NAVICONSUMISMO COMPULSIVO

Guaire Adarguma Anez’ Ram n Yghasen.

El deshumanizado capitalismo consumista en su desesperado esfuerzo por evitar alcanzar el techo a que irremisiblemente está abocado por su propia filosofía, cada akano o año anticipa el tradicional lavado de cerebro de las masas consumidoras oculto bajo el silogismo de "Espíritu Navideño".

El brutal bombardeo publicitario mediante los medios de "comunicación social" es realmente apabullante, ello lleva a hacer creer a una buena parte de la población, especialmente la menos pudiente, que vivimos en un mundo mágico o sobre natural, donde todo está al alcance de la mano con sólo desearlo. El despertar de este sueño es ciertamente cruel, cuando el individuo descubre que el dorado sueño incitado por los amos de la producción tiene su contrapartida en euros y que estos, debido al mísero salario que les permiten los dueños de los medios de producción, les alcanza apenas para mal vivir, mucho menos para acceder a alguna parcela de ese paraíso artificial, las cuales están reservadas para algunos explotadores y para determinados autodenominados representantes exclusivos de Dios en la tierra.

En las últimas décadas tratan de impregnar de éste "espíritu navideño", no sólo los tradicionales polvorones, turrones y cavas, sino que lo están implantando en electrodoméstico, coches, parcelas edificables y chalet adosados, e incluso en viajes de placer a paradisíacas islas tropicales. La cuestión es, ¿De qué espíritu nos hablan? ¿Qué moto (nunca mejor dicho) tratan de vendernos? ¿Tiene algo que ver este "espíritu navideño" con el mensaje del fundador del cristianismo o de la iglesia católica, supuesta heredera del mismo?

Esta incitación al consumo desmedido e incluso lujurioso es la formula moderna de la esclavitud instituida por Guayota-Gabiot para premiar a sus fieles adoradores; los explotadores de las necesidades humanas, los políticos de servicio y algunos clérigos vendedores de felicidad en el cielo y valedores de la esclavitud en este mundo. Al incitar a las personas a adquirir cosas más allá de sus posibilidades reales, les inducen a una dependencia económica -y por tanto física- de los dueños del capital, mediante el señuelo creado por Guayota-Gabiot de los pagos aplazados, mediante los cuales el individuo poco pudiente se hipoteca en algunos casos de por vida, no pudiendo volver a ser dueño de su persona, pues las hipotecas y, por consiguiente la dependencia de su persona o lo que es lo mismo su único capital que es su fuerza de trabajo o su capacidad y inteligencia, pertenecen a otro y no así mismo, pues las hipotecas se suceden; El coche, el piso, los muebles, un viaje al año...

Y no se preocupe... Al fin y al cabo, usted puede pagar en cómodas cuotas, aunque esta comodidad le cueste sudar sangre, vender su cuerpo y sus espíritus al capitalismo, y pasar por encima de los cadáveres de su prójimo, en definitiva convertirse en un fiel instrumento del capitalismo y de Guayota-Gabiot.

Y al igual que las ratas soplan cuando muerden para mitigar el dolor del mordido, el sistema explotador nos adormece mostrándonos imágenes de la pobreza de otros hermanos que viven el denominado tercer mundo. Al contemplarlas casi nos sentimos agradecidos de vivir en esta sociedad de explotadores y explotados y no entramos a valorar que es el propio sistema que nos ofrece esas imágenes el que ha creado esa situación de pobreza con su deshumanizada y despiadada extracción de los recursos naturales de esos pueblos a cambio de nada, y que, taimadamente, nos van conduciendo a una situación similar.

¿Es ese el "Espíritu Navideño" del capitalismo puro y duro, de los políticos corruptos y de una iglesia explotadora, alienadora y mercantilizada? ¡Yo no lo quiero!.

Ciudad colonial de Eguerew, 24 de diciembre de 2005.