SUGERENCIAS PARA EL NOMBRE DE UNA PLAZA
Eduardo Pedro García Rodríguez *
Parece ser que en la ciudad de Añazu (Santa Cruz de Tenerife) no existen necesidades sociales que cubrir por parte de su ayuntamiento, (Por lo visto ya se han solucionado los problemas de los afectados por la riada de hace tres años entre otros) por ello, el consistorio presidido por el acomplejado faraónico Sr. Zerolo, ha decidido gastar un poco más de tres millones de Euros en remodelar la Plaza del Cabildo, mal denominada Plaza de España, es de suponer que éstos trapicheos municipales ocultan algún trasfondo de pelotazo, como por ejemplo: el que alguna empresa privada española explote los aparcamientos proyectados durante una "porrada" de años -aparcamientos que han de ser pagados con dinero de los forzados contribuyentes tinerfeños-, incluidos los que se encuentran en situación de extrema necesidad.
Pero ya sabemos que cuando la piqueta municipal movida por el combustible especulativo se pone en marcha es muy difícil pararla, por ello, y puestos remodelar, sugerimos al Ayuntamiento chicharrero que empiece por cambiar la denominación de la plaza por otra más acorde con los tiempos y con los munícipes gobernantes, por ejemplo, podría llamarse Plaza de la "Asociación Tinerfeña de Inmobiliarias" y así podríamos trasmitir a las futuras generaciones el recuerdo de una época en que los gobernante de la ciudad fueron pródigos en desatinos.
También podría llamarse "Plaza del Desdentado", en atención a unos hechos históricos que sucedieron en lugar que al presente ocupa la plaza, veamos: allá por el mes de mayo de 1492, arribaron a las playas de Añazu unas grandes pateras conduciendo una gran cantidad de emigrantes ilegales, estos indocumentados venían patroneados por un tal Alonso Fernández de Lugo. Una vez que pusieron pie en tierra, se dirigieron al interior de la isla con ánimo de realizar el trabajo propio de la profesión en que más cualificados estaban y que consistía en cortar cabezas.
Enterado de esta masiva arribada de emigrantes ilegales a nuestras costas, el gobernador de la isla que a la sazón era Kebehí Benchomo, decide aplicar las leyes de emigración vigentes en su menceyato, las cuales permitían el libre desplazamiento de personas, quesos y rebaños de un menceyato a otro, pero prohibían el establecimiento de gentes venidas de fuera de la confederación es decir, de los sin papeles. Kebehi Benchomo acompañado de un tabor de orden público se dirige al encuentro de los emigrantes al objeto de invitarlos a ser conducidos a un Centro de Acogida Temporal mientras se solucionaba el papeleo de su expulsión a sus lugares de origen.
Una vez producido el encuentro, el patrón de los sin papeles trata de convencer al representante del poder establecido para que les permitan establecerse en la tierra, arguyendo para ello que eran mano de obra cualificada, y que podían contribuir notablemente al desarrollo del país aportando especialistas en vender esclavos, expertos comerciantes en religión, y excelentes cortadores de cabezas humanas por si precisaba meter en cintura a algún menceyato díscolo.
Oída las propuestas del patrón de los ilegales, Kebehi Benchomo les hace patente su intención de hacer cumplir la normativa vigente en materia de emigración, y les indica que la economía del país no puede permitir el establecimiento de tal cantidad de mano de obra sin perjuicio del excedente de sus socios comunitarios, es decir de otros menceyatos, y que además los puestos de trabajo cualificados como los de: nobles; guerreros; Kankus; Maguadas y pastores estaban sastifactoriamente ocupados, por lo cual les invitaban a recluirse en el Centro de Acogida Temporal, ante el temor fundado de que fuesen portadores de enfermedades infecto-contagiosas.
Dicho lo anterior, el Kebehi se retira con su tabor de orden público hacia el lugar de su delegación de gobierno. El patrón de los ilegales en un arrebato de soberbia o bien porque pensaba que más cornadas daba el hambre, y alentado por una O.N.G. guimarera, decide desobedecer las indicaciones del delegado del gobierno y penetrar en el interior de la tierra que para ellos era de promisión. Informado el gobernador de la osadía de aquellos sin papeles, ordena al alcalde de la comarca de Acentejo que por aquellas fechas lo era Chimenchia-Tinguaro, que obligara a aquellos emigrantes ilegales a cumplir con la normativa sobre emigración de ciudadanos extracomunitarios y los recluyera en el Centro de Acogida correspondiente.
El alcalde, en un exceso de celo se le fue la mano al aplicar la ley y más de dos mil quinientos ilegales quedaron para criar malvas en la Matanza de Acentejo, incluso el patrón de aquellos emigrantes recibió tal tenikazo en la boca que le saltaron varios dientes, teniendo que huir de la zona a uña de caballo. Según recoge la prensa de la época, al llegar a los altos de Chikayaka y vislumbrar los fuegos del campamento de Añazu gritó, ˇEsperanza!. Crónicas de sociedad posteriores recogen que a partir de aquel momento el lugar es conocido por éste nombre debido a aquel hecho.
Llegado el patrón de los atrevidos emigrantes ilegales al lugar que hoy ocupa la Plaza del Cabildo, consiguió con cuarenta más que escaparon del Centro de Acogida y un buen puñado de engañados guimareros (los cuales después vendió como esclavos) reembarcar en las pateras y poner rumbo a la isla de enfrente, donde por cierto, este patrón tenía contrato de trabajo fijo.
Creemos que la importancia de los hechos desarrollados en el lugar que ocupa la plaza, bien merece que sea honrada con el nombre de: "El Desdentado", y conste que estas sugerencias la hacemos totalmente gratis.
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Miembro de la Asociación Kebehi Benchomo.Ciudad colonia de Eguerew, noviembre de 2005