VELEROS EN CANARIAS NAUFRAGIOS Y HUNDIMIENTOS (0)

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Eduardo Pedro García Rodríguez

Nuestras islas Canarias siempre han recibido del mar lo bueno y lo malo, casi siempre más de lo segundo, quizás por ello, nosotros que dependemos de él, hemos vivido –vivimos-- de espaldas al mismo.

Lo dicho viene a cuento, entre otras cuestiones, porque siendo las nuestras unas islas donde han tenido lugar extraordinarios eventos históricos protagonizados desde o hacía el mar, que han dado excelentes marinos y no menos destacados corsarios y piratas, es quizás el único país marítimo que no cuenta con un museo específicamente dedicado a temas marítimos, y en cambio existen –por ejemplo- grandes monumentos en forma de faraónicos coliseums dedicados a la música clásica para uso y disfrute de un reducidísimo sector, y en los que se han invertido ingentes cantidades de recursos económicos que rayan en lo mítico, mientras proliferan las situaciones de injusticias sociales. Esta situación me hace pensar que a un sector importante de dirigentes de nuestra sociedad actual, no le mueve ningún interés en rescatar o mostrar sus raíces, y mucho menos enmendar situaciones de anacronismo social heredadas y sostenidas, por quienes afirman luchar por los intereses del pueblo.

Quizás esta paradoja se deba a que, a pesar de estar rodeados por este mar que nos aprisiona, al tiempo es nuestra vía para la esperanza. Desgraciadamente, éste mar no es nuestro, quizás ello motiva nuestra secular indiferencia hacía el mismo. Indiferencia que sólo es equiparable a la que puede sentir un propietario de un bien que le tienen embargado, y del cual es un simple depositario, estándole vedado el usufructo del mismo.

Por este mismo mar, nuestros antepasados han tenido que buscar una vía de escape a la endémica pobreza que siempre ha imperado en nuestro pueblo; por ello, queremos rendir un modesto homenaje a quienes arriesgaron su vida cruzando el inmenso Océano tras la quimera de un bienestar para sí y para los suyos que su patria le negaba. A ellos, a los emigrantes ilegales y a los legales, queremos dedicar estas modestas páginas. Al mismo tiempo, queremos hacer un recordatorio de los hombres y barcos que, por una causa u otra, han finalizado sus días y sus vidas marineras en nuestras costas o en «nuestras» aguas.

Por otra parte, no es ajeno al hecho migratorio el que no se nos haya permitido el diseñar un sistema de economía propio, por el contrario, todo intento de crear un tejido industrial o financiero netamente canario se ha visto inmediatamente seccionado por los poderes económicos españoles y europeos. Como ejemplo tenemos el desmantelamiento del sector tabaquero canario por el Monopolio español Tabacalera; todo intento de crear una banca canaria y compañías aseguradoras, así como compañías de transporte netamente canarias, han sido cortadas casi de raíz. El pequeño y mediano comercio –verdadero creador de puestos de trabajo estable– esta siendo desmantelado en favor de las grandes multinacionales, empresas extractoras de beneficios que revierten al exterior, siendo además grandes productoras de residuos, que los canarios tenemos que eliminar o reciclar a nuestra costa, claro está que esto será hasta que las basuras alcancen un determinado valor económico, en cuyo caso, serán otras multinacionales las que se encargarían del tema. Tengamos en cuenta que en la actualidad las recogidas de residuos y la administración del agua en los núcleos de población importantes son gestionadas por empresas españolas, negándonos incluso la posibilidad de administrar nuestra propia agua potable, algo que como el Sol, procede de la naturaleza.

En resumen: somos un país de un millón setecientos mil canarios o "residentes", como se nos denomina en estos tiempos, más los doce millones de turistas que nos visitan anualmente, que estamos al servicio de un reducido grupo de empresas españolas, entre las que cabe destacar a las siguientes: Telefónica; Unelco-Endesa; Trasmediterránea; Iberia, Cepsa y todo un entramado de empresas constructoras y de servicios; bancas; aseguradoras y financieras, y, sobre todo, la hacienda pública española.

Rogamos al posible lector que nos disculpe esta digresión, pero creemos que los factores apuntados, acompañados de otros muchos, (según las épocas) han sido determinantes en las causas de la masiva emigración del pueblo canario.

Necesariamente, nuestros relatos han de ser cortos y solamente exponemos unos pocos de los muchos que en este campo recoge la historiografía canaria y nuestras investigaciones personales, así nos lo exige nuestro editor, y nosotros somos obedientes, pues para ello nos han venido educando desde hace más de quinientos años.

Esta serie de artículos que hemos titulado Veleros en Canarias, Naufragios y Hundimientos, conforman un volumen en el que se recogen las peripecias de algunos de los míticos y endebles barcos de vela en que muchos de nuestros compatriotas se vieron obligados a abandonar la Patria en busca de un pedazo de pan y una bocanada de aire de libertad. Ante la cerrazón mostrada por quienes dirigen el mundillo editorial canario, quienes vetan continua y sistemáticamente las ediciones de las obras de todos los investigadores y autores que no procedan del estamento oficial, es decir, de la cultura "canaria" reglada y dirigida por los organismos coloniales, he decidido aprovechar la benevolencia del coordinador y director del periódico digital El Guanche, don Álvaro Morera Felipe, para que, en forma de artículos, dar a conocer este modesto trabajo. Entiendo que es mi obligación hacer participe a mis compatriotas de una visión de nuestra historia reciente, no manipulada ni mediatizada por los intereses coloniales, no pasando por el tamiz de la censura de los comisarios culturales del Estado español en Canarias, generalmente canarios de servicio, quienes se ocultan bajo el eufemismo de "Consejo de Asesores", obstáculo que deben superar las empresas editoras en Canarias si quieren acceder a las subvenciones que, como medidas de control, conceden los organismos públicos. A pesar de lo expuesto, aún existen ingenuos que creen que en nuestra sociedad se practica la libertad de expresión en igualdad de condiciones, y, lo que es peor, también los hay que creen que viven en democracia por el simple hecho de que les permitan gritar o protestar fuera de los recintos de los campos de futbol.