de publicaciones gráficas que mueven un negocio de miles de millones de dragos (=Euros) al año, y que están en manos precisamente de quienes, en un continuo acto de fariceísmo, simulan rasgarse las vestiduras públicamente clamando por más fuerzas de seguridad, cuando realmente lo que están pidiendo es más fuerzas represivas y de ocupación, amparándose en una supuesta inseguridad creada además por ellos mismos. Está claro que si no hay brotes de delincuencia, la represión policial no tendría justificación, y, por tanto, el poder perdería uno de sus medios de sometimiento de las clases dominantes sobre las dominadas, con el consiguiente peligro de pérdida de su status de privilegiados, y además no podrían justificar su ineficacia, y continuos fracasos en el aparentemente intento de erradicar las abismales diferencias sociales, causa última del continuo estado de malestar que envuelve a nuestra sociedad.
Por otra parte, nuestras Islas han sido convertidas en el vertedero de desechos humanos de Europa, otra de las causas de la tan cacareada inseguridad, y esto que digo no son palabras vacías, cualquiera que lo desee puede comprobar in situ como los núcleos turísticos de nuestras Islas están dominados y sometidos al imperio, no sólo de las mafias organizadas, sino que también lo están por una chusma de delincuentes europeos de baja estofa que campan a sus anchas como en feudo propio, sin que, al parecer, la policía española pueda o quiera meterlos en cintura. Esta situación ha tomado tales proporciones, que los canarios no sólo somos tratados como extranjeros en nuestra propia tierra, sino que, además, somos abiertamente expulsados de estos lugares, donde, por otra parte, son pocos los canarios que se atreven a frecuentarlos, especialmente de noche. La magnitud de esta invasión de delincuentes europeos es tal que, incluso los trileros y carteristas, actividad que hasta no hace mucho tiempo era ejercida preferentemente por españoles, hoy éstos han sido desplazados por rumanos e ingleses, como el pájaro canario ha sido desplazado de los parques y zonas verdes por el gorrión, quienes además ejercen su oficio a plena luz del día en los paseos públicos y a poca distancia de las parejas de policías, sin que aparentemente muestren ningún temor. Debe ser porque son europeos.
Creemos digno de recordar que, hace algunos años, el Ayuntamiento de Londres creó un plan de "turismo social" dirigido a los barrios marginales de aquella ciudad, plan que tuvo un gran éxito, pues al Ayuntamiento le salía más barato el enviar a los más conflictivos de sus ciudadanos, a Canarias, con vacaciones pagadas a toda pensión, durante quince días, más billete de ida y vuelta en avión, que destinar dotaciones policiales para la vigilancia y control de estos ciudadanos suyos. Por otra parte, esta chusma se sentían a sus anchas en Canarias, atiborrándose de cerveza, destrozando y quemando apartamentos y destruyendo mobiliario urbano, además de acuchillarse entre ellos.
Los canarios hemos venido asumiendo, desde hace siglos, un sentimiento de culpa inculcado por el sistema colonial. Así, cualquier tragedia producida en nuestro país "es culpa de los canarios", sí se desata una epidemia contagiada desde el exterior, por la ineficacia de las autoridades españolas, "es por culpa de los canarios"; si nuestros campos están azotados por plagas antes desconocidas, introducidas en nuestro país por algunos importadores sin conciencia, y con el beneplácito de las autoridades encargadas de los controles fitosanitarios, "es culpa de los canarios"; si las empresas españolas que controlan el suministro a domicilio del agua potable, nos enferman suministrándonos agua no potable sobre cargada de cloro y otros elementos químicos, cobrándonosla además a precio de oro, con el visto bueno de las autoridades sanitarias, quienes esquivan el bache diciendo que, es un virus que anda suelto "es culpa de los canarios"; sí la sanidad pública la pagamos como en el ámbito europeo y nos prestan servicios tercer mundista, con listas de espera de más de tres años, "es culpa de los canarios" etc., etc.. Lo dicho viene a cuento porque nos sonroja el leer algunas reseñas periodísticas donde tanto los políticos españoles, como los españolistas, no dudan en catalogar a nuestro país como uno de los más conflictivos en el campo de la delincuencia, y tanto unos como otros abogan por más fuerzas de ocupación, en lugar de racionalizar y hacer más efectivas las que ya tienen, y, sobre todo, tratar de corregir las causas que producen la delincuencia y de la que son directamente responsables, en lugar de aprovecharse demagógicamente de ésta para crear un sentimiento de inseguridad en los ciudadanos, que luego es aprovechado por estos políticos corrupto para pedir, como hemos dicho, más fuerzas de ocupación.
Nos gustaría que cuando los medios de comunicación hacen público las estadísticas sobre la delincuencia producida en Canarias, fuesen más veraces en las informaciones vertidas, publicando el origen de los individuos que cometen los delitos, ¿Por qué no se hace público? ¿Por qué tenemos que cargar los canarios estadísticamente, con las fechorías que toda una turba de indeseables, sobre todo europeos, cometen en nuestra nación? ¿Hasta cuándo el sistema colonial español va a continuar cargando sobre los hombros de los canarios su ineficacia e ineptitud?
¿Hasta cuándo el sistema va a continuar humillando nuestra dignidad como pueblo? ¿Por qué este empeño en crearnos sentimientos de culpa? ¿Por qué no adoptan medidas eficaces para evitar la estancia en nuestro país de esa caterva de delincuentes europeos? ¿Por qué esa negativa sistemática de las autoridades serviles "canarias" a una Ley de residencia, que evite estos y otros desmanes?
Con lo dicho hasta aquí, no pretendemos ignorar que la sociedad canaria no genere, por sí misma, algunos focos de delincuencia, pero si podemos afirmar que, hasta no hace muchas décadas, los delincuentes canarios eran pocos y conocidos, cada ciudad o pueblo tenía uno o varios delincuentes, casi siempre de delitos menores y eran considerados como una especie de Patrimonio de cada lugar, en la misma medida que lo era el borrachito, o el tonto del pueblo, o el que sobresalía sobre los demás por su inteligencia natural, al fin y al cabo. El delincuente del lugar justificaba la presencia del policía y en algunos casos era empleado como excusa para la intervención de jueces represores. La verdadera delincuencia azota a nuestro país, a partir de la llegada masiva e incontrolada de españoles y demás europeos, al tiempo que los métodos represores del colonialismo se han ido mistificando e introduciendo en nuestra sociedad elementos extraños y desconocidos en la misma. Estos elementos desgraciadamente están conformados por una especie de subproducto, derivado de la una sociedad occidental consumista y cuyo modelo, no sólo está agotado, sino que está enfermo y en fase terminal.
Este modelo de sociedad que, de alguna manera, nos a cogió tardíamente y de rebote, catapultándonos y sin transición de una situación feudal sostenida hasta bien entrado el siglo XX, a otra impersonal y consumista que a muchos nos fue imposible digerir, y a los más jóvenes les trastocó la mente, ha propiciado el brote de algunos focos catalogados como de delincuencia, pero cuyas causas debemos buscarlas en el sistema social impuesto a nuestro país por el colonialismo.
Para terminar estas notas, me permito reproducir algunos párrafos del incansable independentista puertorriqueño Padre Luis Barrios, quien hace un detallado estudio sobre las causa que provocan la violencia: «A mí me parece que este asunto debe de tomarse con mayor seriedad y se le debe consultar a personas que tengan la capacidad de pensar mas allá de la mentalidad policíaca.
Debemos partir del postulado que no es posible explicar la violencia personal o interpersonal sin un claro entendimiento de su relación con la violencia institucional y estructural.
De aquí el que todo proceso de intervención debe de tomar en consideración la experiencia de la concienciación a través del cual las/os jóvenes reconocen la necesidad de no solo cambiar sus conductas de violencia pero también cambiar las estructuras de opresión y exclusión de nuestra sociedad.
En este postulado descubriremos que la violencia presenta múltiples formas y que entre ellas pueden darse diferencias muy importantes.
Por esto el que pongamos gran énfasis en las diferentes categorías de violencia como lo son; violencia directa, violencia indirecta, violencia represiva, violencia alienadora, etc. Muy en particular la violencia por omisión la cual cae dentro de la categoría de violencia indirecta la cual se distingue por no asistir a los/as seres humanos que están en peligro. Ejemplo de esto lo es la falta de protección del efecto de la violencia social como lo es el hambre, las enfermedades y la pobreza.
Por otro lado, también se hace necesario que entendamos que la violencia tiene un carácter histórico y, por consiguiente, es imposible entenderla fuera del contexto social en que se produce. De aquí el que sigamos de cerca lo dicho por Pablo Freire; "en verdad, lo que pretenden los/as opresores/as es transformar la mentalidad de los/as oprimidos/as y no la situación que los/as oprime. A fin de lograr una mejor adaptación a la situación que, a la vez, permita una mejor forma de dominación».
*Secretario Insular de Prensa y Documentación de A.P.I.F.D.I.C.
Ciudad colonial de Eguerew, febrero de 2004.