POR SUS OBRAS LOS CONOCERÁN (I)
Eduardo Pedro García Rodríguez*
Ha llegado a mis manos vía Internet un artículo titulado "No hay manera" firmado por don José Melquíades López Mederos, en el cual y según se desprende de su contenido da repuesta a don Jaime Morera, quien rebate o critica los contenidos de otros artículos anteriores publicados en los números 236 y 237 del periódico "La Voz de La Palma" por el Sr. López Mederos.
Quiero hacer algunas observaciones y puntualizaciones al mencionado artículo "No hay manera", pues en él observo determinadas inexactitudes que en honor a la cientificidad que tanto alude el Sr. López Mederos en su artículo me creo en la obligación de aclararle -sin ánimo de polemizar-, simplemente deseo que todos podamos enriquecernos un poco más culturalmente, especialmente en los aspectos de nuestra ancestral cultura canaria, esa asignatura pendiente -que como El Quijote -, todos dicen conocer y muy pocos han leído.
Inicia su artículo el Sr. López Mederos con la siguiente sentencia: Qué verdad es aquella que dice que "no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír". Personalmente estoy de acuerdo con tal sentencia, y además añadiría "Por sus obras los conocerán" o aquel otro que dice más o menos: "Dejen crecer la cizaña con el trigo, no sea que al arrancarla arranquen también el trigo, cuado llegue el momento de la ciega, separen la cizaña del trigo y arrójenla en una hoguera".
Continua el Sr. López Mederos el desarrollo de su artículo en los siguientes términos: "Ninguna de las tesis vertidas en mis anteriores artículos ha sido rebatida con razones científicas, sólo se aventuran peregrinas ideas, muy etéreas y nada científicas, aunque enormemente politizadas. Politizar la historia lo hacía muy bien Geobbels y Franco. No digo más."
Y continua: "Veámoslas una por una, y por partes, la primera para "Lengüicidio e identicidio", publicado en el n" 239 de La Voz de La Palma. En primer lugar, los aborígenes (población originaria de un país) prehispánica (anterior a la llegada de los españoles, lo mismo que hablamos de la España pre-romana) tenían el estadio cultural que tenían, como expuse, una cultura pre-neolítica (anterior al Neolítico), primitiva y atrasada, no conocían la escritura ni la agricultura (sólo algo en Gran Canaria), ni la navegación. Era su cultura, muy respetable como la de todas las civilizaciones primitivas, y que yo como canario la asumo como parte de nuestro pasado. ¿Qué mal hay en aceptar una realidad histórica?"
Estos párrafos merecen un análisis detallado en honor a la verdad, pues no existe peor mentira que la verdad a medias. Veamos el término "prehispánica" el cual es totalmente incorrecto puesto que cuando los aborígenes de la Península Ibérica inician la invasión y conquista de las Islas Canarias, el ente político y territorial actualmente denominado España, no existía como tal en el concierto de los pueblos y las naciones de aquel tiempo, por tanto, en el caso de que se quiera sustituir el término "Historia" por el de "pre" o "pos", sería un termino más correcto el de precastellano, prearagones, para los casos de Tamarant (Gran Canaria), Benahuare (La Palama) y Chinet (Tenerife), al resto de las islas podríamos aplicar los términos prenormando y también los de premallorquín y preportugués, ya que, como veremos mas adelante, fueron aborígenes de estos pueblos los primeros en iniciar expediciones de saqueo en las islas.
En cuanto al planteamiento de que: "los aborígenes (población originaria de un país), es totalmente correcto, por consiguiente, veamos quienes conformaban las poblaciones originarias de la península ibérica, aborígenes que con el transcurso del tiempo conformarían un ente imperial creado mediante cruentas guerras de conquistas y anexiones y que a partir del siglo XVIII pasaría a ser conocido como España, pero ¿que es España?
Habrá que analizar la pregunta en sus dos vertientes; entelequia en su sentido literal de "algo que tiende por sí mismo a su propio fin" o en su sentido irónico de "algo irreal". Ha habido a través de la Historia de la actual España -y sigue habiéndolos- muchos movimientos centrífugos dedicados a convertir en realidad el sentido literal del concepto y, por otro lado, muchos pensadores españoles han usado el sentido irónico del mismo para negar la existencia de España como un sentimiento arraigado en la conciencia del pueblo y, por lo tanto, como algo arbitrariamente impuesto.
"La primera referencia de este topónimo se remonta 3000 años en la forma del vocablo fenicio "Spanija" o "Span" (literalmente "tierra de conejos"), los romanos lo latinizaron a Hispania (o Ispania), con el tiempo se convirtió en Spania (volviendo casi a la ortografía fenicia) para terminar -con el cambio de la pronunciación de la ese en el norte y la introducción de la ñ -finalmente en España. No hay duda que en su origen y durante siglos, y hasta milenios, la palabra Span-Hispania-Spania-España era un concepto puramente geográfico comparable a Iberia (del griego Iberia ó Hiberia) o, en la actualidad, la Península Ibérica.
Los primeros pueblos que aparecen en la historia de la Península fueron los iberos, nombre que recibe cada uno de los distintos pueblos -así como sus habitantes- que habitaron el sur y el este de la península Ibérica (España y Portugal) entre los siglos VI a.C. y II a.C. y que, pese a su diversidad, manifestaron características comunes, probablemente resultado de un proceso de aculturación como consecuencia de su prolongado contacto con los pueblos colonizadores mediterráneos (púnicos y griegos), que, en sucesivas oleadas, entraron desde África a partir del Paleolítico Superior hasta la Edad de Bronce, extendiéndose al principio por el Levante hasta el Noreste, terminando en el Sur de Francia, y, mucho más lento hacia el interior y el Norte de la Península. Considerando que esta migración ocupó un periodo de más de cinco mil años. No es sorprendente que desde tartesios/turdetanos, en el Sur (de la actual España) hasta airenosios en el sur de la actual Francia, se han contado no menos de 20 pueblos/tribus iberos diferentes. Una de las muchas ironías de la Historia es el hecho que una de estas tribus, conocido por "castellanos" se asentó durante muchos siglos en la actual comarca de Olot (¡de lo más catalán imaginable!). Aparte de estos pueblos hubo otros 8, asentados en Asturias, Cantabria, Vascongadas, Navarra y la Rioja, que han sido clasificadas como "no identificados" o sea de origen supuestamente "desconocido". No obstante me parece lógico considerar estos pueblos tentativamente como iberos, considerando que una vez llegado al Delta del Ebro, el valle del Ebro no era solamente la vía de penetración más obvia hacia el Noroeste sino además una ruta muy atractiva comparado con seguir una costa cada vez más accidentada.
Estos pueblos diferían entre sí en función de su ubicación en el litoral o en el interior, cerca de los asentamientos griegos de Cataluña o de los púnicos de Andalucía y Levante, de su mayor o menor grado de urbanización, de su forma de gobierno monárquica o aristocrática, de su dedicación prioritaria a la agricultura, ganadería, minería o comercio, entre otras muchas variables. Todo ello nos está hablando de la tremenda falacia de la Historia oficial que supuso hasta fechas recientes el considerar a todos estos pueblos miembros de un solo mundo o universo político. Hoy se considera que su nexo de unión -además de su diferencia con los pueblos del interior peninsular iberico, más atrasados en técnicas y modos de organización política y social-, es fruto de un aprendizaje realizado a partir de las culturas del Este Mediterráneo que allí dejaron sus huellas. Se puede hablar de un 'universo cultural', a pesar de los innumerables matices.
Asentamiento en la Península Ibérica de los pueblos iberos: Siguiendo la costa del Mediterráneo desde Andalucía hasta los Pirineos se hallaban entre otros los siguientes pueblos ibéricos: túrdulos y turdetanos en el valle del Guadalquivir, herederos de la tradición tartésica; bastetanos, oretanos, mastienos y deitanos, ocupando desde las proximidades de Cádiz hasta el sur de la actual Comunidad Valenciana, con mayor diversidad que los anteriores y una fuerte impronta cultural fenicio-cartaginesa; contestanos y edetanos desde el río Júcar al norte de Castellón; sedetanos, ilergetes, suesetanos, laietanos, ausetanos y bergistanos en el interior llano y costas de Cataluña; cerretanos e indigetes en las zonas pirenaicas y norte costero de Cataluña.
Remontando el río Ebro (Iberus en latín y del cual reciben los iberos su denominación), o penetrando en la meseta, se hallan los pueblos celtíberos, los cuales reciben en menor grado las influencias culturales costeras y que, por ello, no pueden considerarse integrantes de este conglomerado de pueblos. Hasta 1870 sólo sabíamos de este mundo ibérico lo que nos decían las fuentes escritas romanas, que al hablar desde el punto de vista del vencedor nos daban una visión sesgada de la realidad histórica. Con el descubrimiento en tierras de Albacete del yacimiento del Cerro de los Santos se inicia la primera de una casi inacabable lista de hallazgos arqueológicos que hasta el momento nos han aportado el mayor número de datos sobre estas gentes.
Veamos algunos de los múltiples pueblos aborígenes que poblaron la Península Ibérica. Para no hacer demasiado monótono este texto nos limitamos a dar una breve reseña de algunos de ellos, no obstante, el lector podrá tener una visión más amplia de la ubicación de estos pueblo consultando el mapa insertado.
Amaci: Tribu Astur situada en Asturica Augusta (Astorga)
Andosinos: (Andosinos o Andovinos) pueblo que habitaba al Norte de hispania, junto a Los Pirineos, en el alto Urgel y en los valles de Andorra.
Arenosios: pueblo establecido en el Valle de Arán.
Arevacos (Arevaci) Pueblo Celtibero, en la Tarraconense; habitaban confundidos con los pelendones, en el territorio que comprenden las actuales provincias de Segovia, Ávila, Burgos, Guadalajara, Soria y Rioja. Numancia era la capital de los Arevacos aunque Ptolomeo la incluye entre los pelendones.
Artabros: También conocidos como Arotrebas (según Plinio y Estrabón), habitantes de una región galaica que se extendía desde el Puerto de Camarinas hasta los Cabos de Ortegal y de Vares, y desde el mar hasta las Sierras de Montemayor.
Vascones: Conjunto de pueblos que habitaban la antigua Vasconia (Alava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra y pequeñas zonas de la Rioja y Aragón.) Son los antepasados de los vascos. De mítico origen, se han formulado diversas hipótesis, algunas verdaderamente fantásticas, para explicar los orígenes del pueblo vasco, en el cual se ha querido ver al antepasado de los indios, de los esquimales y aún de los japoneses. Lo que parece más verosímil, es que los vascos (éuskaros, en vasco y que significa "el pueblo que precedió"), tuvieran un origen ibero o pre-ibero. El vasco constituye uno de los pueblos más antiguos del mundo. Su lengua, de dudosa filiación, estaría emparentada según unos con el ibero, según otros con las lenguas caucásicas. Aunque la lengua vasca no sea de origen indoeuropeo, aparece muy romanizada en su léxico por el fuerte impacto recibido del latín y de las lenguas romances.
Las primeras noticias históricas sobre el País Vasco aparecen en los textos de Plinio y de Tolomeo. Los vascones recibieron influencias celtas y resistieron contra la romanización. Aunque existió la influencia romana, no parece que fuera importante al norte de Pompaelo (Pamplona), ciudad-fortaleza construida por Pompeyo Magno (74 a.C.) sobre el poblado vascón de Iruña (en vasco, la ciudad). Inquietaron poco a sus invasores, a quienes incluso ayudaron en sus luchas contra los cántabros. Durante la más alta edad media los vascos se distinguieron por su oposición a las influencias suevas y visigodas. La invasión de los bárbaros determinó un estado de guerra constante de los vascos en pro de su independencia. Todos los monarcas visigodos fracasaron en sus intentos por reducirlos. Parece ser que Vitoria tuvo su origen en la fortaleza de Vitoriaco (581), construida por los visigodos con el fin de contener y vigilar a los vascones. A principios del siglo VII se empezó a constituir una unidad política, el ducado de Vasconia, que comprendía tierras a ambos lados de los Pirineos que hoy se hallan repartidas entre los estados francés (Benabarre, Lapurdi y Zuberoa) y español (Álava, Guipuzcoa, Vizcaya y Navarra). A principios del siglo VIII, aprovechando la invasión musulmana, los vascos vencieron a sus enemigos visigodos. Los árabes entraron en algunas regiones de Vasconia, especialmente en Álava. La relación entre vascos, árabes y mazigios fluctuó entre la amistad y la guerra. Cuando en 778 las fuerzas de Carlomagno entraron en la península para combatir a los árabes, su propósito de incluir la Vasconia meridional en la Marca Hispánica motivó el ataque por sorpresa de los vascos y la derrota de los francos en Roncesvalles. El primigenio ducado de Vasconia, a principios del siglo IX, dio origen al reino de Pamplona, luego llamado de Navarra, como territorio independiente bajo la dinastía de los Arista (Aritza). Durante la edad media el reino de Navarra cambió varias veces de dinastía y su política osciló entre la orientación francesa y la peninsular, hasta que en 1512 el reino fue invadido por los ejércitos de la Corona de Castilla tras un turbulento periodo de luchas civiles.
Tartesios: Los tartesios vivían en el valle del Guadalquivir desde antes de la edad del bronce (a finales del segundo milenio anterior a la era actual). Constituyeron el primer estado organizado de la Península Ibérica y adquirieron una extraordinaria personalidad política y cultural.
Su capital, también llamada Tartessos, descubierta por los griegos hacia el 630 a.C. y, más tarde, por los fóceos, que fundaron una colonia (Mainake), estaba situada a poca distancia de la desembocadura del gran río bético. Así lo cita Rufo Festo Avieno, en un periplo de su poema Ora Maritima, datado aproximadamente en el siglo VI a.C. Arqueológicamente se hace muy difícil su constatación ya que no han tenido éxito las búsquedas que se han hecho de sus restos en Sevilla, Huelva y Cádiz, especialmente en las desembocaduras de los ríos.
Aunque el origen de los tartesios es desconocido, se les atribuye una procedencia etrusca o africana.
Sin duda fueron los primeros pueblos ibéricos que se relacionaron con las civilizaciones del Mediterráneo oriental (fenicios y fóceos), llegados al litoral peninsular ibérico con objetivos mercantiles. Comerciaban con lino, esparto, cáñamo y sobre todo metales. Los Tartesios explotaban las minas circundantes (cobre, plata...) y controlaban el estaño del noroeste peninsular, minerales todos ellos demandados por los comerciantes fenicios establecidos en las costas y, más adelante, por los griegos en dura competencia. Por ello Tartessos alcanzó mucha importancia y su mayor prosperidad y expansión se dio entre el 700 y el 535 a.e.a. Será el apoyo tartesio a los helenos el causante de su ruina, ya que se deja de tener noticias suyas a partir de esa fecha (535 a.e.a..), víctimas del expansionismo cartaginés, aunque también se ha apuntado como causa la competencia de los griegos de Massalia (la actual Marsella) en las rutas del estaño occidental.
Es en la Biblia donde aparece por primera vez el nombre de Tarsis (Tartessos) cuando se indica el país donde los fenicios acudían con sus naves en busca de metales.
Los tartesios empleaban un alfabeto que guarda mucha similitud con el ibero. El geógrafo griego Estrabón afirma que poseían numerosos poemas escritos en prosa y que se regían por leyes redactadas en verso.
Terminadas las oleadas migratorias iberas, comienzan, a principios del último milenio a.e.a., las indoeuropeas, llevadas a cabo por pueblos célticos. Estos no vienen del Sur como los iberos sino del Norte, penetrando a través del Pirineo oriental. Con iberos a ambos lados de su vía de penetración están forzados a cruzar el Ebro y aprovechan las valles del Duero y, en posteriores oleadas durante varios siglos, los del Tajo y Guadalquivir para ocupar todo la parte occidental de la Península Ibérica. Se han contado no menos de 16 tribus celtas, desde galaicos en el Noroeste hasta lusitanos y oretanos en el Sudoeste.
Los celtíberos ocuparon un extenso territorio situado a ambos lados de la diagonal Ávila-Soria (más o menos Castilla la Vieja.) No sabemos si se trataba de iberos celtizados o de celtas iberizados. Poco importa: para ser estos tendrían que haber tenido forzosamente vecinos iberos lo que parece confirmar que los llamados "pueblos no identificados" al Norte de su región habría que considerarles como iberos; y por otro lado, si hubieron sido aquellos, la supuesta teoría de que los iberos no hubieron penetrado ni el Centro ni el Norte de la Península Iberíca, quedaría igualmente desmentida."
Alrededor del año 1.100 a.e.a. los fenicios llegaron a la península y fundaron colonias, la más importante fue Gadir, la que hoy es Cádiz. A su vez los griegos fundaron sus colonias en el sur y en la costa mediterránea.
Durante las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago, los Cartaginenses instalaron colonias en la Península Ibérica y conquistaron una gran parte del territorio peninsular. Sus colonias más importantes las establecieron en la isla de Ibiza y en Cartagena, nombre que debiera hacer referencia a la nueva Cartago.
La época romana en Hispania duró, según los territorios, entre 4 y 6 siglos, y nunca fue total ya que Asturias, Cantabria y las Vascongadas en la práctica no formaban parte de la provincia (colonia, en su aceptación moderna) sino fueron más bien protectorados (¡ dominados pero no ocupados!).Para mantener estos tres territorios a raya, Roma aplicó su vieja estratagema de reclutar forzosamente la flor y nata de los jóvenes guerreros de aquellos para las tropas auxiliares de sus legiones, y destinarles a partes lejanas del Imperio. (Para ilustrar esta política podemos tomar como ejemplo la Britania en tiempos de la rebelión de los Ícenos bajo su Reina Boadicea (61 d.e.a.); entre los tropas auxiliares (auxilias) que sirvieron con las cuatro legiones por entonces destinadas en Inglaterra, encontramos las siguientes cohortes ibericas: 1ºAsturiano, 2ºAsturiano, 1ºVettoniano, 1ºVerdulli, 1ºCeltibérico, 3ºBracarii y 2ºVascones). En este largo periodo, la romanización- apoyado por cuatro siglos de paz y el sistema de vías romanas que llegó a tener una extensión de casi 12.000 Km- se impuso por casi toda la península menos en las vascongadas, que por su resistencia a ultranza, ni siquiera se cristianizaron hasta finales de la época visigoda posterior. El latín empezó por desplazar la lengua franca existente y terminó por imponerse y eliminar casi todas las lenguas existentes en la península hasta tal punto que no ha quedado rastro de ellas. Ya que la inmensa mayoría de la población solamente tuvo contacto con soldados y comerciantes (estos en general ni siquiera de origen romano) se divulgó el latín en su variante más vulgar e inculto, como también ocurrió en la misma Italia después de la caída del Imperio.
Una de las fantasías más curiosas sobre el periodo romano en la Península Ibérica es la supuesta influencia política y cultural de los hispanos (hispanorromanos) en el Imperio; como prueba se mencionan emperadores desde Trajano a Teodosio y escritores desde Séneca a Pomponio Mela. No solamente esto, además se usan hasta gentilicios modernos como: bilbaíno, riojano, gaditano, andaluz, valenciano etc. No se trata solamente de una fantasía sino, mucho peor, de un autentico timo histórico. La verdad es que todos los personajes en cuestión fueron hijos de padres romanos (del orden senatorial o ecuestre) y habían nacido en Hispania por puro azar y gracias al hecho de que sus padres estuvieron destinados allí como parte de su carrera militar o administrativa. Esta, y no otra, es la razón porque todos estos supuestos "hispanos" fueron educados desde la más temprana edad en Roma. Es verdad que todos ocasionalmente fueron llamados "hispanos", pero no en un sentido étnico sino con el mismo sentido de descalificación en que ahora usamos "godo" "provinciano" o "paleto". De hispanos nada, sino romanos de la más pura cepa.
En el año 409, cuando comienza la caída del Imperio Romano, tribus godas invaden la península iberica y establecen su reinado en el año 419 de la era actual.
El dominio de los visigodos duró hasta el año 711, cuando un ejército musulmán, compuesto de árabes y mazigios con unos 50.000 soldados, cruzaron el estrecho de Gibraltar, vencieron al ejército visigodo en la batalla de Guadalete, cerca de Cádiz. Rodrigo, el último rey godo, fue derrotado pero ello no terminaría allí, en unos cuatro años terminarían por dominar casi toda la península ibérica, convirtiéndose ésta en un emirato, o provincia del imperio árabe, llamada Al-Andalus. Los s. VIII y XI, significarían un creciente poderío musulmán, a pesar de que se forman núcleos de resistencia al Norte de la península ibérica. Los territorios conquistados se van arabizando y se independizan políticamente del imperio árabe. En el s. X Abderramán III convierte Al-Andalus en califato independiente, con independencia religiosa, siendo una época de gran prosperidad cultural, gracias a las innovaciones en las ciencias y en las letras y la especial atención que dedicaron al desarrollo de las ciudades.
Las ciudades más importantes fueron Valencia, Zaragoza, Sevilla y Córdoba, la cual llegó a ser en el s.X la mayor ciudad de Europa Occidental, contando con 500.000 habitantes, y centro cultural de la época. Sin embargo la decadencia llegó en el s.XI, cuando comenzaron las pugnas entre las distintas familias reales musulmanas y el califato se desmembró en un mosaico de pequeños reinos taifas. El movimiento de "Reconquista" se hizo cada vez más fuerte, la primera derrota la tendrían los musulmanes en Covadonga, Asturias, de mano del Rey Pelayo en el año 722, durante estos años, sobre todo tras la decadencia se sucedieron las victorias de los reinos del Norte, de ahí proviene el dicho de que: "España es Asturias, y el resto territorio ganado a los moros".
En 1492, Nebrija en el primer diccionario de lengua castellana define como nación a <<toda gente que por lengua se distingue>>, unos siglos más tarde se definió como <<colección de habitantes de alguna provincia, país o reino>>. Hay que decir que en esta época el concepto España no existía, si que es cierto que en el siglo XV con la alianza entre el reino de Aragón y la corona de Castilla por medio de los reyes católicos se produjo una cierta unidad, pero esta fue simplemente religiosa, el rey no fue llamado Rey de España hasta el siglo XVIII.
Si definimos un Imperio como un súper-estado (federal o confederal) como elementos reinos, ducados, condados, Señorías y hasta Obispados autónomos; plurinacional, pluri-étnico y multilingüe -no necesariamente monárquico, y el Imperio Romano nunca dejo de ser, por lo menos formalmente, República!- entonces el primer candidato en la Península Ibérica a esta distinción fue la Corona de Aragón. Con dos reinos y un condado en la península ibérica, el Reino de Mallorca, reinos en Italia y dos ducados en Grecia ( Atenas y Neopatria), la Corona de Aragón constituyó sin ninguna duda un auténtico Imperio, si no "español" por lo menos mediterráneo. El segundo candidato no fue como se podía pensar la bi-monarquía Castellana-Aragonesa de los Reyes Católicos. No hubo bajo la pareja católica ninguna unidad política entre las dos partes, más bien hubo una federación personal. La famosa frase "Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando", además de ser incorrecta -las palabras originales se limitan a "Tanto monta"- no eran tampoco verdad. Mientras que Isabel en la Corona de Aragón era simplemente reina consorte, Fernando en Castilla era co-rey con casi los mismos poderes que Isabel, resultado del indudable talento político maquiavélico de aquel (no por nada era el Príncipe en que se inspiró Maquiavelo). Cuando en 1474 murió Enrique IV se entabló inmediatamente una guerra civil entre los partidarios de Isabel (declarada heredera del trono en 1468 en el Tratado de los Toros de Guisando) y la discutida hija de Enrique (el "Impotente"), Juana, apodada "la Beltraneja", ya que supuestamente Beltrán de la Cueva, valido del rey, había ayudado también al rey en el cumplimiento de sus deberes matrimoniales. Fernando, que se había casado con Isabel 5 años antes y que todavía no había heredado el trono Aragonés, se aprovechó de las circunstancias y se presentó en Segovia reclamando el trono castellano para sí, por ser, como primo segundo, el pariente varón más próximo de Enrique IV. Además, curiosamente, como nieto de Fernando de Antequera (Trastamára) y con abuela y madre castellanas, Fernando era castellano por los cuatro costados, contraria a Isabel que era mitad portuguesa. La jugada resultó solamente a medias, pero lo suficiente para que un laudo conocido como "Concordia de Segovia" otorgó a Fernando casi los mismos poderes que a Isabel. De todas formas, la pareja ni siquiera adoptó, una vez heredado Aragón por parte de Fernando (II), el título de reyes de España, habida cuenta que el nombre de España, igual que en siglos anteriores, seguía aplicándose a toda la península ibérica y, para integrar este título, faltaban aún Navarra, Portugal y Granada.
Ya en el s. XIV los musulmanes de la Península Ibérica sólo poseían el reino de Granada, que mantuvieron hasta finales del s. XV, cuando los reyes Isabel I, de Castilla y Fernando II de Aragón lo invadieron "incorporarándolo" a la corona de Castilla.
Pero no fue hasta mucho tiempo después que Felipe II logró finalmente incorporar Portugal al resto de los reinos peninsulares y (aunque posteriormente se independizaría) de esta forma fue el primero en poder llamarse Rey de España (o de las Españas). Pero no solamente esto; considerando que además era Rey de Cerdeña, Sicilia y Nápoles, soberano de muchos sitios más, y contaba con territorios de ultramar en América, África, Asia y Oceanía, Felipe II era dueño y señor del Imperio más grande visto hasta entonces. Si aplicamos la definición propuesta anteriormente, hubiera sido lógico y oportuno si se hubiese proclamado Emperador. Digo oportuno, porque por mucho que Felipe II se llamase Rey de España no había, como tal y en sentido jurídico, un reino español sino un grupo de reinos independientes entre si y solamente juntados por la cabeza. Esto creó un problema administrativo de primer orden que se resolvió en falso gobernando España desde Castilla -convirtiendo los demás reinos de cierta forma en meros apéndices- y creando el, también falso y exagerado, sentimiento de sometimiento a Castilla. El conjunto de territorios estuvo, en la práctica, gobernado por el Consejo Real (de Castilla) en colaboración con los Consejos de Estado (política exterior), Inquisición (ortodoxia religiosa y control ideológico) y Hacienda. Además de estos consejos principales, hubo varios consejos filiales como el de Cámara de Castilla y el de las Órdenes (del Consejo Real) y el de Guerra (del Consejo de Estado) y los Consejos subsidiarios, llamados de competencia nacional, de Aragón, Portugal, Navarra, Flandes, Italia, Indias.
"Mientras que el Consejo Real gobernaba directamente la Corona de Castilla (e indirectamente a los virreyes y gobernadores de los demás territorios) los consejos de competencia nacional fueron meramente consultivos y sus componentes limitados al asesoramiento del Rey en relación con los conflictos entre virreyes y las instituciones forales en cada territorio. La impresión de la preeminencia de Castilla fue enormemente reforzado por la discrepancia territorial y demográfica entre los territorios españoles. De los 10,5 millones de habitantes de la península en 1600, casi 8 millones eran castellanos (74%), 1,2 millones portugueses (11,4%), 600 mil valencianos (5,7%), 420 mil aragoneses (4%), 350 mil catalanes (3,3%), 80 mil mallorquines (0,70%) y 100 mil navarros (0,9%); o sea tres castellanos por uno de todas las demás nacionalidades juntas.
En época más cercana, en concreto en los Decretos de Nueva Planta establecidos por Felipe V en 1716, que suponen la culminación de la unidad de los diversos reinos peninsulares fraguada ya desde la citada "Reconquista." La unidad canónica de España, que se convierte en nación política una vez deshecho el Imperio con la caída del Antiguo Régimen, a partir de 1808, habría que remontarla a esa fecha. Quedarnos en este punto resultará más propio que remontarnos al siglo XVI y pasarnos más de trescientos años buscando «decadencias» donde en rigor no existen ni influyen en la problemática particular de España como nación". (José Manuel Rodríguez Pardo)
A pesar de algunos tópicos sobre el reinado de los Reyes Católicos, especialmente en lo relativo a la creación de un estado nacional español con el matrimonio de Isabel I, de Castilla y Fernando II, de Aragón se produce una unión personal y desigual de ambas coronas.
Personal porque no va a suponer la creación de una nueva realidad política o administrativa, sino que cada reino mantendrá sus propias leyes, instituciones y moneda.
Desigual por su peso geográfico, demográfico, económico y político, Castilla va a ir ocupando más destacado en la monarquía con respecto a Aragón, lo que se irá acentuando cada vez más.
La de Castilla es más homogénea y se va a prestar más fácilmente a un control por parte de la monarquía.
Los reinos de la corona de Aragón son más heterogéneos y más fieles a sus propias tradiciones políticas y fueros.
Se produce en su reinado una transformación territorial pasándose de la península de los cinco poderes bajomedievales a una monarquía que los aglutina a todos ellos con excepción del portugues puesto que la unificación geográfica continua con las "incorporaciones" de Granada (1492) y Navarra (1512), que son "integrados" en la corona de Castilla y no en "España", pues como hemod dicho más arribas no existe una realidad política de tal nombre.
España no existe como nación, que es un invento, es solo un estado dentro del cual hay diversas naciones, todas ellas oprimidas por el simple hecho de estar sometidas a un estado.
"El nacionalismo español solo empezó a formularse como tal tras la pérdida del imperio español en 1824 y el establecimiento de un Estado liberal, ya que España y sus diferentes regiones habían sido previamente vistas como parte de un imperio y administradas como tal. Elorza responde a esta teoría con la afirmación de que el concepto de España como nación fue una aspiración y un ideal político durante la guerra de independencia de 1808." (Antonio Elorza, Catedrático de Historia del Pensamiento Político de la Complutense de Madrid)
Para seguir este proceso de formación veamos como se refleja en las constituciones. La primera constitución, la de 1812, es una constitución centralizadora, en la que nunca aparece el termino España, si que aparece la palabra Españas (en plural) y se habla de una nación Española, pero que no abarca lo que hoy es el estado español, sino que se refiere a todos los territorios de África, Asia y América.
En el Estatuto real de 1834 sucede lo mismo, se habla de reino, pero nunca aparece el concepto España. Lo mismo pasará en la Constitución moderada del 45 y en la non nata del
De lo expuesto se deduce claramente que al no existir España como nación con un Estado coexionado tal como lo entendemos en la actualidad, la invasión saqueo, conquista y ocupación de las Islas Canarias no fue llevada a cabo por españoles, sino por aborígenes de la península ibérica, mercenarios procedentes en su mayoría del reino de Castilla y de la actual Andalucía. Por consiguiente considero que es totalmente incorrecto el término "prehispánico" aplicado a los invasores, por tanto, propongo el de pre-colonial como más adecuado y acorde con la realidad histórica.
Es presumible que estos aspectos en torno de los aborígenes ibéricos son perfectamente conocidos por el Sr. López Mederos, dado su condición de enseñante, pero sucede que en ocasiones la memoria se vuelve débil.
Continuando con el contenido del artículo del Sr. López Mederos, no deja de sorprenderme las siguientes afirmaciones vertidas en el mismo: tenían (los aborígenes canarios) el estadio cultural que tenían, como expuse, una cultura pre-neolítica (anterior al Neolítico), primitiva y atrasada, no conocían la escritura ni la agricultura (sólo algo en Gran Canaria), ni la navegación. Era su cultura, muy respetable como la de todas las civilizaciones primitivas, y que yo como canario la asumo como parte de nuestro pasado. ¿Qué mal hay en aceptar una realidad histórica?"
Vamos a tratar de ilustrar al Sr. López Mederos sobre estas afirmaciones suyas vertidas en el mencionado artículo, las cuales como mínimo pecan de atrevidas y muestran un profundo desconocimiento de la cultura que dice defender, naturalmente desde el punto de vista de "su realidad histórica".
(continuará)
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Presidente de la Asociación Sociocultural Kebehi BencmoFuentes consultadas:
Todo sobre españa
www.red200.com/spain/primer/1hist.
españa ¿una entelequia?
www.berrom.com/españa-una-entelequia.htm
Antonio Elorza, catedrático de Historia del Pensamiento Político de la
Complutense de Madrid,)
www.elguanche.net
El nacimiento del Estado moderno
José Manuel Rodríguez Pardo
(Pueblos en lucha http://go.to/pobles )