SUPERVIVENCIA DE LOS GUANCHES
SEGÚN DON JUAN BETHENCOURT ALFONSO...
[...] "Los caracteres físicos y fisiológicos de los guanches pueden estudiarse en la actual población rural mejor que en los cronistas, que poco dicen del asunto, pues la supervivencia de la raza es indudable; salvo lo que han perdido de sus excelsas cualidades orgánicas por las costumbres menos varoniles, la sífilis, el alcohol y otros más importados por la civilización.
El clamoroso vocerío de aquellos que pregonan al aniquilamiento de los indígenas por los españoles, después del invento de la crucifixión guanche por el arcediano Viera y Clavijo, tanto tiene de insensatez entre nuestros literatos como de mala voluntad de los extranjeros que odian el genio de nuestra raza.
¿Qué fundamento tuvo tan extemporánea noticia? Nadie lo sabe, porque el autor no lo dice y es lo extraño que cuanto escribió con relación a los indígenas ya las conquistas fue de segunda mano teniendo a la vista los cronistas, que si algo expresan es lo contrario.
Para que se comprenda la gran desproporción que siempre hubo en la nueva sociedad formada por indígenas y europeos, basta decir que medio siglo después de conquistadas las cuatro islas menores, según Azurara, existían los siguientes hombres de los segundos, es decir, españoles: 60 en Lanzarote, 80 en Fuerteventura y 12 en El Hierro; no computando ninguno a La Gomera porque probablemente no los habría, pues en rigor no estaba conquistada. En 1455, ya en tiempos de Diego de Herrera, visitó las mismas islas Cadamosto que declara «se componían en su mayor parte de indígenas»; y esto debió saberlo Viera y Clavijo puesto que cita al viajero y tanto en las islas de señorío como en las realengas, se conoce por los cronistas que celebraron tratados de paz con los conquistadores, que los naturales nobles recibieron repartimientos y todos se equiparon a la europea al extremo de contribuir y cada isla reducida a la conquista de las otras.
Salvo los muertos en los combates que fueron menos de lo que presumen los ponderativos, entre guerreros, mujeres, viejos, muchachos y niños acogidos a los convenios, puede asegurarse sin pecar de exagerado, que constituyeron las nueve décimas partes de la nueva población con relación a los españoles; y como de este asunto hemos de ocuparnos con mayor amplitud al tratar de la conquista de Tenerife, lo tomamos por ahora de ejemplo y aplazamos para entonces las razones en que apoyamos nuestros asertos.
Al celebrarse la paz de Taoro o de los Realejos y hablando en cifras redondas, existían en Tenerife 20.000 guanches de todas edades y sexos aunque predominando las mujeres y niños, de los cuales unos 5.000 continuaron rebelados en medio de los montes sin querer darse a partido, y los otros 15.000 se mezclaron con un millar entré conquistadores y pobladores formando los núcleos de veinte y tantas de las poblaciones actuales. Cuanto a mujeres europeas, como aconteció en las demás islas, eran contadas.
De los 1.000 entre conquistadores y pobladores que se avecindaron durante los primeros lustros, salvo unos cuantos extranjeros que por su escaso número nada significan, unas pocas docenas eran portugueses, como 200 indígenas isleños en su mayoría de Canaria y el resto de españoles, que siendo casi en la totalidad solteros se casaron con las guanchas.
Aparte de que esto era natural, sábese por tradición, por lo que arrojan los archivos y sobre todo por el testimonio nada sospechoso de un comisionado inquisidor de aquella época, que hizo un padrón secreto de todas las islas, y sacó a luz el erudito Sr. Millares.
En lo esencial los hechos expuestos son exactos y solo falta aplicarles las conocidas leyes de la herencia y de cruzamiento; con la circunstancia en esta ocasión de hallarse favorecido el coeficiente o grado de afinidad sexual, por estar comprendido en el grupo llamado por Mr. Broca de homogenesia eugenésica o absoluta, puesto que tanto los naturales de las otras islas, portugueses y españoles como1os guanches de Tenerife, proceden del mismo manantial íbero-libio.
Siguiendo con el ejemplo de los 1.000 conquistadores y pobladores casados con otras tantas guanchas, pues los pocos que ya lo estaban para el caso es lo mismo porque se amancebaron, resultó:
1.0 Hijos mestizos de primera sangre.
2.0 Simplificando el ejemplo para la más fácil comprensión, mestizos de segunda sangre (que es el primer grado de retorno), que comprende a los vástagos del cruzamiento de los mestizos anteriores con guanchas, que eran las que abundaban.
3.0 Mestizos de tercera sangre (segundo grado de retorno) o sea los, nacidos de los de segunda sangre casados con guanchas de pura raza y así sucesivamente hasta que en el quinto o sexto cruzamiento de retorno, como la población no era alimentada con elementos de fuera sino de la tierra, desapareció por lo general todo vestigio de mesticismo (mestizaje) y reapareció el tipo de la raza de la madre o séase del guanche con todos sus caracteres.
Tenemos una prueba decisiva de que las cosas debieron acontecer así, en la igualdad de los caracteres osteométricos que ofrecen los osarios de las iglesias y cementerios de los pueblos y los recogidos en los antiguos panteones guanches.
Claro, es que hay otras clases de mestizo, así como fenómenos de atavismos, pero hablando en términos generales y excluyendo determinadas localidades y hasta familias, el fondo de la población retornó al tipo guanche. Invitamos a descubir un sólo cráneo braquicéfalo, en las islas de señorío donde estuvieron algunos franceses y dejaron sucesión.
De los elementos étnicos importados después de la conquista al fondo de la población rural, sólo merece tenerse en cuenta el berberisco y negro.
Cuanto al contingente berberisco tuvo importancia en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, como lo acreditan varios documentos.
Del último tercio del siglo XVII hemos leído en distintas parroquias de ambas islas, en los libros de visitas pastorales, diversos decretos prohibiendo ciertas costumbres, «vestir de alquiceles, tocar chirimías y hablar en algarabía». Mas como el elemento berberisco no es extraño a nuestra raza, únicamente hay que considerarlo como una moderna inyección de sangre homogénea.
Respecto a la raza negra, a buen seguro que a la generación de nuestro tiempo en los campos se le escapara un contrabando, no ya en los sitios donde hubo negradas para la explotación de ingenios, como Adeje, Santa Lucía de Tirajana, etc., sino entre los diseminados para el servicio doméstico. Medio siglo atrás, fuera de las faenas agrícolas y pastoriles y los ejercicios de lucha, juego del palo, carreras, tiro de barra, etc. casi no se conocía otra ciencia que la genealógica. Cada individuo era un archivo: sabían y señalaban los que venían de nobles guanches, de guanches labriegos y pastores honrados aunque pobres y de guanches de viles oficios: y cuanto a los que tenían casta (negro), conocían por toda la provincia hasta las filiaciones más recónditas, no escapando ni los emancipados de los últimos vestigios, como el matiz amarillento de las escleróticas o el mismo matiz y la lúnula de las uñas, etc., ni necesitaban acudir a señales en tan asombroso registro.
Hace muchos años fuimos árbitros en una cuestión relacionada con el asunto, pero cuestión grave y de verdadero peligro de muerte, y gracias a que suplantamos a un negro de los tiempos pasados por un morisco, contribuimos a la dicha de dos jóvenes de Totó, Fuerteventura.
En resumen, tenidos en cuenta los antecedentes expuestos, repetimos que los caracteres físicos y fisiológicos de los guanches se pueden estudiar en los actuales habitantes." (Juan Bethencourt Alfonso, 1991, tomo I)
Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo
Departamento de difusión de documentos ajenos.
Ciudad colonial de Eguerew, octubre de 2005.