LA MODERNA CAZA DE BRUJAS DE LA IGLESIA CATÓLICA
La Supervivencia de la Inquisición
Guaire Adarguma Anez’ Ram n Yghasen*
«A todos los fieles, en especial a los que mandan o tienen cargo de enseñar, suplicamos encarecidamente por las entrañas de Jesucristo, y aun les mandamos con la autoridad del mismo Dios y Salvador nuestro, que trabajen con empeño y cuidado en alejar y desterrar de la Santa Iglesia estos errores. » («Concilio Vaticano. Const.» «Dei Filius». «IV Can. 3.°»). :
Los "errores" principales condenados por la Iglesia católica, son a saber:
El primero, Materialismo.
No deja de ser una burla cruel para la humanidad el hecho de que una institución donde priman los intereses materiales sobre los espirituales, donde cada consuelo espiritual, cada acto sacramental, están sometidos a unas rígidas tarifas económicas, incluso por tomar imágenes en el interior de los templos, donde además en la aplicación de los ritos se distingue entre fieles de primera, segunda y tercera clase, según la capacidad económica de estos y el boato ofrecido en las ceremonias por los curas. Una institución que obliga a pueblos paupérrimos atosigados por el hambre crónica, diezmados por enfermedades a rendir culto a su deidad en unos templos rebosantes de oro, plata, obras de arte y maderas preciosas donde la manifestación de la riqueza y la suntuosidad son verdaderamente lujuriosa y ofensiva incluso para su propio Dios, tiene la desfachatez de criticar el materialismo, materialismo que ella misma ha venido propugnando y practicando durante siglos. No en vano sus dirigente se auto proclaman Príncipes de la iglesia y actúan y viven de manera suntuosa, ejerciendo cotas de poder político y económicos como tales casi ilimitados, mientras que la mayor parte de la grey de siervos creyentes, a quienes dicen servir, nadan en mares de miserias. Una institución que fue capaz de apropiarse de más de la mitad de las tierras productivas obligando a sus moradores a convertirse en siervos explotados en beneficio exclusivo de sus intereses materiales, y que aún hoy en día interviene de manera directa en todos los procesos productivos y altamente rentables debido entre otras causas a la explotación de la mano de obra barata de sus fieles. Esta institución insisto, afirma que el materialismo es su primer enemigo lo que es una clara contradicción con su modo operandis. Cuando la iglesia romana habla del desapego que los fieles deben mostrar hacia las “riquezas terrenales”, no se refiere a que estos deben dejar de acumularlas en beneficio de una más justa redistribución en la sociedad, se refiere a que los creyentes deben renunciar a parte o a todo el patrimonio acumulado, a favor de la propia iglesia, incluso los más miserables. E n la práctica, todo indica que para esta institución, los fieles no son más que una fuente de ingresos, desde que nacen hasta que mueren.
“
El evangelio recomienda el desapego de los bienes de la tierra. Ese desapego no significa que el hombre deba evitar su uso, sino solamente que los debe usar con superioridad y fuerza de alma, así como con templanza cristiana, en lugar de dejarse esclavizar por ellos.Cuando el hombre no procede así, y hace mal uso de esos bienes, el mal no está en los bienes sino en él.
Así, por ejemplo, el mal del borracho, está en si mismo y no en el vino precioso con que se embriaga. Tanto es así que muchos son los que beben vinos de la mejor calidad y no abusan de ellos. Lo mismo se puede decir de otros bienes.
En el Universo, todo fue admirablemente dispuesto por Dios, y no hay nada que no tenga su razón de ser. Sería inconcebible que el oro, las pedrerías, la materia prima de los tejidos preciosos, etc. fueran excepción a la regla.
Existen, por designio de la voluntad divina, para un justo deleite de los sentidos, al mismo título que un hermoso panorama, el aire puro, las flores, etc. y además de eso, son medios para adornar y elevar la existencia cotidiana de los hombres, afinarlos en la cultura, y hacerles conocer la grandeza, la sabiduría y el amor de Dios.
Fue con este espíritu que la Iglesia utilizó siempre estos bienes para lo que tiene de más sagrado: el culto divino. Lo que no habría hecho de ningún modo si en esto se transgrediera la voluntad de su Fundador, pues Jesucristo no deseó para sus fieles un tenor de existencia simple e igualitario.
Y en todos los tiempos ella estimuló a los individuos, las familias, las instituciones y las naciones, para que, con la misma templanza, siguieran su ejemplo, adornando y dignificando así, para la grandeza espiritual y el bien material de los hombres, los ambientes de la vida doméstica o pública.
Por esto que le ha sido dado muy justamente el título de benemérita de la cultura, del arte y de la civilización. Una de las ventajas de una armoniosa desigualdad de bienes, está precisamente en permitir, en las clases más altas, un florecimiento particularmente espléndido de las artes, de la cultura, de la cortesía, que de ellas rebasa después sobre todo el cuerpo social." Sin comentarios.
El segundo, Darwinismo.
A pesar de los incuestionables avances experimentados en todos los campos por la ciencia moderna, la iglesia católica insiste en la infantil fábula de que el hombre fue modelado por un creador a partir de un trozo de barro. A pesar de esta afirmación que para esa confesión es dogma de fe, la jerarquía católica no duda en acudir a esa ciencia a la que siempre a combatido, cuando se trata de preservar la salud propia, para cuyo fin confían muy poco en su divina providencia. La iglesia católica predica que la aspiración máxima de los creyentes es poder estar en presencia de la Deidad tras la muerte, parece que las jerarquías de esa institución no tienen mucha fe en ese predicado ya que lacen todo lo humanamente posible por retrasar el encuentro. Un caso manifiesto reciente fue el del Papa Juan Pablo II, quien se aferró a los métodos de la ciencia médica para prolongar su vida hasta el máximo que dicha disciplina pudo, llegando incluso a situaciones en extremo grotescas. Esta actitud por parte de "los Príncipes de la Iglesia" ante la posibilidad de la muerte, nos viene a confirmar que tienen poca fe en sus predicamentos de los deleites sin límites de la vida en el más allá ante la presencia de su creador y que con tanto
Ardor predican como fundamento de sus creencias religiosas. En cambio a los fieles se les induce a aceptar tanto las enfermedades individuales como las epidemias colectivas como un justo castigo de Dios por los pecados cometidos.
El Gran caballo de batalla entre catolicismo y darwinismo es la teoría de la Ley de la evolución de las especies.
Las fuentes míticas y los textos no solamente son obscuros, sino contradictorios en sus descripciones. La idea predominante divulgada e impuesta por la cristiandad es diferente a la fuente judaica, aún cuando en ambos se postula la primogenitura de la especie humana en Adán. No es mi intención hacer un análisis de estas contradicciones porque sólo conseguiríamos añadir mas leñas al fuego de las polémicas de estos siglos de oscurantismo. Pero sí creemos que la visión, la percepción o la intuición del pasado en la ¿revelación y en la percepción espiritual? no tiene porque ser antagónica ni incongruente con la fenomenología de la naturaleza. Y si lo fuera, cabe en nombre de la naturaleza y de la prudencia preguntarse ¿Quién se equivocó? ... ¿la naturaleza universal? O nuestra ofuscada y alienada mente? La naturaleza universal contiene la presencia eterna de la realidad y la secuencia omnipresente de la Divinidad y dudar de ella no es de inteligentes. Por otra parte, el conservadorismo reaccionario defendido de manera fanática por determinadas confesiones religiosas sólo puede conducir a los sectores de población que están bajo su influencia a una perenne situación retrograda, pues como bien apunta un escritor canario: "Todo lo que no evoluciona, va en contra de la Naturaleza, y, por tanto, de su propia existencia. Hay que evolucionar, para ser. La adaptación al medio es el secreto de la supervivencia. Lo estático no sobrevive. La vida, en sí, es la verdadera revolución. Nunca es igual a sí misma. Cualquier ente que trate de permanecer, siempre, igual a sí mismo, muere, de consunción y parálisis." (Emilio del Barco, 2005)
El tercero, Ateísmo.
Para la iglesia católica, el ateísmo no es un derecho del individuo para vivir conforme a su libre albedrío, precepto éste último que por otra parte la iglesia católica no deja de sacar a colación cuando conviene a sus intereses, especialmente cuando trata de descargar sus propios errores e incompetencias sobre los hombros y conciencias de sus creyentes.
Por otra parte, para esta institución un ateo es un creyente menos en potencia, y por consiguiente, un contribuyente menos para el imperio católico, un siervo menos a quien explotar. Además es un (mal) ejemplo para los alienados cristianos los cuales pueden ser inducidos por éstos a pensar por sí mismo. Por ello, no duda en atacar con todos sus medios a quienes denominan ateos, no dudando para conseguir sus fines el celebrar alianzas con regímenes opresores y exterminadores de libertades y vidas humanas, de ello, tenemos sobrados ejemplos en el transcurso de la historia, especialmente en los tiempos modernos en los que aún sigue practicando la imposición de su credo mediante la cruz y la espada. Cuando algunos ateos argumentan diciendo que si dios "bondad suma" existe y creó todo lo existente, también sería responsable del sufrimiento y dolor de los seres vivos, y, por tanto, el dolor y la aflicción demuestran que dios no es la bondad suma, no están afirmando la existencia de un dios malo, solo que la idea de bondad infinita de dios se contradice con la realidad psicológica y sensorial del dolor y sufrimiento de los seres finitos.
Algunos sectores de la iglesia católica no dudan en calificar a esta corriente de pensamiento como una secta, pero veamos, ¿es realmente una secta? Secta: Es un grupo de personas que siguen una Doctrina o una parcialidad religiosa enseñada por un maestro, como por ejemplo la iglesia católica.
El Ateísmo no es ninguna secta, ni siquiera es una escuela filosófica (como la escuela de Abdera, Mileto, Academia, Liceo), sino una Doctrina Filosófica que niega los contenidos de la religión y también de las sectas religiosas (parcialidad religiosa), por tanto, no es secta. Tampoco lo es en el sentido de profesar una doctrina uniforme: de hecho, existen distintos Ateísmos: Ateísmo científico o racionalista, Ateísmo existencialista, Ateísmo marxista, etc. ni tampoco tiene un maestro, sino que se basa en las ideas de varios filósofos que se basan en distintas Ontologías: Epicuro, Demócrito, Diderot, Holbach, Marx, , Feuerbach, Shopenhauer, Nietzche, , Bertrand Russell, etc.
Por otro lado, no tiene sentido postular mediadores tan "infalibles" como: los Papas, Concilios, etc. que no tienen nada que decirnos con respecto al conocimiento científico y humanístico, bendita falta que hacen, gracias a Galileo la ciencia dejó de ser la esclava de la teología, para al final ser la teología la que adecua sus "verdades" a la ciencia, aceptando teorías antes negadas por el Vaticano como: la teoría heliocéntrica de Copérnico, los hallazgos geológicos que demuestran que el mundo tiene más de 10.000 años, la teoría de la Evolución Darwiniana, etc.
Los católicos dicen que los ateos saben lo que les conviene, en cambio ellos, pobres hombres, tienen que consultarlo todo con su párroco local, su Biblia "autorizada" (léase, con el "imprimateur" vaticano), su Catecismo, Concilio Vaticano II, Papa, Congregación para la Doctrina de la fe, Santísima Trinidad, etc.
¿No es la soberbia y vanidad que demuestra el clero, un pecadillo condenable por la "Santa Madre Iglesia"? ¿No decía la segunda persona de la trinidad: "no veas la paja en el ojo ajeno, sin mirar la viga en el propio", "no juzguéis, para que no seáis juzgados"?.
El cuarto, Panteísmo.
Los cristianos, judíos y musulmanes entre otras confesiones, son creyentes de unas de las religiones monoteístas mayores del mundo. Tienen un Dios personal a quien rezarle, y que es según ellos nmensamente poderoso y misericordioso, amoroso y omnisciente. ¿Qué decir del panteísmo en este campo? El panteísmo científico no ofrece un Dios personal. Cree que, si hay un Dios, no puede estar fuera del universo, y debe respetar sus leyes. Pero ésta no es la parte más importante de esa creencia (que llaman así sólo por falta de un mejor término). No creen realmente que Dios sea el universo, o viceversa. En cambio, reverencian al universo mismo (con muchos nombres), el cual pueden ver y tocar y experimentar con la razón y con la emoción.
Según la filosofía panteísta: "El universo es divino. El asombro que nos produce, su fuerza, su cambio, es para nosotros tan merecedor de reverencia como cualquier dios, y mejor que eso: Nuestro universo es real y está echo de lo mismo que nosotros, materia y energía en formas incontables.
El panteísmo científico no es un culto, una secta, una nueva clase de religión pagana, o un enemigo de la fe cristiana, hindú, musulmana o judía, o cualquier otra cosa de ese tipo. Es una forma de ver el mundo, y una actitud personal que muchos seres humanos han encontrado en sí mismos sin ayuda de gurús, sacerdotes, pastores o sagradas escrituras, apenas mirando a su alrededor y reconociendo su asombro.
Nada tiene que ser revelado a través de una escritura sagrada o fijado por el dogma para poder apreciar la belleza del universo. Aclaremos que para el panteísta esto es "belleza" en un sentido general: esta palabra la usan para transmitir la elegancia de las leyes naturales, la complejidad de las muchas formas de la materia y la energía que nos rodean y nos forman, y el sentimiento de asombro, de infinitud, que nos produce mirar al cielo, o dentro de nuestras propias células por un microscopio, o estudiar la estructura de la realidad, que la ciencia trata de revelarnos.
Según esta religión, aunque creas en Dios, no puedes verlo. Sólo puedes adorarlo en lo que crees que es su creación.
Tus plegarias son palabras en tu boca, y tus templos y altares están hechos de materia: estás inmerso en la creación. No creen que haya nada más allá de eso, y esto es así porque no podemos forzarnos a creer: la razón nos dice que estaríamos poniendo nuestra fe en cosas que no existen. Por eso es que hemos dado un paso más, y aceptado que estamos aquí, en un mundo maravilloso, y que esto es lo que merece nuestra atención y reverencia, al menos hasta que muramos. La mayoría de nosotros no cree que haya ninguna evidencia de una posible vida después de la muerte, así que esta vida es la única que tendremos, y queremos vivirla, aprovecharla al máximo, y contribuir lo que podamos al mundo que nos dio a luz. Lo que haya más allá, si hay algo, no se verá afectado por lo que hagamos o dejemos de hacer aquí.
Y aun así, no vemos a las cosas de este mundo como ídolos. Contemplamos una puesta de sol y reverenciamos al astro rey, su luz enrojecida y la majestad de su fuerza; nos maravillamos ante el pelaje de un tigre o los colores de un pájaro; pero no vemos nada más allá de ellos (no nos consta en absoluto que haya algo), y no los transformamos en deidades. El sol es una bola de gas caliente, que resplandece y se autosostiene por medio de una reacción de fusión nuclear. Y también es una caricia reconfortante para sentir con los ojos cerrados, la luz que nos permite ver, los rayos ultravioleta que nos broncean (o nos queman seriamente si no tenemos cuidado) y que catalizan la producción de vitamina D en nuestros cuerpos; es una de las fuerzas que a fin de cuentas dieron vida a la Tierra. Es el sol, no nuestro dios. Y así sucesivamente.
Nadie ha visto a un Dios que esté fuera del universo. Nadie quiere realmente a un Dios más pequeño que el universo, que sea un ídolo, una cosa arbitraria del mundo. Nosotros elegimos quedarnos en el punto medio, como lo estamos en la escala del universo, entre los átomos y las galaxias. Esta posición no nos conforta ni escucha nuestras plegarias; tampoco requiere que le ofrezcamos rituales o que sigamos alguna moral específica. No es un asunto de fe, o de elección, sino meramente de auto-reconocimiento. Nos hemos dado cuenta de que estamos por nuestra cuenta, y que esto al mismo tiempo nos incluye en el todo."
El quinto, Deísmo.
Deísmo, este el quinto enemigo "moderno" de la iglesia católica, pues a pesar de que comparte los fundamentos básicos de la doctrina cristiana romana no acepta los dogmas papales, es decir, no asume las disposiciones emanadas de los dirigentes de esa confesión dictadas a perpetuar el poder "temporal" y económico del clero romano, por tanto, la iglesia católica se siente atacada en sus más profundos fundamentos, que son el poder temporal y económico. No en vano se ha autoproclamado cono única representante de Dios en este mundo, y por tanto, poseedora -según ella- de la verdad absoluta en materia de fe, pero hasta la fecha no a podido mostrar ningún decreto emanado de la Deidad que acredite esa pretensión.
El Deísmo es la creencia en un Dios creador del Universo y de sus procesos naturales a través de los cuales funciona (leyes). Se basa en la observación y el análisis racional de la naturaleza. Así pues, el Deísmo es una creencia racional en un Dios, pero sin aceptar los credos, dogmas o libros sagrados de una religión particular.
Esta sería un esquema general de las creencias comunes de los deístas. A partir de aquí y teniendo en cuenta que la versión occidental se enraíza en el racionalismo, el librepensamiento y la Ilustración, las diferencias de opiniones y creencias acerca de Dios y temas relacionados, pueden variar bastante.
La manera en que cada deísta percibe la idea de Dios es personal y subjetiva. Algunos ven a Dios como la suprema o última Realidad. Otros ven a Dios como un Ser perfecto en poder, sabiduría y bondad que es adorado como creador del Universo. Otros conciben a Dios como una Mente infinita o un principio divino incorpóreo que está por encima de todo y lo fundamenta. Otros como un Primer Motor más o menos impersonal y que se mantiene al margen. Sea como fuere que los deístas concretos entiendan a Dios, la característica común de ellos que es que Dios existe. Como no hay un credo específico, cada deísta explora estas cuestiones acerca de la naturaleza de Dios a través de su raciocinio y el debate racional con otros.
Como he comentado antes, algunos deístas creen que Dios creó el Universo, pero que se mantiene al margen de él. Sin embargo, otros deístas creen que Dios puede intervenir de algún modo en los asuntos humanos.
Las raíces del deísmo están en los antiguos filósofos griegos y en la filosofía aristotélica de la Primera Causa. El Deísmo floreció durante el Renacimiento con el soporte de científicos ingleses e italianos como Galileo y Newton; pero sobre todo durante la Ilustración, en el siglo XVII, a partir de los escritos de autores ingleses y franceses como Thomas Hobbes, John Locke, David Hume, Jean-Jacques Rousseau. y Voltaire. Al mismo tiempo con los escritos de norteamericanos como John Quincy Adams, Ethan Allen, Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, James Madison, George Washington y, sobre todo, Thomas Paine. Concretamente los principios deístas tuvieron un efecto en las estructuras políticas y religiosas U.S.A., como son la separación entre Iglesia y Estado y la libertad religiosa.
Como era previsible, estas ideas generaron duros enfrentamientos con las religiones establecidas, más que con el ateísmo, a pesar de que la filosofía deísta tiene puntos en común con los teístas de las religiones reveladas. Sin embargo, en la actualidad esta situación me parece más difusa en virtud de las tendencias más liberales de algunas iglesias o, al menos, una mayor mentalidad democrática y de tolerancia.
He de añadir que, al hablar de las raíces históricas del Deísmo, me he saltado toda la filosofía medieval, cristiana o no. Esto es lógico si nos centramos en las bases históricas del Deísmo en un sentido restrictivo, pero al compartir la creencia en Dios con estos monoteísmos, es lógico que haya habido influencia. En ese sentido, he de nombrar la influencia de todos esos filósofos y teólogos medievales y, concretamente, de Santo Tomás de Aquino, del cual "plagio" mucha de la argumentación a favor de Dios. Y, por supuesto, uso muchas ideas prestadas de filósofos cristianos.
Aunque muchos piensen que el Deísmo es suficiente, algunos prefieren combinar las ideas deístas acerca de Dios con la ética de otras religiones, encontrándose personas que se autodenominan Confucionistas deístas, cristianos deístas...
El Dalai Lama dijo: " Vivimos todos muy cerca. Así pues, nuestro principal propósito en esta vida es ayudar a los demás. Y si usted no puede ayudarles, al menos no los lastime."
Ante las personas que sufren dificultades frente a una idea de Dios muy ligada a dogmas y credos, pero les repugna el ateísmo, les propongo una cita cristiana para hacerles ver que, pase lo que pase, se puede seguir confiando en Dios y su Providencia:
"Mr. Coleridge solía insistir muy a menudo en la diferencia entre creencia y fe. Cierta vez me dijo muy en serio que, si en aquel momento le convencieran de que el Nuevo Testamento era una falsificación desde el principio hasta el fin -y ésta era una convicción cuya posibilidad no podía hacerse cargo- por grande que fuera la desolación que sentiría, no disminuiría ni jota su fe en el poder y la misericordia de Dios por alguna manifestación de su ser hacia el hombre, ya sea en el pasado, en el futuro, o en los abismos ocultos en los que no hay tiempo ni espacio."
El sexto, Racionalismo.
El Racionalismo es el sexto adversario de la iglesia católica apostólica y romana, para quienes no estén muy impuestos en esta corriente vamos a exponer algunos aspectos de la misma examinados desde una vertiente filosófica:
1. Explicación del concepto. En filosofía, bajo la denominación de "racionalismo" (del lat. ratio= razón entendimiento) se comprenden las convicciones y teorías que opinan que por medio de la razón se puede entender suficientemente la realidad y, en consecuencia, obrar "razonablemente". El racionalismo se opone al empirismo (en el plano del conocimiento), al irracionalismo (en el plano del uso de la razón) y al utilitarismo y el hedonismo (en el plano de la ética). Va también contra toda religión revelada que, como se sabe, ve la fuente del conocimiento no en la razón, sino en la revelación.
K. Popper ha introducido la distinción entre racionalismo "clásico" y racionalismo "crítico" (cf La sociedad abierta y sus enemigos, 1944).
2. El Racionalismo en la historia de la filosofía. Las primeras manifestaciones del racionalismo occidental se advierten ya en la filosofía griega, en los presocráticos. Sin embargo, el racionalismo clásico no comienza a desarrollarse hasta Sócrates, que distingue rigurosamente entre saber auténtico, mera opinión y creencia. El conocimiento auténtico se distingue de la mera opinión porque está motivado. Su verdad está asegurada con pruebas. Según Aristóteles, se da auténtico conocimiento cuando se conocen las causas por las que algo es como es. Distingue él entre conocimiento mediato (las conclusiones lógicas deducidas de supuestos primeros) y saber inmediato (conocimiento de la verdad de los primeros principios). El ejemplo clásico de semejante ideal de conocimiento lo representa la geometría euclidiana, donde de las proposiciones supremas (axiomas o postulados) se deducen lógicamente todas las demás proposiciones. Todas las proposiciones de ese sistema se presentan seguras de su verdad: las primeras por el conocimiento inmediato, las restantes por deducción lógica. Aristóteles con su concepción dejó su impronta en la alta escolástica medieval ( Tomás de Aquino), y su influjo puede rastrearse hasta la Edad Moderna.
Pero el problema básico es y sigue siendo el conocimiento inmediato de las verdades primeras. El racionalismo de la Edad Moderna intenta encontrar una respuesta. De acuerdo con esto, presenta dos formas: como intelectualismo (Descartes, Pascal, Spinoza) y empirismo (Bacon, Locke, Berkeley). El intelectualismo se designa comúnmente también racionalismo. Para él intelectualismo, la fuente del conocimiento inmediato es la intuición intelectual; en cambio, para el empirismo lo es la experiencia. Kant intenta una síntesis de intelectualismo y empirismo, sustituyendo el realismo anterior por el idealismo trascendental, que se basa en la interpelación trascendental: la cuestión de las condiciones de posibilidad del conocimiento. La certeza del conocimiento dice relación, según Kant, no a una realidad exterior, sino a las formas de la experiencia, que están determinadas por las estructuras de la facultad de conocer. Sin embargo, la solución kantiana ha tropezado con la crítica de la ciencia moderna, motivada por los "descubrimientos": primero, el descubrimiento; o de geométras no euclidianas y, segundo, por la formulación de una física no newtoniana (Einstein).
Del ideal del racionalismo clásico (certeza del conocimiento) se aparta el racionalismo crítico tal como lo estableció K. Popper en los años treinta ( Lógica de la investigación). La exigencia de un conocimiento seguro -como lo muestra Popper- es irrealizable.
Por eso el racionalismo crítico renuncia a ese ideal y propugna un falibilismo consecuente: no existe ningún conocimiento absolutamente cierto, porque el hombre puede siempre equivocarse en la solución de sus problemas cognoscitivos. La certeza del conocimiento no coincide con la aspiración a la verdad. El ideal cognoscitivo de Popper se caracteriza por la tenaz aspiración a un conocimiento del contenido que en realidad sólo posee el status de presunción. En este sentido,. Todo saber es "hipotético", lo que no ha de conducir al relativismo, ya que el conflicto de las teorías permite por lo menos un saber aproximativo. Por eso hay que someter a comprobación las teorías y hay que criticarlas. Así pues, en lugar de la- exigencia de fundamentación tenemos en el racionalismo crítico la exigencia del análisis crítico..
Por tanto, en el racionalismo crítico no se abandona la búsqueda de la verdad en el sentido de búsqueda de un conocimiento del contenido, ya que, a diferencia de Kant, se adhiere al "realismo": El racionalismo crítico se opone también a la tendencia del empirismo a afirmar la pura experiencia, que, según su concepción, no existe. La experiencia está ya siempre "empapada de teoría".
3. Racionalismo y teología moderna. En teología se entiende por "racionalismo" la concepción según la cuál la adhesión ala fe descansa en el conocimiento racional y la verdad de la fe se puede demostrar con argumentos de razón. Pero tampoco la credibilidad de la fe se puede demostrar positivamente. El concilio Vaticano I condenó reiteradamente tal racionalismo ( DS 3028, 3032, 3041). Bajo el veredicto de racionalismo cae también la opinión de que la autocomunicación de Dios verificada históricamente se puede demostrar con la palabra humana. Sin embargo, lo único demostrable es la existencia de un mensaje que afirma de sí mismo que es la palabra de Dios. Aunque esta pretensión no se puede refutar últimamente con argumentos de razón, con todo, la verdad de esta pretensión sólo puede conocerse con la fe.
La justificación de la fe ante la razón supone que se puede demostrar antes de la adhesión a la fe, que en la elección entre fe e increencla la increencia es arbitraria, y justamente por ello no puede justificarse. Mas con ello no se demuestra el carácter no arbitrario de la adhesión de la fe. Únicamente se puede probar que no está justificado el reproche de arbitrariedad hecho a la fe, y sí lo está el hecho a la increencia.
El conocimiento de la razón y el conocimiento de la fe no pueden últimamente oponerse, aunque a menudo están en una relación mutua conflictiva. El conocimiento de la razón se refiere al conocimiento general de la realidad, que se puede adquirir independientemente de la fe. El conocimiento de la fe se refiere a un conocimiento para el cual hay que recurrir a la autocomunicación de Dios. El conocimiento de la razón dice una relación ante todo negativa al conocimiento dé la fe. No puede ni demostrar la fe, ni refutarla, ni hacerla comprensible. ,Por eso la razón no tiene respecto a la fe una función de apoyo, sino más bien una función de filtro. Con esto se quiere decir, expuesto negativamente, que no se puede creer nada que contradiga a una razón que mantiene justificadamente su-autonomía. Esa razón crítica preserva a la fe de la superstición. -Y en esa razón está interesada la fe en atención a si misma. Se puede afirmar absolutamente que la fe fonienta la independencia` de la razón y que se opone a la razón (con argumentos de razón) cuando ésta contraviene sus propias leyes (lo que, por supuesto, no es ninguna prueba de la verdad dé la fe). Con la expresión una "razón iluminada por la fe" se indica el uso de la razón dentro de la fe,
El séptimo, Protestantismo.
La concepción del mundo
según las contradicciones de varias religiones nacidas de un mismo tronco:Martín Lutero, sus motivaciones, su contexto histórico, las consecuencias de su obra. El análisis fue más que nada histórico.
Sin embargo, creo que sería también interesante tratar el tema más teológico y teórico de la reforma protestante. Me refiero con esto a la visión de Dios, el mundo, la ética y la ley natural que se desarrolló a partir de la reforma luterana.
Tengo entendido que la afirmación de que el hombre se salva por la fe (y no por la fe y las buenas obras) está asentada en una profunda y radical concepción de la naturaleza humana. El protestantismo va a postular el concepto de la "naturaleza caída" (Adán, Eva, el pecado original...) según la cual, como el origen del libre albedrío es la tentación demoníaca de la serpiente en el edén (sea esto entendido literal o metafóricamente) en el fondo toda acción realizada por el hombre tiene un origen corrupto y no puede por tanto conducir a la salvación. Como la naturaleza humana es intrínsecamente perversa, nada que provenga de ella será bueno.
Por otra parte, pero en conexión con lo anterior, el protestantismo niega la trascendencia divina, postulando un universo terrenal absolutamente desligado de Dios. De ahí que el hombre no pueda conocer la ley natural (que es la expresión inmanente de la ley trascendente que es la ley divina) por su propia razón (para la escolástica, en cambio, se podía conocer la ley natural por la sóla razón porque su primer contenido es evidente: "hacer el bien y evitar el mal"). La ley divina se conoce por revelación (específicamente, en los 10 mandamientos) y el hombre no la puede conocer por la razón porque tiene una naturaleza caída y en consecuencia, una razón nublada.
Considerar que el tema tiene importancia porque esta visión del mundo tendrá mucha influencia en el futuro.
La concepción de la naturaleza humana como caída y la perversión de las pasiones es un tema que estará presente en muchas corrientes de pensamiento, por ejemplo, en Kant, que afirmó que las pasiones son una enfermedad del alma, y que cambió la ética trasladando su foco desde el bien hasta el deber. También el puritanismo se vio influenciado por esto.
Por otra parte, negar la transcendencia divina y la teoría de la participación es algo que luego heredó el racionalismo, al afirmar que Dios sólo estuvo en el origen del mundo y que después se desligó de él, como quien hecha a andar una máquina.
La visión católica
Siempre me ha parecido que una de las mejores maneras de conocer y de percatarse y apreciar las sutilezas una doctrina religiosa o una corriente filosófica es por el contraste con las doctrinas y corrientes contrarias a ellas.
A continuación va un intento de resumen, bastante tosco, de la concepción católica del mundo. Esta concepción ha sido desarrollada principalmente por la escolástica que se basa a su vez en el pensamiento aristotélico. No tiene en sí misma, en lo sustancial, ninguna afirmación que la haga "católica", sólo el hecho de que el pensamiento católico la ha adoptado, pero podría ser perfectamente asumida, por ejemplo, por un musulmán. Aquí va mi intento de resumen:
- Hereda del pensamiento aristotélico el concepto de la naturaleza racional del hombre. El hombre como un animal dotado de inteligencia y voluntad. El bien es lo que perfecciona a los entes (perfeccionar es poner en acto lo que estaba en potencia) El bien específico del hombre es el desarrollo de sus potencias espirituales y hacia él debe tender. El bien humano es la felicidad del hombre que se alcanza a través de la virtud. El hombre virtuoso es el hombre feliz. Las pasiones son movimientos del alma sensible, las compartimos con los animales. Buscan el placer y evitan el dolor. No son en sí mismas malas (como en la concepción protestante) pero deben estar ordenadas y moderadas por la razón. El hombre virtuoso (y feliz) ha educado sus pasiones de tal manera que siente placer al hacer el bien y dolor al hacer el mal. Así el hombre virtuoso no queda escindido entre pasión y razón y puede actuar y vivir armoniosamente.
-El conocimiento de Dios es posible a través de la razón natural, esto, sin necesidad de la fe (esto tb es negado por el protestantismo) Sto. Tomás hizo una demostración de la existencia de Dios a través de sus 5 vías. Se desprenden de estas vías algunas consecuencias: Dios es causa de todos los entes y de todas sus perfecciones. Dios es acto puro, sin potencia, está plenamente en acto. Dios es análogo a sus criaturas, por cuanto que todas las criaturas son por causa suya y nada da lo que no tiene, de manera que todo lo que está en las criaturas está precontenido en Él (el protestantismo, en cambio, niega toda semejanza entre el mundo sensible y Dios). Dios conoce a las criaturas y porque las conoce y las quiere, ellas son. Pero Dios no quiere cosas absurdas. Se establece así un primacía de la razón por sobre la voluntad divina. Por último, Dios ordena las cosas a su fin (porque es razonable) y ese orden es la ley natural, que los seres irracionales siguen necesariamente y los hombres, en virtud de su libertad, voluntariamente, con posibilidad de desobedecer.
La tesis del cardenal Newman
La Iglesia Católica es la verdadera heredera de la Iglesia primitiva.
Estas palabras no tendrían más relevancia si no provinieran de quien provienen. Cualquier católico dirá que la Iglesia Católica es la verdadera Iglesia; lo mismo dirá cualquier protestante de sus creencias; lo mismo un ortodoxo. Pero estas palabras provienen del cardenal Newman, un pastor anglicano radicalmente crítico con la Iglesia Católica (identificando incluso al Papa con el Anticristo) y que abrazó el Catolicismo posteriormente, negando todos sus escritos anteriores. Prácticamente su conversión podría calificarse de milagrosa.
Newman, que llegó a ser cardenal católico, tiene bastantes semejanzas con Lutero: crítico mordaz con la Iglesia, cree en la salvación de las almas únicamente por acción de la fe, etc. Pero finalmente apreció el cambio existente entre la época de Lutero y su época. La Iglesia Católica había cambiado. Ya Roma no era el mundo pecaminoso que condenaba Lutero, ya no eran sus sacerdotes esos reyezuelos que vivían en lujo, yendo a grandes fiestas organizadas por el Papa. La Iglesia había cambiado. Se acercó a ella irresistiblemente. Como Lutero, él fue expulsado de su Iglesia (la anglicana); él sufrió la condena de sus familiares, que pensaban que estaba loco. Pero fue más fuerte su fe y su búsqueda de la verdad. Pocos hombres renuncian a sus creencias, incluso a las más ínfimas (las supersticiones y los prejuicios). Su vida permite la reflexión.
Todo este párrafo justifica en parte cuál de las dos creencias es la verdadera. Newman era teólogo, lo que permite una visión de Dios y de la realidad distinta a los que no saben o tienen pocas nociones teológicas.
En sí hay una idea totalmente absurda en el protentastismo (sobre todo, como usted muy bien ha indicado, en el puritanismo): la salvación sólo depende de la fe. Lo absurdo del planteamiento es que los puritanos lo toman como verdad literal y radical, lo que lleva a paradojas como un asesino en serie ama a Dios sobre todas las cosas pero no respeta al prójimo porque mata compulsivamente sin remordimientos, lo que va en contra de la ley de Dios (Amar al prójimo como a ti mismo). Pero también hay ideas recogidas posteriormente por la tradición cristiana católica como enseñar a pescar en vez de dar el pez.
En crítica de la razón práctica Kant asegura que debe obrarse según el deber (lo cual reconocen las tres grandes religiones monoteístas). Sin embargo el deber una vez hecho, debe evaluarse con la ley fundamental de la razón práctica (obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre como principio de voluntad universal). Si no se verifica debe ponerse todo el empeño en corregir la acción en el futuro, en los ratos libres, es decir, cuando no se cumpla ninguna obligación (véase Crítica de la Razón práctica, ejemplo del soldado).
El deber es algo que normalmente se usa en tono peyorativo (como algo que no nos gusta hacer, como algo de lo que escapar). Pero esta concepción es totalmente falsa. Matar a alguien por deber puede serlo, pero amar a los hijos es un deber gratificante. El deber no tiene por qué estar reñido con el placer, cosa que los protestantes no admiten. El deber no es matar, extorsionar, sufrir, etc. sino también amar, consolar, agradecer, invitar de corazón, etc.
Error metodológico
En primer lugar, tomar toda una religión, toda una visión del mundo y tirarla a la basura sin mayores miramientos parece una falta de criterio. No hay ningún problema con que una doctrina, una religión o una corriente filosófica aparezca mal enfocada, simplemente errónea o francamente aberrante en su totalidad, pero siempre y cuando la conozcas a cabalidad y con alguna profundidad. Pero ese no parece ser el caso. Por ejemplo: Al hablar de que el saber desarrollado por occidente es un saber que propone "el objeto y sujeto que nos trae a donde estamos ahora: Sujetos haciendo objetos de otros sujetos, al explotarlos y alienarnos para su propio beneficio". Es un párrafo muy cliché que desconoce la realidad del origen del conocimiento científico en occidente: Ni en Grecia ni en la Edad Media se concibió nunca al conocimiento científico y filosófico como ligado con el conocimiento técnico. La ciencia, al igual que la filosofía (que en ese entonces no estaba disociada de la ciencia) no tenía ninguna utilidad. Era considerada, al igual que la filosofía, un bien en sí misma, y el hombre no obtenía el conocimiento para alcanzar mediante ella otros bienes. Un griego o un medieval hacía ciencia con el mismo objetivo que con el que nosotros hacemos filosofía. Fue con la llegada de la modernidad que el europeo se dio cuenta de que podía utilizar el conocimiento científico a su favor. Fueron Leonardo y Galileo los que consolidaron la unión típicamente moderna de "ciencia y tecnología". Así, un pensador de la antigüedad clásica no habría visto nunca ninguna relación entre el saber y una "técnica de dominación social" como la que se propone. Por otra parte, conceptos y descubrimientos como la democracia, los derechos humanos, el Estado de derecho, el constitucionalismo o la igualdad sustancial entre las personas, son conceptos típicamente occidentales, propuestos por occidentales e implantados originalmente en países occidentales.
Protestantes, católicos, mormones, cosas de hombres!!!
Por que cuestionarnos entre nosotros cuando la verdad esta escrita pero nadie quiere leerla. Hace cuanto tiempo dejo la iglesia católica la Biblia? porque los mormones y los testigos de Jehova usan literatura adicional?
Porque la gente prefiere escuchar comentarios sobre la Biblia, y quedarse con el que más le gusta.
Quienes protestaron encontraron la verdad y dieron su vida por ella. Pero nadie se "las comentaron" ellos fueron a buscarla.
Se puede advertir en ella unos elementos típicos del protestantismo: Considerar la Biblia como la única fuente de revelación, en contraposición a la "sagrada tradición" de la Iglesia Católica o la literatura adicional de los mormones y testigos de Jehová. Es una cuestión de fe y en contra de la fe no caben racionamientos y menos argumentos de credos extraños. Por supuesto, todos tienen derecho a creer que lo que creen es la verdad y que la fe propia es la verdadera, es natural que así sea. Por lo mismo no me parece adecuado tratar de convencer (distinto de "dar a conocer") a los demás de la verdad de la propia religión.
Pero cuando el racionamiento no se hace en contra, sino que a partir de la verdad revelada o con independencia de ella el diálogo se hace posible. Pero aquí el protestantismo tiene una particularidad. Como cree que la naturaleza humana es una naturaleza caída, niega la posibilidad de llegar a la concepción de Dios si no es por la vía de la revelación. Como se puede ver, no se trata aquí de la exclusividad de la Biblia como fuente de verdad revelada, porque en el pensamiento católico el camino de la razón natural hacia la aprehensión de la realidad de Dios no es considerado "revelación". Según la escolástica, la razón natural por sí sola, por ejemplo, no puede llegar a la necesidad de un Mesías, un Dios encarnado, un juicio final, etc. Otro ejemplo al respecto dice relación con la conexión entre ética y "revelación". El protestantismo niega la posibilidad de conocer la ley natural por la sola razón sin la revelación e identifica la mencionada ley con los 10 mandamientos: El hombre por sí mismo no puede encontrar la verdad sobre el bien y el mal, por lo que Dios le envía su ley y de esta manera lo salva.
Como se puede ver, habría que distinguir dos postulados protestantes diferentes: por una parte, la exclusividad de la Biblia como fuente de revelación frente a otras fuentes y por otra, su exclusividad en materias de ética y de conocimiento de Dios frente a fuentes no reveladas, como la razón cuando actúa con independencia de la fe. Ambos elementos pueden ser advertidos en tu mensaje, sólo hacía falta distinguirlos (Santo Tomás decía que "el que no distingue, confunde").
Para un protestante el primer postulado es una cuestión de fe. El segundo tiene que ver más bien con su cosmovisión.
No es posible generalizar de tal forma que entendamos que existe una "concepción protestante del mundo", es posible que existan antecedentes histórico/culturales comunes en las naciones en las que actualmente el protestantismo (y todavía dividido no se en cuantas denominaciones) es mayoría como religión, pero definitivamente es un error considerar a todas estas naciones como un bloque homogéneo de pensamiento y orientación filosófica. A veces pienso que más bien que el protestantismo funcionara en su momento como un factor aglutinante y motor social en las naciones protestantes, lo que sucedió es que las características de dichas naciones fueron simplemente terreno más fértil debido a otros antecedentes históricos y culturales comunes, para el asentamiento de las ideas reformistas. A ver si no estoy siendo muy confuso, trato de decir que el protestantismo no es la "causa" de que ciertas naciones sean hoy como son, sino es solo una "consecuencia" de que al momento de la reforma hayan sido como eran.
El octavo, Socialismo.
El socialismo es incompatible con la doctrina católica, bien por su concepción del universo y del hombre, bien porque alcanza a dos instituciones que son pilares de la civilización cristiana, esto es, la propiedad y la familia.
Por el simple hecho de ser hostil a la propiedad y a la familia, el socialismo sería incompatible con la doctrina católica, aun cuando no tuviera una concepción errónea del universo y del hombre. Es este un hecho que resalta, y sobre el cual, por la importancia que tiene, volveremos en este capítulo.
Si tal es la incompatibilidad entre el socialismo y la Religión Católica, preguntará tal vez el lector ¿cómo explicar que los Papas hayan hablado tanto contra el comunismo y nunca, o casi nada, sobre el socialismo? Existe en esto un equívoco. Los textos pontificios contra el socialismo son muy numerosos.
Antes de transcribir algunos de ellos conviene hacer una distinción entre los diversos sentidos que viene recibiendo la palabra "socialismo".
Dicho vocablo tiene hoy aplicaciones muy variadas que van desde el rojo intenso del "socialismo marxista" hasta el rosado diluido, casi blanco, del "socialismo cristiano" o "socialismo católico". y no es raro encontrar, reivindicando el rotulo socialista para sus ideas, ya sea comunistas declarados, o izquierdistas mucho menos radicales, o bien, en fin, burgueses sin tendencias políticas o sociales definidas, pero de índole tranquila y de sensibilidad humanitaria y naturalista un tanto coloreada de influencia cristiana.
A toda esta gama de personas, la afirmación de que el socialismo está condenado por la Iglesia puede causar extrañeza.
a) Los Papas condenan el socialismo:
Textos Pontificios esclarecedores
El socialismo comenzó a tener una importancia particular desde el pontificado de Pío IX (1846-1878).Comenzamos con un texto de este Papa.
Pío IX,"Noscitis et Nobiscum", 1849
Trastorno absoluto de todo orden humano."
"...tampoco desconocéis, Venerables Hermanos, que los principales autores de esta tan abominable intriga, no se proponen otra cosa que impulsar a los pueblos, agitados ya por toda clase de vientos de perversidad, al trastorno absoluto de todo orden humano de las cosas, ya entregarlos a los criminales sistemas del nuevo Socialismo y Comunismo" (1) .
León XIII, "Quod Apostolici Muneris", 1878
León XIII, su sucesor (1878-1903), se inmortalizó por la sabiduría con que trató la cuestión social, y por el afecto paterno que manifestó a los obreros, sujetos entonces en gran parte, a una inmerecida pobreza. Llegó a decirse que el gran Papa puso las bases del llamado socialismo cristiano. Error flagrante: en los documentos de León XIII, el socialismo es objeto de condenaciones frecuentes, graves, incisivas. Veamos algunas:
Secta destructora de la sociedad civil
"...aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas, esparcidos por todo el orbe, y estrechamente coligados entre sí por inicua federación, ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en llevar a cabo el plan, que tiempo ha concibieron, de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil. Estos son ciertamente los que, según atestiguan las divinas páginas, 'mancillan la carne, desprecian la dominación y blasfeman de la majestad' (Jdt. epist. v. 8)" (4).
Secta pestífera.
"A todos, finalmente, es manifiesto con cuán graves palabras y cuánta firmeza y constancia de ánimo nuestro glorioso predecesor Pío IX, de f. m., ha combatido, ya en diversas alocuciones tenidas, ya en encíclicas dadas a los Obispos de todo el orbe, contra los inicuos intentos de las sectas, y señaladamente contra la peste del socialismo, que ya estaba naciendo de ellas" (5) .
"Secta abominable:"
"Poned, además, sumo cuidado en que los hijos de la Iglesia católica no den su nombre a la abominable secta ni le hagan favor bajo ningún pretexto" (7).
Planta siniestra
..."la Iglesia del Dios vivo, que es 'columna y fundamento de la verdad" (1 Tim. 2, 15), enseña aquellas doctrinas y preceptos con que se atiende de modo conveniente al bienestar y vida tranquila de la sociedad y se arranca de raíz la planta siniestra del socialismo" (10).
Mortal pestilencia
"Los comunistas, los socialistas y los nihilistas son una "mortal pestilencia que serpentea por las más intimas entrañas de la sociedad humana y la conduce al peligro extremo de ruina" (11).
Negación de las leyes humanas y divinas.
"Los socialistas, los comunistas y los nihilistas... nada dejan intacto o íntegro de lo que por las leyes humanas y divinas está sabiamente determinado para la seguridad y decoro de la vida" (12).
El socialismo diverge diametralmente de la Religión Católica
"...aunque los socialistas, abusando del mismo Evangelio para engañar más fácilmente a los incautos, acostumbran a forzarlo adaptándolo a sus intenciones, con todo hay tan grande diferencia entre sus perversos dogmas y la purísima doctrina de Cristo, que no puede ser mayor. Porque,'¿qué participación puede haber de la justicia con la iniquidad, o qué consorcio de la luz con las tinieblas?'". (13)
León XIII, "Diuturnum lllud", 1881
"Mal horrendo"
"...Comunismo, Socialismo y Nihilismo, horrendos males y casi muerte de la sociedad civil" (2).
León XIII,"Humanum Genus", 1884
"Ruina de todas las cosas"
"Porque suprimido el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, menospreciada la autoridad de los príncipes, consentida y legitimada la manía de las revoluciones, sueltas con la mayor licencia las pasiones populares, sin otro freno que el castigo, ha de seguirse necesariamente el trastorno y la ruina de todas las cosas. Y aún precisamente esta ruina y trastorno es lo que, a conciencia maquinan y expresamente proclaman unidas las masas de comunistas y socialistas." (3).
León XIII, "Libertas Praestantíssimum", 1888
Turba demoledora.
"...los socialistas y otras turbas de sediciosos, que porfiadamente maquinan por conmover hasta en sus cimientos las naciones" (6).
León XIII,"Graves de Communi",1901
Enemigo de la sociedad y de la Religión
"...tenemos necesidad de corazones audaces y de fuerzas unidas, en una época en que la mies de dolores que se desenvuelve ante nuestros ojos es demasiado vasta, y en que se van acumulando sobre nuestras cabezas formidables peligros de perturbaciones ruinosas, en razón, principalmente, del poder creciente del socialismo. Esos socialistas se insinúan hábilmente en el corazón de la sociedad. En las tinieblas de sus reuniones secretas, a la luz del día, con la palabra y con la pluma, incitan las muchedumbres a la sedición; rechazada la disciplina de la religión, descuidan los deberes, exaltando solamente los derechos, y atraen a las multitudes de necesitados, de día en día más numerosos, que, por causa de las dificultades de la vida, son más fácilmente seducidos y arrastrados al error. Se trata al mismo tiempo de la sociedad y de la Religión. Todos los buenos ciudadanos deben tomar a pecho salvaguardar una y otra con honra." (8)
Peligro para los bienes materiales, la moral y la Religión
"...era de Nuestro deber, advertir públicamente a los católicos sobre el grave error que se oculta bajo las teorías del socialismo y del gran peligro que de ahí resulta, no solo para los bienes exteriores de la vida, sino también para la integridad de las costumbres y para la Religión." (9).
b) Las condenaciones pontificias no abarcan solamente al socialismo radical:
Pero, de León XIII a nuestros días la palabra "socialismo" se fue extendiendo paulatinamente, llegando a abarcar sistemas que tienen algo de afinidad con el socialismo que llamaríamos "pleno", pero que son, sin embargo, distintos a él en alguna forma. Hay, por ejemplo, escuelas socialistas que procuran confinarse en el campo social y económico absteniéndose de cualquier presupuesto religioso o filosófico. Estas escuelas tienen presentes solamente los problemas de producción y consumo, afectando dar a sus adeptos la mayor libertad de opinión en lo demás. Sin embargo, en realidad, también este socialismo es incompatible con la doctrina católica. Pues, aparentando no tomar posición filosófica o religiosa, en el fondo es materialista, pues quiere organizar la sociedad y la economía como si en el mundo sólo hubiese materia, y solamente tuvieran importancia los problemas de la materia.
Socialismo moderado
Hay aún otras escuelas, que también se titulan socialistas, pero que difieren en dos aspectos del socialismo tal como éste se presentaba en tiempo de Pío IX y León XIII :
1. En cuanto a sus objetivos, no pretenden una socialización (*) completa de todos los campos de la existencia humana, sino sólo de algunos de ellos, a veces de muy pocos;
2. En cuanto a los métodos, no desean transformaciones sociales bruscas y violentas, sino graduales y pacíficas.
Estas escuelas o corrientes - comparadas con el socialismo radical y absoluto, con el socialismo marxista, por ejemplo - tienen un aspecto evidentemente atenuado. Entretanto, también ellas son inconciliables con la doctrina católica.
Las reformas propuestas por esos matices socialistas - unas más moderadas, otras menos -miran, si no a la abolición total de la iniciativa privada y de la propiedad particular, por lo menos a la limitación de una y de otra, en medida incompatible con la naturaleza del hombre
Socialismo "católico"
Igual censura se puede hacer a la variante socialista de carácter distribucionista y rótulo cristiano, que considera la sociedad como el fin del hombre. De conformidad con esta es- cuela, toda producción que excediera de las necesidades de cada familia, en lugar de formar el patrimonio familiar, iría a la colectividad. Como se ve, para este sistema, la familia, considerada como unidad de producción, mira solamente a la subsistencia; error que impide economizar, pues el superávit de esa producción es patrimonio de la sociedad. Este sistema socializa la producción.
De una manera general, los socialistas llamados católicos o cristianos, aceptan la disociación entre los fundamentos filosóficos del socialismo y sus aspectos económicos y sociales. Rechazan aquellos y admiten éstos, por lo menos en cierta medida. y fiados en que la victoria de un socialismo moderado no acarree persecuciones a la Religión, an,helan la llegada de un orden de cosas socialista y cristiano. Con lo que anteriormente dijimos, los errores de este sistema ya quedaron señalados.
Para corroborar a los católicos en la condenación de las escuelas socialistas "moderadas", "cristianas" o "católicas", la Encíclica "Quadragesimo Anno" fue de gran valor. En ella enuncia Pío XI, con toda claridad, el problema que surge de la pluralidad de sentidos que, después de León XIII, fue tomando la palabra, "socialismo".
Pío XI, "Quadragesimo Anno", 1931
La bifurcación del socialismo
Historiando la evolución del término "socialismo", escribe el Papa: "No menos profunda que la del régimen económico es la transformación que desde León XIII ha sufrido el socialismo, con quien principalmente tuvo que luchar Nuestro Antecesor. Entonces podía considerarse todavía sensiblemente único, con una doctrina definida y bien sistematizada ; pero luego se ha dividido principalmente en dos partes, casi siempre contrarias y llenas de odio mutuo, sin que ninguna de las dos reniegue del fundamento anticristiano, propio del socialismo" (17) .
El comunismo
"Una parte del socialismo sufrió un cambio semejante al que indicábamos antes respecto a la economía capitalista, y dio en el comunismo. Enseña y pretende, no oculta y disimuladamente, sino clara y abiertamente, y por todos los medios, aun los más violentos, dos cosas: la lucha de clases encarnizada y la desaparición completa de la propiedad privada". (18).
El socialismo moderado
Después de varias consideraciones sobre el comunismo, el Pontífice prosigue hablando de la facción moderada del socialismo: "La parte que se ha quedado con el nombre de socialismo es ciertamente más moderada, pues no sólo profesa que ha de suprimirse toda violencia, sino que, aun sin rechazar la lucha de clases y la abolición de la propiedad privada, las suaviza y modera de alguna manera. Diríase que, aterrado por sus principios y por las consecuencias que se siguen del comunismo, el socialismo se inclina y en cierto modo avanza hacia las verdades que la tradición cristiana ha enseñado siempre solemnemente, pues no se puede negar que sus peticiones se acercan muchas veces a las de quienes desean reformar la sociedad conforme a los principios cristianos.
La lucha de clases, sin enemistades y odios mutuos, poco a poco se transforma en una como discusión honesta, infundada en el amor a la justicia; ciertamente, no es aquella bienaventurada paz social que todos deseamos, pero puede y debe ser el principio de donde se llegue a la mutua cooperación de las profesiones. La misma guerra a la propiedad privada se restringe cada vez más y se suaviza de tal modo que, al fin, ya no es la posesión misma de los medios de producción lo que se ataca, sino cierto predominio social que contra todo derecho se ha tomado y arrogado la propiedad. Y de hecho, semejante poder no pertenece a los que poseen, sino a la potestad pública. De este modo se puede llegar insensiblemente hasta el punto de que estos postulados del socialismo moderado no difieran de los anhelos y peticiones de quienes desean reformar la sociedad humana fundándose en los principios cristianos. En verdad que con toda razón se puede defender que se pueden legítimamente reservar a los poderes públicos ciertas categorías de bienes, aquellos que llevan consigo tal preponderancia económica que no se podría, sin poner en peligro el bien común dejarlos en manos de los particulares.
Estos deseos y postulados justos ya nada contienen contrario a la verdad cristiana, ni tampoco son, en verdad, reivindicaciones propias del socialismo. Por tanto, quienes solamente pretendan eso, no tienen por que agregarse al socialismo (19)."
Falsa conciliación
"Pero no vaya alguno a creer que los partidos o grupos socialistas, que no son comunistas, se contenten todos, de hecho o de palabra, con eso sólo. Los más llegan a suavizar en alguna manera la lucha de clases o la abolición de la propiedad, no a rechazarlas.
Ahora bien; esta mitigación, y como olvido de los falsos principios, hace surgir, o mejor, a algunos les ha hecho plantear indebidamente esta cuestión; la conveniencia de suavizar o atemperar los principios de la verdad cristiana, para salir al paso del socialismo y convenir con él en un camino intermedio. Hay quienes se ilusionan con la aparente esperanza de que así vendrán a nosotros los socialistas. ¡Vana esperanza! Los que quieran ser apóstoles entre los socialistas, deben confesar abierta y sinceramente la verdad cristiana plena e integra, sin connivencias de ninguna clase con el error.
Procuren primeramente, si quieren ser verdaderos anunciadores del Evangelio, demostrar a los socialistas que sus postulados, en lo que tienen de justos, se defienden con mucha mayor fuerza desde el campo de los principios de la fe cristiana y se promueven más eficazmente por la fuer- za de la caridad cristiana) (20).
Una quimera: el bautismo del socialismo
"Pero, ¿qué decir en el caso de que el socialismo de tal manera se modere y se enmiende en lo tocante a la lucha de clases ya la propiedad privada, que no se le pueda ya reprender nada en estos puntos? ¿Acaso con ello abdicó ya de su naturaleza anticristiana? ... El socialismo, ya se considere como doctrina, ya como hecho histórico, ya como "acción", si sigue siendo verdaderamente socialismo, aún después de sus concesiones a la verdad y a la justicia en, los puntos de que hemos hecho mención, es incompatible con los dogmas de la Iglesia católica, porque su manera de concebir la sociedad se opone diametralmente a La verdad cristiana.
Según la doctrina cristiana, el hombre, dotado de naturaleza social, ha sido puesto en la tierra para que, viviendo en sociedad y bajo una autoridad ordenada por Dios (Cfr. Rom. 13, 1) cultive y desarrolle plenamente todas sus facultades para gloria y alabanza de su Creador; y cumpliendo fielmente los deberes de su profesión o de su vocación, sea cual fuere, logre la felicidad temporal y juntamente la eterna. El socialismo, por lo contrario, completamente ignorante y descuidado de tan sublime fin del mundo y de la sociedad, pretende que la sociedad humana no tiene otro fin que el puro bienestar material.
La división ordenada del trabajo es mucho más eficaz para la producción de los bienes que los esfuerzos aislados de los particulares; de ahí deducen los socialistas la necesidad de que la actividad económica (en la cual sólo consideran el fin material) proceda socialmente. Los hombres, dicen ellos, haciendo honor a esta necesidad real, están obligados a entregarse y sujetarse totalmente a la sociedad en orden a la producción de los bienes. Más aún, es tanta la estima que tienen de la posesión del mayor número posible de bienes con qué satisfacer las comodidades de esta vida, que ante ella deben ceder y aun inmolarse los bienes más elevados del hombre, sin exceptuar la misma libertad, en aras de una eficacísima producción de bienes. Piensan que la abundancia de bienes que ha de recibir cada uno en ese sistema para emplearlo a su placer en las comodidades y necesidades de la vida, fácilmente compensa la disminución de la dignidad humana, a la cual se llega en el proceso 'socializado' de la producción. Una sociedad cual la ve el socialismo, por una parte, no puede existir ni concebirse sin el empleo de una gran violencia, y por otra, entroniza una falsa licencia, puesto que en ella no existe verdadera autoridad social; ésta, en efecto, no puede basarse en las ventajas materiales y temporales. sino que procede de Dios, Creador y último fin de todas las cosas (Encíclica Diuturnum)" (21).
Socialismo cristiano, una contradicción
"Si acaso el socialismo, como todos los errores, tiene una parte de verdad (lo cual nunca han negado los Sumos Pontífices), el concepto de la sociedad que le es característico y sobre el cual descansa, es inconciliable con el verdadero cristianismo. Socialismo religioso, socialismo cristiano, son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero" (22).
Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 1965
"...Por este motivo hay que calificar de falsas tanto las doctrinas que se oponen a las reformas indispensables en nombre de una falsa libertad como las que sacrifican los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción."(23)
El noveno, Comunismo.
El noveno enemigo a batir por el catolicismo es el comunismo, ideología política que propugna entre otros postulados la autogestión de los medio de producción. Surgió a principios del siglo XIX, como respuesta al nacimiento y desarrollo del capitalismo moderno.
En la teoría, estas sociedades permiten el reparto equitativo de todo el trabajo en función de la habilidad, y de todos los beneficios en función de las necesidades.
La sociedad comunista suponen que, en último término, no se necesita que haya un gobierno coercitivo y, por lo tanto, la sociedad comunista no tendría por qué tener legisladores.
El comunismo debe luchar, por medio de la revolución, para lograr la abolición de la propiedad privada; la responsabilidad de satisfacer las necesidades públicas recae, pues, en el Estado.
El concepto comunista de la sociedad ideal tiene lejanos antecedentes, incluyendo La República de Platón y las primeras comunidades cristianas. Fue la base de una serie de afirmaciones utópicas; sin embargo, casi todos estos primeros experimentos comunistas fracasaron; realizados a pequeña escala, implicaban la cooperación voluntaria y todos los miembros de las comunidades creadas participaban en el proceso de gobierno. Al fracaso del comunismo no ha sido ajena la iglesia católica, no sólo mediante una continua labor de zapa, sino en alianzas abiertas como la mantenida por el Papa Juan Pablo II, y el Presidente norteamericano Richard Nixon con la cual consiguieron debilitar el sistema económico y político de la Unión Soviética hasta su derribo, como bien recoge nuestra compañera Acerina refiriéndose al Papa Juan Pablo II: "se "nos fue" el responsable, entre otras cosas, de llevar a la muerte segura a miles de personas, sobre todo niños en la masacrada URSS, al desmantelar sin alternativa, una seguridad social como pocas, una educación como pocas, dejando a éste pueblo merced de las mafias que él nunca denunció. Estoy segura de que su sucesor será otro traidor a las enseñanzas del cristianismo, será otra pastillita de soma en el mundo de la idiotización global".
Quizás el primer comunista de la historia fue Jesús el Cristo, o por lo menos esto es lo que se deduce de la lectura de algunos pasajes del Nuevo Testamento. Las primeras comunidades cristianas practicaron este sistema comunal del reparto de los beneficios del trabajo, este aspecto como en otros muchos que fueron básicos en los fundamentos doctrinales de los primeros seguidores de Jesús, fueron soslayado por la iglesia de Roma conforme esta fue copando cotas de poder "temporal". No en vano el sofisma más empleados por la iglesia católica es aquello de: "A Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar", entendiéndose que en este caso Dios esta representado por quienes se han autoerégidos sus portavoces en la tierra, es decir, por el clero romano dueños en la actualidad de grandes sectores productivos, como lo fueron hasta no hace mucho tiempo de más de la mitad de las tierras productivas en los países situados bajo su orbita. Por otra parte, la mayoría de los gobernantes y dirigentes del denominado mundo occidental así como los dirigentes empresariales son fieles de la iglesia católica, por tanto, es prácticamente imposible que esa institución pueda desarrollar una política de justicia social soslayando esta posibilidad por el concepto de "limosna", o "caridad".
El capitalismo sustentado por el Vaticano, es una economía que mantienen las poderosas relaciones que reduce a los trabajadores a ser menos autónomos a quien se les niega el valor y la dignidad de su trabajo que busca por encima de todo el crecimiento de los mercados y de sus ganancias. El capital es la propiedad que lo produce. Los mercados después de todo brotan esporádicamente. Estas tendencias inexorables hacia una mayor especialización y más complicadas formas de comercio, alimentación, por nuestro impulso universal de satisfacer nuestros deseos con el mínimo esfuerzo y conducirán a un mercado, en que los trabajadores encontrarán que es mejor cambiar su trabajo por un salario.. Estos incluirán por supuesto elementos como dirección y capital con ganancias. El capitalismo permite a la gente poseer cualquier cosa que produzca ganancia como el mercado libre y la competencia. Los capitalistas buscan ganancias mientras que la competencia obtiene menos ganancia. La competencia siempre tiene que rebajar los precios al mínimo que el vendedor pueda obtener por su producción. Mientras que los propietarios elevan el mercado libre en general en sus propios negocios buscan limitar la competencia como puedan. La gente busca satisfacer sus deseos con el mínimo esfuerzo, también los empresarios buscan ganar el máximo del mínimo trabajo y riesgo. Y el ingreso proviene del trabajo (como renta de la tierra o ingreso de monopolio).
Así los empresarios buscan capturar la renta donde quiera que puedan especialmente en tres campos principales que son: Comercial: Es el que se dedica a la compra y venta de mercancías. Industrial: Es el que se dedica a fabricar los artículos. Financiero: Es el que se dedica a prestar dinero a la industria y al comercio.
En fin, como decía un cura de mi pueblo dueño de un extenso y bien provisto granero, "Hermano, una cosa es predicar y otras bien distinta es dar trigo".
El décimo, Sindicalismo.
La décima" bestia negra" que la iglesia católica romana como fiel aliada del capitalismo inhumano y explotador combate con todas las armas a su alcance es el sindicalismo: "Lamentamos ...que una llaga verdaderamente profunda haya herido el cuerpo social desde que se comenzó a descuidar los deberes y las virtudes que fueron el ornamento de la vida simple y común... Los operarios se separaron de su propio ministerio, huyen del trabajo, y, descontentos con su suerte, levantan su mirada a metas demasiado altas y aspiran a una inconsiderada repartición de bienes." (León XIII, Encíclica Laetitiae Sanctae)
La iglesia católica es y ha sido hipócrita y anacrónica. Ni siquiera creen en una verdadera educación de la gente, casi siempre van a contramano del progreso, y serían muy felices si todavía viviéramos en la edad media (reconozcamos que en los países donde son un factor de poder, como en Canarias aún existe una especie de feudalismo suavizado).
Y son esas mismas jerarquías eclesiásticas las que miran para otro lado cuando hay desaparecidos o cuando hay represión, golpes de estado cruentos, invasión de otros países etc. Y las que, cuando aparecen aires renovadores dentro de la iglesia, se encargan de eliminarlos de raíz.
Sin embargo, nobleza obliga, quiero rescatar a aquellos sacerdotes de la iglesia que tienen y tuvieron una posición tomada al lado de la gente que sufre. Aunque esos curas, lamentablemente, no son ni serán nunca miembros de la jerarquía eclesiástica porque, simplemente, no los van a dejar. Además, no sólo son países muy pobres, sino que, encima, la jerarquía eclesiástica es un factor dominante y de poder que se encarga de mantener tranquilos a los pobres con argumentos del tipo "de los pobres será el reino de los cielos" y otras cosas así, sumiendo en la ignorancia y el conformismo a la gente que dicen "amar". Si vamos un poco mas atrás en el tiempo, podemos darnos cuenta de que ha sido así a lo largo de la historia, por ejemplo, la única cultura antigua que desarrollo la filosofía (no digo pensamiento) fueron los griegos, estamos de acuerdo conque el inicio de la filosofía fue gracias a los griegos, en fin, esto es porque no tenían una clase sacerdotal, y porque no tenían una religión que impusiera sus dogmas cual verdades universales; Además sus dioses eran humanos, odiaban, amaban, tenían celos, lujuria, etc. Después, los romanos tomaron exactamente los mismos dioses, pero con otros nombres.
Cuando el catolicismo comenzó a dominar al mundo trayendo desgracia y muertes la iglesia tuvo la ignorancia e intolerancia de tachar esos mismos dioses de demonios malignos. Los daños y los horrores que ha traído la religión católica a la humanidad son indescriptibles, no han hecho ningún bien en el ámbito social, y los que vengan a decir que "personalmente han encontrado paz, etc. etc., y toda la misma perorata que dicen todos" son unos egoístas que no piensan en los demás, que no piensan en la sociedad y que no quieren revisar un poco la historia y leer algún libro que sea contrario a sus creencias. Que mal si Jesús se enterara de que han cometido asesinatos en su nombre que su iglesia es lucrativa, y que su religión es usada para dominar a la gente. Este mundo occidental influenciado por el Vaticano es de lo peor y casi todo se lo debemos a la religión cristiana.
Según ella (la iglesia romana) enseña, "las magnificencias de la naturaleza y del arte, bien utilizadas por el hombre temperante, constituyen medios de elevarlo a Dios. Sin duda fueron utilizadas en este sentido por muchas personas que vivieron en medio de objetos del más exquisito lujo, y hoy están en la gloria de los altares: Papas, Reyes, Cardenales, Príncipes, nobles y otros grandes de la tierra. Si el hombre debiera alejarse de todo cuanto para un alma equilibrada constituye ocasión remota, y no próxima, de pecado - no sólo los bienes placenteros del arte o de la industria, sino también los bellos panoramas, que remotamente pueden inducir a la disipación, y las regiones cuya hartura es capaz de llevar indirectamente a la pereza - sería la muerte de la cultura y de la civilización.
Pero, dirá alguno, ¿la Iglesia no recomienda la penitencia y el renunciamiento de los bienes de la tierra? ¿No fueron muchos los santos que, para santificarse, dejaron todas estas cosas? Es cierto. La Iglesia tiene recomendado a los hombres la abstención, a título de penitencia, de los bienes de este mundo. La necesidad de penitencia no resulta de cualquier mal existente en esos bienes, sino del desajuste de la naturaleza humana como consecuencia del pecado original y de los pecados actuales. La abstención de los bienes terrenos sirve para dominar las pasiones desordenadas y mantener al hombre en las vías de la templanza. Además de este efecto medicinal, la penitencia tiene también la finalidad de expiar, ante la justicia de Dios, las faltas cometidas por quien la practica, o por el prójimo. Y, en este sentido, es también indispensable para la vida cristiana.
Muchos son los caminos que llevan al Cielo. Algunos son excepcionales e impresionan mucho: el abandono de todas las riquezas, por ejemplo; otros son para la mayoría, e impresionan menos: el buen uso de las riquezas es uno de ellos. Pero tanto los unos como los otros conducen a Dios y fueron trillados por los Santos."
Veamos En líneas generales cuales son los fines sociales que persigue esta "bestia negra" llamada sindicalismo y que el, Vaticano persigue con tanto fervor:
Los sindicatos como es bien sabido es la asociación de trabajadores constituida para unirse íntimamente con el objeto de defender sus derechos laborales y la conquista de nuevos. Se fundamenta, pues, en la unidad monolítica de los trabajadores ante necesidades comunes de clase explotada. El sindicato es la expresión más legítima de la clase obrera organizada, la que gracias a su unidad, organización y constancia en la lucha ha conseguido derechos que, de otro modo, no hubieran sido posibles. Por esa razón, los sindicatos son ardorosamente combatidos por los patrones explotadores y gobiernos antidemocráticos y por la iglesia católica, habiendo tenido necesidad de intensificar las luchas extremadas con huelgas y paros generales, para que se les reconozcan mínimas conquistas, muchas veces escamoteadas por intervención de los organismos estatales y clericales parcializados con los intereses patronales, que tratan por todos los medios de desconocer el derecho de reunión o asociación, recogidos por algunas constituciones políticas.
También se puede definir el Sindicato como la organización continua y permanente creada por los trabajadores para protegerse en su trabajo, mejorando las condiciones del mismo mediante convenios colectivos refrendados por las Autoridades Administrativas del Ministerio de Trabajo. En esta situación será más factible conseguir mejoría en las condiciones de trabajo y de vida; sirviendo también para que los trabajadores expresen sus puntos de vista sobre problemas que atañen a toda la colectividad.
Es conveniente recordar que en nuestro país por su condición de colonia, las condiciones para asociarse están regidas por el Estado español, los Sindicatos están garantizados por la Constitución política reconoce la libertad de asociarse y la de contratar. Las condiciones de su ejercicio están regidas por la ley". A pesar de ello, en la practica sindical se observan notables diferencias con las ejercidas en la metrópolis.
Los objetivos de los sindicatos son ( o mejor dicho, deberían ser ya que los dirigentes españoles o españolizados de la mayoría de las actuales organizaciones, especialmente las dependientes del exterior, han renunciado a la lucha frente a la patronal y el sistema capitalista a cambio de determinadas prebendas) los logros que buscan alcanzar los sindicatos, para responder a las necesidades de quienes forman parte de él. Los objetivos dejan muy claro cuáles son las finalidades para las que fue creada la organización sindical.Aunque cada o organización sindical puede tener objetivos muy variados, existen cinco de ellos que siempre le dan razón de ser a todo sindicato. Estos objetivos orientan toda acción de las organizaciones sindicales en su lucha por dignificar las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras.
Estos cinco objetivos son:
1. Un salario justo
Los sindicatos buscan que quienes trabajan tengan un salario adecuado y digno, que les permita cubrir sus necesidades y las de sus familias en alimentación, salud, vivienda, educación, vestido y ocio.
2. Mejores condiciones de trabajo.
Las condiciones de trabajo son un complemento indispensable del salario. Las trabajadoras y los trabajadores tienen el derecho a que las condiciones en que laboran no les afecten ni física ni mentalmente.
Todos los sindicatos deben buscar que las personas afiliadas disfruten de condiciones laborales que no les afecten en su salud y dignidad. Por ejemplo, los sindicatos luchan por jornadas de trabajo justas y adecuadas al tipo de labor que se realiza, por descansos y vacaciones oportunas, por implementos de protección cuando las tareas que ejecutan las personas así lo requieran.
En los lugares de trabajo también el sindicato lucha por asientos adecuados y confortables, por aire fresco, por buena iluminación, por servicio sanitarios limpios, en buen estad y en cantidad suficiente, por agua potable, en fin, por todas las condiciones que hagan a las trabajadoras y trabajadores personas dignas.
3. Empleo estable para toda persona
No basta con tener trabajo, es importante que el empleo sea estable, regulado por leyes que protejan contra despidos injustos, principalmente cuando el trabajador y la trabajadora han entregado lo mejor de sus años y toda su experiencia para el desarrollo de su empresa y de su país. Las mujeres han sufrido tradicionalmente muchos problemas con el empleo.
Por un lado, les cuesta más conseguirlo y, por otro, generalmente se les asignan los puestos más mal pagados o se les paga menos salario que a los varones por ejecutar las mismas labores. Es de unos años para acá que se está dando una creciente incorporación de la mujer en las distintas ramas de la economía. Para ellas el sindicato tiene como objetivo garantizar que su incorporación laboral no se dé en forma desventajosa y que se respeten y promuevan los derechos de su condición particular.
4. Mejoramiento de las reivindicaciones sociales y económicas
Para proteger y garantizar el mejoramiento de los sectores laborales, es necesario crear leyes y luchar para que éstas se cumplan. Por esta razón el sindicalismo constantemente busca que los Estados promulguen leyes y decretos que garanticen la continuidad de sus conquistas y el mejoramiento social y económico de las personas trabajadoras. Para que las leyes se respeten y se cumplan, es necesario que todas las personas trabajadoras y estén unidos y organizados.
5. La permanente democratización de la sociedad
El respeto a los derechos es una de las luchas más importantes que los trabajadores pueden realizar desde sus organizaciones sindicales. El reconocimiento de los derechos de libre asociación, de pensamiento y de expresión implica luchar por la democratización de sus países. También es importante que los sindicatos participen en la vida política de las naciones, para vigilar y supervisar que los gobiernos sean justos en sus políticas económicas y sociales.
Es importante que los trabajadores y trabajadoras participen y ejerzan control sobre aquellas decisiones que les afectan directa o indirectamente, tanto en el ámbito de la sociedad y del Estado, como también al interior de sus mismas.
Organizaciones. Así, la lucha por la democratización también debe darse dentro de los sindicatos. Sólo practicando la democracia a lo interno de las organizaciones se fortalecerán las bases democráticas de la sociedad entera. Esto es especialmente importante para las trabajadoras y los jóvenes.
Es muy importante promover y posibilitar la participación directa de las mujeres y jóvenes dentro de la organización sindical; el estímulo a esta participación democrática como delegadas, afiliadas, o formando parte de las directivas, garantiza que las decisiones del sindicato correspondan a un mayor grado de consenso.
Sexo
En los centros de trabajo donde laboran hombres y mujeres, el sindicato se integra con afiliados masculinos como femeninos y procura abrir los caminos propicios para los cargos directivos en manos de mujeres. Esto es muy importante, pues, a la vez que se rompen viejos prejuicios burgueses se cuenta con compañeras que hagan posible la igualdad de derechos económicos y políticos del hombre y la mujer.
Religión
En un sindicato caben todas las religiones, inclusive la falta de ella, como religión del pueblo guanche, ateos, católicos, protestantes, mahometanos, pues ninguna de las creencias o religiones es materia de discusión sindical.
Ahora bien, en el caso concreto de Canarias, todos estos planteamientos para poder ser llevado plenamente a la práctica, primero deben pasar por un proceso de verdadero autogobierno, es decir, tener plena soberanía, libertad política, social, económica, cultural y religiosa.
El undécimo, Liberalismo.
El liberalismo se basa en varias premisas básicas, simples y claras: los liberales creen que el Estado ha sido concebido para el individuo y no a la inversa. Valoran el ejercicio de la libertad individual como algo intrínsecamente bueno y como una condición insustituible para lograr los mayores niveles de progreso. No aceptan, pues, que para alcanzar el desarrollo haya que sacrificar las libertades. Entre esas libertades - todas las consagradas en la Declaración Universal de Derechos del Hombre - la libertad de poseer bienes (el derecho a la propiedad privada) les parece fundamental, puesto que sin ella el individuo está perpetuamente a merced del Estado. Sostienen, incluso, que una de las razones por las que ninguna sociedad totalitaria ha sucumbido como consecuencia de una rebelión popular es por la falta de un espacio económico privado.
Por supuesto, los liberales también creen en la responsabilidad individual. No puede haber libertad sin responsabilidad. Los individuos son (o deben ser) responsables de sus actos, y deben tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones y los derechos de los demás.
Precisamente, para regular los derechos y deberes del individuo con relación a los demás, los liberales creen en el Estado de Derecho. Es decir, creen en una sociedad regulada por leyes neutrales que no le den ventaja a persona, partido o grupo alguno y que eviten enérgicamente los privilegios. Los liberales también defienden que la sociedad debe controlar estrechamente las actividades de los gobiernos y el funcionamiento de las instituciones del Estado.
Los liberales tienen ciertas ideas verificadas por la experiencia sobre cómo y por qué algunos pueblos alcanzan el mayor grado de eficiencia y desarrollo, o la mejor armonía social, pero la esencia de este modo de entender la política y la economía radica en no señalar de antemano hacia dónde queremos que marche la sociedad, sino en construir las instituciones adecuadas y liberar las fuerzas creativas de los grupos e individuos para que estos decidan espontáneamente el curso de la historia. Los liberales no tienen un plan para diseñar el destino de la sociedad. Incluso, les parece muy peligroso que otros tengan esos planes y se arroguen el derecho de decidir el camino que todos debemos seguir (como por ejemplo, la iglesia católica y en general los regímenes totalitarios), como es propio de las ideologías.
En el terreno económico la idea de mayor calado es la que defiende el libre mercado en lugar de la planificación estatal. A fines del siglo XVIII, cuando argumentaba contra el mercantilismo, Adam Smith lo aclaró incontestablemente en La riqueza de las naciones. En 1924, poco después de la revolución bolchevique, entonces frente al marxismo, el pensador liberal austríaco Ludwig von Mises, en un libro denominado Socialismo, demostró cómo en las sociedades complejas no era posible planificar el desarrollo mediante el cálculo económico, señalando con toda precisión (en contra de las corrientes socialistas y populistas de la época) cómo cualquier intento de fijar artificialmente la cantidad de bienes y servicios que debían producirse, así como los precios que deberían tener, conduciría al desabastecimiento y a la pobreza. Von Mises demostró que el mercado (la libre concurrencia en las actividades económicas de millones de personas que toman constantemente millones de decisiones orientadas a satisfacer sus necesidades de la mejor manera posible), generaba un orden natural espontáneo infinitamente más armonioso y creador de riqueza que el orden artificial de quienes pretendían planificar y dirigir la actividad económica. Obviamente, de esas reflexiones y de la experiencia práctica se deriva que los liberales, en líneas generales, no crean en controles de precios y salarios, ni en los subsidios que privilegian una actividad económica en detrimento de las demás. Por el contrario: cuando las personas, actúan dentro de las reglas del juego, buscando su propio bienestar, suelen beneficiar al conjunto.
Otro gran economista, Joseph Schumpeter, austriaco de nacimiento y defensor del mercado, pero pesimista en cuanto al destino final de las sociedades liberales como consecuencia del reto de los comunistas - predicción que su muerte en 1950 no le permitió corregir -, demostró cómo no había estímulo más enérgico para la economía que la actividad incesante de los empresarios y capitanes de industria que seguían el impulso de sus propias urgencias sicológicas y emocionales. Los beneficios colectivos que se derivaban de la ambición personal eran muy superiores al hecho también indudable de que se producían diferencias en el grado de acumulación de riquezas entre los distintos miembros de una comunidad. Pero quizás quien mejor resumió esta situación fue uno de los líderes chinos de la era posmaoísta, cuando reconoció, melancólicamente, que "por evitar que unos cuantos chinos anduvieran en Rolls Royce, condenamos a cientos de millones a desplazarse para siempre en bicicleta".
En esencia, el rol fundamental del Estado debe ser mantener el orden y garantizar que las leyes se cumplan, mientras se ayuda a los más necesitados para que estén en condiciones reales de competir. De ahí que la educación y la salud colectivas, especialmente para los miembros más jóvenes de la comunidad -una forma de incrementar el capital humano-, deben ser preocupaciones básicas del Estado liberal. En otras palabras: la igualdad que buscan los liberales no es la de que todos obtengan los mismos resultados, sino la de que todos tengan las mismas posibilidades de luchar por obtener los mejores resultados. Y en ese sentido una buena educación y una buena salud deben ser los puntos de partida para poder acceder a una vida mejor.
De la misma manera que los liberales tienen ciertas ideas sobre la economía, asimismo postulan una forma de entender el Estado. Por supuesto, los liberales son inequívocamente demócratas y creen en el gobierno de las mayorías pero sólo dentro de un marco jurídico que respete los derechos inalienables de las minorías. Esto quiere decir que hay derechos naturales que no pueden ser enajenados por decisiones de las mayorías. Las mayorías, por ejemplo, no pueden decidir esclavizar a los negros, expulsar a los gitanos de una demarcación o concederles un poder omnímodo a los trabajadores manuales, los campesinos o los propietarios de tierra. La democracia, para que realmente lo sea, tiene que ser multipartidista y es preferible que esté organizada de acuerdo con el principio de la división de poderes, de manera que el balance de la autoridad impida que una institución del Estado acapare demasiada fuerza.
Aunque no es una condición indispensable, y reconociendo que la tradición latinoamericana, eminentemente presidencialista, es contraria a este análisis, los liberales prefieren el sistema parlamentario de gobierno, por cuanto suele reflejar mejor la variedad de la sociedad y es más flexible para generar cambios cuando se modifican los criterios de la opinión pública. Al mismo tiempo, los liberales son partidarios de la descentralización y de estimular la autoridad de los gobiernos locales. La hipótesis -generalmente confirmada por la práctica- es que resulta más fácil abordar y solucionar los problemas eficientemente cuando quienes los padecen supervisan, controlan y auditan a quienes están llamados a solucionarlos.
Por otra parte, el liberalismo contemporáneo cuenta con agudas reflexiones sobre cómo deben ser las constituciones. El Premio Nobel de Economía Frederick von Hayek, abogado además de economista, es autor de muy esclarecedores trabajos sobre este tema. Más recientemente, los también Premios Nobel de Economía Ronald Coase, Douglas North y Gary Becker han añadido valiosos estudios que explican la relación entre la ley, la propiedad intelectual, la existencia de instituciones sólidas y el desarrollo económico.
Los liberales creen que el gobierno debe ser reducido, porque la experiencia les ha enseñado que las burocracias estatales tienden a crecer parasitariamente, fomentan el clientelismo político, suelen abusar de los poderes que les confieren, y malgastan los recursos de la sociedad. La historia demuestra que a mayor Estado, mayor corrupción y dispendio. Pero el hecho de que un gobierno sea reducido no quiere decir que debe ser débil. Debe ser fuerte para hacer cumplir la ley, para mantener la paz y la concordia entre los ciudadanos, para proteger la nación de amenazas exteriores y para garantizar que todos los ciudadanos aptos dispongan de un mínimo de recursos que les permitan competir en la sociedad.
Los liberales piensan que, en la práctica, los gobiernos real y desgraciadamente no suelen representar los intereses de toda la sociedad, sino suelen privilegiar a los electores que los llevan al poder o a determinados grupos de presión. Los liberales, en cierta forma, sospechan de las intenciones de la clase política, y no se hacen demasiadas ilusiones con relación a la eficiencia de los gobiernos. De ahí que el liberalismo debe erigirse siempre en un permanente cuestionador de las tareas de los servidores públicos, y de ahí que no pueda evitar ver con cierto escepticismo esa función de redistribuidores de la renta, equiparadores de injusticias o motores de la economía que algunos les asignan.
Otro gran pensador liberal, el Premio Nobel de Economía James Buchanan, creador de la escuela de Public Choice, originada en su cátedra de la Universidad de Virginia, ha desarrollado una larga reflexión sobre este tema. En resumen, toda decisión del gobierno conlleva un costo perfectamente cuantificable, y los ciudadanos tienen el deber y el derecho de exigir que, en la medida de lo posible, el gasto público responda a los intereses de la sociedad y no a los de los partidos políticos.
Como regla general, los liberales prefieren que la oferta de bienes y servicios descanse en los esfuerzos de la sociedad civil y se canalice por vías privadas y no por medio de gobiernos derrochadores e incompetentes que no sufren las consecuencias de la frecuente irresponsabilidad de los burócratas o de los políticos electos menos cuidadosos. En última instancia, no hay ninguna razón especial que justifique que los gobiernos necesariamente se dediquen a tareas como las de transportar personas por las carreteras, limpiar las calles o vacunar contra el tifus. Todo eso hay que hacerlo bien y al menor costo posible, pero seguramente ese tipo de trabajo se desarrolla con mucha más eficiencia dentro del sector privado. Cuando los liberales defienden la primacía de la propiedad privada no lo hacen por codicia, sino por la convicción de que es infinitamente mejor para los individuos y para el conjunto de la sociedad.
El duodécimo, Modernismo.
El Modernismo es duodécimo enemigo de las anquilosadas y retrogradas estructuras doctrinales de la iglesia católica, hace que esta sienta pavor ante cualquier síntoma que indique que la grey toma la iniciativa de pensar por sí misma, y cuestionen la veracidad de las ruedas de molino con que les han obligado a comulgar durante siglos. Ante tal osadía, la iglesia católica no duda en hacer uso de una de su más socorrida y efectiva arma, el anatema, que como se sabe esta profusamente recogida en el antiguo testamento, y que consistía en que cuando atacaban a un pueblo considerado enemigo no dejaban con vida a ningún ser animado, pasando a cuchillo a hombres, mujeres y niños, no escapando de la masacre ni siquiera los animales domésticos, a pesar de estos constituían un bien económico. Naturalmente estas masacres se cometían en nombre de Dios, toda bondad y todo misericordia.
¿P
ero qué es el modernismo? Veamos las interpretaciones que se han hecho de la significación del movimiento, que ha sido ligado, en la búsqueda de conexiones de fondo, con un proceso de tipo religioso que se manifiesta hacia 1880, llamado también "modernismo", y que pretendía una explicación a fenómenos diversos: política, filosofía, religión, literatura, ciencia. Alguna epidérmica vinculación puede establecerse en la medida en que el modernismo que nosotros conocemos trabaja con la materia verbal y de su reordenamiento espera obtener significaciones. Pero no puede decirse que haya habido correlación ni determinación ninguna. Muchos poetas modernistas se niegan, no obstante, a creer que el modernismo sea algo restringido a las bellas letras; aluden, en cambio, a un estado de ánimo general que es, tal vez, el sentimiento ya descrito de asfixia cultural y de necesidad de cambio social. Esa es por lo menos la opinión del poeta español Juan Ramón Jiménez, quie le atribuyese "un gran movimiento de entusiasmo y libertad hacia la belleza". Es Rubén Darío el que emplea la expresión "modernismo" refiriéndola a literatura. Lo hace en 1890 en un ensayo sobre Ricardo Palma; en 1890, el término, con esta significación, es incorporado al Diccionario de la Real Academia a propuesta y precisión de Marcelino Menéndez y Pelayo. Esta versión es la que prevalece y la que define el destino posterior de la tendencia: la rebelión inicial encuentra su salida en el lenguaje y se queda allí, aunque sea resultante de condiciones más generales; y cuando logra ese lenguaje empieza a repetirlo. Como era previsible la visión del papado es diferente, y así el Papa Pío X, sale al paso de los díscolos con una Encíclica digna de Josué, la Pascendi:"PÍO PP. X
Venerables hermanos: Salud y bendición apostólica
INTRODUCCIÓN
Los motivos de esta Encíclica
El primer deber que Cristo señaló a quien, como Nos, tiene confiado desde lo alto el oficio de apacentar la grey del Señor, es custodiar con la mayor vigilancia el depósito de la santa fe que se nos ha entregado; y esto, tanto rechazando las novedades profanas de lenguaje como las contradicciones de una mal llamada ciencia. y ciertamente que no ha habido época en la que no haya sido necesaria esta vigilancia del Pastor Supremo, pues nunca han faltado, por instigación del enemigo del género humano, hombres que enseñan doctrinas perversas (1) charlatanes de novedades y seductores (2), metidos en el error y que arrastran hacia el error (3). Pero hay que reconocer que, en estos últimos tiempos, el número de los enemigos de la cruz de Cristo ha aumentado enormemente; todos ellos, con técnicas absolutamente nuevas y astuciosas, se esfuerzan por agostar las energías vitales de la Iglesia y hasta querrían destruir el reino de Cristo, si esto fuera posible. Por eso, no podemos permanecer callados por más tiempo, no vaya a ser que demos la impresi6n de estar faltando al más sacrosanto de nuestros deberes, y la comprensi6n que hasta ahora hemos tenido esperando ver una rectificaci6n, sea interpretada como abandono de Nuestro oficio.
No podemos callar
El motivo principal, por el que no podemos dejar pasar más tiempo, es que ya no es necesario buscar a los fabricantes de errores entre los enemigos abiertos, sino que, con grande y angustioso dolor, los vemos introducidos en el seno mismo de la Iglesia, y son por ello tanto más peligrosos cuanto que son más difíciles de descubrir. Nos referimos, Venerables Hermanos, a tantos seglares y, lo que es más lastimoso, a tantos sacerdotes que, con un falso amor a la Iglesia, sin ningún sólido fundamento filosófico ni teológico, incluso impregnados de doctrinas envenenadas, que inoculan hasta la médula de los huesos de la Iglesia, se alzan como reformadores, con una absoluta falta de humildad; como ejército compacto arremeten contra lo que de más santo hay en la obra de Cristo, y ni siquiera: respetan la persona del Redentor divino: con sacrílega osadía la reducen a la categoría de puro y simple hombre.
A todos ellos los incluimos entre los enemigos aun cuando ellos mismos se asombren; pero -dejando aparte sus intenciones que sólo Dios puede juzgar- nadie que conozca sus doctrinas y su modo de hablar y de actuar podrá extrañarse de lo que decimos. Y no exageraría quien los incluyese entre los peores adversarios de la Iglesia. Pues, como hemos dicho, no desde fuera, sino dentro mismo de la Iglesia llevan a cabo su perversa actividad; por eso, el peligro se encuentra metido en las venas y en las entrañas de la Iglesia; con mucha mayor eficacia dañina, puesto que conocen tan íntimamente a la Iglesia. A todo esto se añade que no atacan las ramas o los retoños, sino las raíces mismas: la fe y sus más profundas fibras. y una vez dañada esta raíz de inmortalidad, intentan propagar el virus por todo el árbol, de tal manera, que no hay aspecto de la verdad católica en donde no pongan su mano y que no traten de corromper. Emplean tales tácticas para hacer daño, que no se encuentran otras más malvadas ni más insidiosas: son una mezcla de racionalista y católico, tan hábilmente presentada, que con facilidad engañan a los incautos; y son hasta tal punto osados, que no hay consecuencia que les detenga o que no mantengan con firme obstinación. Además, suelen llevar una vida llena de actividad, con gran dedicación al estudio, y unas costumbres intachables que les atrae la estima de todos, lo cual es muy adecuado para engañarles. Pero lo que hace pensar que no tienen remedio es que tienen el espíritu tan absorbido por sus doctrinas, que no admiten ninguna autoridad ni aceptan ningún freno; y como obran con conciencia errónea, creen que es celo por la verdad lo que en realidad sólo es efecto de la soberbia y de la obcecación. Habíamos esperado conseguir que algún día estos hombres rectificaran su actitud, adoptando con ellos primero una actitud indulgente, como con hijos Nuestros que son; después, siendo más severos; por último, aun contra nuestros deseos, hemos tenido que reprenderles públicamente. Sabéis bien, Venerables Hermanos, que todo ha sido inútil: se sometían un momento, para volver a levantar la cabeza más llenos de soberbia. Si se tratase sólo de ellos, quizá hasta podríamos pasar todo esto por alto, pero se trata del prestigio y de la tranquilidad de la religión católica. Por tanto, es preciso interrumpir un silencio, que sería criminal prolongar, y arrancar la máscara de estos hombres, para mostrarlos ante la Iglesia entera tal y como son.
Como los modernistas (este es el nombre que con razón se les da) utilizan la táctica insidiosa de no exponer sus doctrinas orgánicamente estructuradas, sino desarticuladas, para que parezcan inconexas y poco concretas, cuando en realidad son firmes y consistentes, lo primero que hay que hacer es presentar esas doctrinas en su conjunto, señalando los lazos que las unen, y a continuación determinar las causas de los errores e indicar 1os remedios adecuados para atajar el mal.
I. LA DOCTRINA MODERNISTA
Para proceder ordenadamente en materia tan compleja, hay que empezar advirtiendo que cada modernista es como la síntesis de varios personajes: el filósofo, el creyente, el teólogo, el historiador, el crítico, el apologista, el reformador; conviene ir distinguiendo uno por uno a todos estos personajes, si se quiere conocer bien su sistema y llegar hasta los principios de sus doctrinas y calibrar sus consecuencias.
1. EL MODERNISTA "FILÓSOFO"
El agnosticismo
Comenzando por el filósofo, los modernistas toman como punto de partida la doctrina filosófica llamada agnosticismo. Esta filosofía recluye a la razón humana en el ámbito de los fenómenos, es decir, en la apariencia que presentan las cosas y en las formas de esa apariencia, afirmando que la razón no tiene ni derecho ni facultades para traspasar los límites de esa apariencia. En consecuencia, es incapaz de elevarse hasta Dios, ni puede conocer su existencia a través de las cosas que se ven. De ello resulta que Dios no puede ser de ningún modo objeto directo de la ciencia, y que Dios no puede en absoluto ser sujeto histórico. Con estos presupuestos, cualquiera puede advertir qué es lo que queda de la teología natural. De los motivos de credibilidad. De la revelación externa. Todo esto queda barrido por los modernistas y lo reducen a un intelectualismo que, según ellos, mueve a risa y es un sistema muerto hace ya tiempo. Ni siquiera los detiene el hecho de que la Iglesia ya ha condenado con toda claridad estos monstruosos errores. El Concilio Vaticano decretó: Si alguien dijere que Dios uno y verdadero, Creador y Señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz de la razón natural del hombre, a través de las cosas creadas, sea anatema (4); igualmente: Si alguien dijere que no es posible o que no es conveniente que el hombre, mediante la revelación divina. Sea instruido acerca de Dios y del culto que se le debe. Sea anatema (5); y además: Si alguien dijere que la revelación divina no puede llevarse a cabo por medio de signos externos y que, por consiguiente los hombres sólo se deben mover hacia la fe por una experiencia interna individual o por una inspiración privada, sea anatema (6). Nadie podría saber en virtud de qué razonamiento los modernistas pasan del agnosticismo, que no es más que ignorancia, al ateísmo científico e histórico, que es una pura negación, y, en consecuencia, por medio de qué raciocinio, desde ignorar si Dios ha intervenido o no en la historia del género humano van a parar en una explicación de esa historia al margen de Dios, como si realmente Dios no hubiera intervenido. Los modernistas dan por sentado que la ciencia y la historia deben ser ateas; en el ámbito de una y otra sólo hay lugar para fenómenos: Dios y lo divino están excluidos. Más adelante veremos las consecuencias a las que esta doctrina absurda da origen, en lo que se refiere a la persona sagrada de Cristo, a los misterios de su vida y de su muerte, a su resurrección ya su ascensión a los cielos.
La inmanencia vital
Este agnosticismo no es más que el aspecto negativo de la doctrina modernista; el aspecto positivo lo ofrece la llamada inmanencia vital. El paso de uno al otro se lleva a cabo del siguiente modo: como cualquier otro hecho, la Religión -sea natural o sobrenatural- debe tener una explicación. Puesto que se rechaza le teología natural, no se admiten los motivos de credibilidad como camino hacia la revelación, y tampoco se acepta ninguna revelación externa, la explicación, pues, no podrá encontrarse fuera del hombre; es en el interior del propio hombre en donde hay que buscarla; pero como la Religión es una forma de vida, la explicación estará exclusivamente en la misma vida del hombre. Por este camino se llega a establecer el principio de la inmanencia religiosa. Efectivamente, el primer movimiento de todo fenómeno vital -ya queda dicho que, para los modernistas, la religión es uno de tales fenómenos- arranca de una cierta indigencia o de un cierto impulso, cuya primera expresión es ese movimiento del corazón que llamamos sentimiento. Puesto que el objeto de la religión es Dios, la conclusión se impone: la fe que es principio y fundamento de toda religión, reside en un sentimiento íntimo que brota a causa de la indigencia de lo divino. Por otra parte, esta indigencia no se hace sentir sino en determinadas circunstancias favorables, pertenece en realidad al ámbito de la conciencia; en un primer momento está latente en el fondo de la conciencia -en lo que la filosofía moderna llama subconsciencia, donde tiene echada su raíz escondida e inaccesible.
El sentimiento religioso
Ahora habría que preguntar cómo esta indigencia de lo divino, al ser sentida por el hombre, se convierte en religión. A esto los modernistas responden: la ciencia y la historia están cercadas entre dos límites; uno externo, que es el mundo visible; y otro interno, que es la conciencia. Cuando la ciencia y la historia llegan a estos límites, ya no pueden dar un paso, pues más allá está lo incognoscible. Colocada frente a este incognoscible -ya sea que esté fuera del hombre, más allá de la naturaleza visible, ya sea que esté en lo profundo de la subconsciencia, la indigencia de lo divino, sin ningún juicio previo (y esto es fideismo), suscita un peculiar sentimiento en el espíritu inclinado a la religión; este sentimiento lleva en sí la realidad de Dios, tanto como objeto cuanto como causa de ese mismo sentimiento, y además une en cierto modo al hombre con Dios. A este sentimiento los modernistas lo llaman fe y es para ellos el principio de la religión.
Pero no acaba en esto la filosofía o, más exactamente, los delirios de los modernistas. No se limitan a localizar la fe en este sentimiento, sino que afirman que con la fe y en la fe, tal como ellos la entienden, tiene lugar la revelación. ¿ Qué más se puede pedir para la revelación? ¿No es ya revelación- o al menos un inicio de revelación- ese sentimiento religioso que brota en la conciencia? ¿Por qué no puede ser Dios mismo quien se manifiesta al alma- aunque de un modo confuso- en ese sentimiento religioso? y aún añaden: Como Dios es al mismo tiempo objeto y causa de la fe, esa revelación se refiere a Dios y de Dios procede: tiene a Dios como revelador y como revelado. De aquí, Venerables Hermanos, la absurda afirmación de los modernistas: toda religión es al mismo tiempo natural y sobrenatural, según se mire; de aquí que conciencia y revelación vengan a ser la misma cosa; De aquí el que se constituya a la conciencia religiosa como regla universal, equivalente a la revelación, a la que se han de someter todos, incluso la suprema autoridad de la Iglesia, tanto en su misión de enseñar como en la de legislar sobre lo sagrado o lo disciplinar.
La "transfiguración" y la "desfiguración"
En todo este proceso que, según los modernistas,