HAY QUIEN CONTINÚA MEANDO FUERA DE LA BASINILLA
Eduardo Pedro García Rodríguez*
Un vez más tenemos que ser testigo de la secular idiotez de que hacen gala algunos ¿periodistas? o que si no lo son por lo menos tienen la posibilidad de escribir sus paridas en la prensa local o foránea.
Me refiero a un desafortunado y desinformado artículo publicado en la sección "La media columna", en el periódico El Día, de fecha 22 de junio pasado titulado Los Guanches y las mujeres, y firmado por D. Francisco Ayala. En dicho articulillo, el Sr. Ayala en un tono pretendidamente jocoso pero que en realidad está colmado de conceptos peyorativos hacia nuestros ancestros guanches, para una vez más tratar de menospreciar y denigrar a la milenaria y noble raza auténtica propietaria de esta nación. En el mencionado articulillo el desafortunado autor trata de sacar a colación lo que se ha dado en llamar violencia de genero, tema que está de moda y es bastante recurrente para algunos ¿periodistas? descerebrados, que han perdido la capacidad creativa, si es que alguna vez la tuvieron.
El referido autor comienza su bodrio con las siguientes palabras: "Como a ninguno de nuestros antepasados ni a los antepasados de otros antepasados se les ha ocurrido escribir la historia de cómo moraban, en especial de cómo se llevaban con sus o con las mujeres de otros guanches a quienes ponían los cuernos,..." Veamos: Entiendo que cuando usted dice "a nuestros antepasados" en realidad se refiere a "sus" antepasados, de los cuales por cierto, sí que se ha ocupado la historia, no sólo de cómo se ponían los cuernos entre sí, sino de cómo violaban a las mujeres y niñas guanches e incluso a las cabras a falta de estas últimas, veamos un ejemplo: "No contento los españoles con sembrar el odio y la desunión entre los naturales, se apoderaban también de todas las jóvenes que tenían fama de hermosas sin respetar siquiera las que estaban consagradas al culto, del que existía un cenobio o monasterio en aquellas inmediaciones..." (Agustín Millares Torres,1977,t, II, pag. 123).
Por el contrario, nuestros antepasados tenían un especial respeto por la mujer, no sólo éstas eran intocables -junto con los niños y ancianos- en casos de guerra entre los menceyatos o guanartematos, sino que estaba prohibido bajo pena de muerte, el que ningún hombre le dirigiera la palabra a una mujer en descampado, sí esta previamente no se dirigía a él.
Supongo que cuando dice: "Los antepasados de otros antepasados", se refiere a los antepasados de los guanches ancestros de la mayoría de los actuales canarios. Es comprensible su desconcierto pues está acorde con su ignorancia cuando dice: "...que tampoco de infidelidades guanchinescas se ha escrito nada", es natural, no se suele escribir en torno a lo que no es practica habitual. Mire usted, en la sociedad guanche no se contemplaba el concepto de infidelidad entre otras muchas razones porque no se tenía el concepto cristiano de propiedad de la mujer como objeto, esta era considerada como compañera, esposa y madre. Además en la sociedad matriarcal guanche la mujer tenía una libertad y preponderancia social como jamás después de la invasión europea han podido disfrutar. De hecho, en la actual sociedad pretendidamente cosmopolita y globalizante, la mujer canaria está sosteniendo arduas luchas para conseguir que esta sociedad machista les conceda unos derechos que sus bisabuelas gozaban de manera natural, hasta que fueron sometidas a las normas judeo-cristianas impuestas por "sus" antepasados. Por otra parte, el guanche podía legalmente tener otra u otras esposas cucahas, o como ustedes las califican, "barraganas" o "queridas", estas tenían iguales derechos que la primera esposa y sus hijos tenían la misma consideración y heredaban exactamente igual que los de la primera esposa, al contrario de lo que sucedía -y sucede- con los hijos del clero y colonos los cuales eran considerados bastardos y denigrados socialmente cuando estos eran habidos fuera del matrimonio católico en un caso y "hijos del pecado" en el otro. Como verá, la doble moral portada por los invasores y colonos europeos está a años luz de la guanche, tanto en el aspecto social como en el espiritual. Para su información le diré que en el caso, por cierto poco frecuente, de que se produjese algún acto de infidelidad, ésta estaba castigada con el emparedamiento. Además, en la antigua sociedad guanche el matrimonio era fácilmente dirimible, por lo que la infelicidad conyugal era poco frecuente. En estos casos la infidelidad es uno de los aportes "culturales" europeos.
Incluso es probable que las prácticas de la infidelidad en Canarias comenzara con el "braguetazo" dado por un tal Juan de Ayala y Roxas, quien casó en los primeros tiempos de esta colonia con una poco agraciada heredera de las llamadas islas de "señorío", práctica frecuente en los españoles de "buena boca".
El Sr. Ayala continúa su bodrio y nos espeta: "..no podemos hacer comparaciones entre los maltratadores modernos y aquel hombre primitivo que no contaba sino con piedras y palos sin amañar. Tuvo que esperar el guanche por la dichosa Edad del Hierro para tener un cuchillo que llevarse a la mano." Veamos ilustre y sesudo Mister Ayala: En Canarias, que yo sepa, no existen minas de metales factibles de ser extraídos y manufacturados artesanalmente, por ello, primeramente el guanche tuvo que hacer uso de instrumentos de hierro obtenidos mediante intercambio con los cartagineses, prueba de ello es un túnel para regadío excavado por los guanches en la roca basáltica y de casi una cuarta de legua existente en la isla de Gran Canaria. Como usted debería saber, el intercambio comercial con determinado pueblos de la Europa de la época cesó con la caída en manos del cristianismo del imperio romano, últimos en tener contacto con las islas después de la tercera guerra púnica en que Roma sustituyó al imperio cartaginés. Debido a que el cristianismo sumió a Europa en una era de oscurantismo y retroceso cultural, ésta perdió los contactos comerciales y culturales que había mantenido con África y, en particular, con las Islas Canarias, por consiguiente, el pueblo guanche tuvo que adaptarse y desarrollar su cultura material con los elementos que les ofrecía el entorno natural que no eran otros que los vegetales, las piedras, las pieles y los huesos, los que por cierto, y según los cronistas de la conquista europea "estaban muy bien amañados". Creo que queda claro que "aquel hombre primitivo" no practicaba el mal trato ni la "violencia de genero", esta fue otro aporte "cultural" de los invasores europeos. No entiendo (o sí entiendo) el desmesurado interés mostrado por el Sr. Ayala en crear una conexión entre el mal trato especialmente a la mujer, que como digo es una lacra aportada por la "civilización" europea, y el mundo guanche el cual estaba exento de tales práctica propias de la barbarie europea.
Después de ese largo periodo de aislamiento, el reencuentro del guanche con el hierro fue a través de las cruces, espadas, adargas, arcabuces, cañones y cadenas que los europeos portaban en sus insistentes intentos por conquistar, someter y esclavizar a los habitantes de estas islas, que como usted debería saber, fue una guerra en extremo cruenta declarada unilateralmente por los reyes de Castilla y Aragón y de la cual los guanches se defendieron durante casi un siglo con piedras y palos sin "amañar", y aún con ello infligieron al Ejército colonial invasor la mayor derrota que jamás sufrió en sus aventuras coloniales. Le remito a la batalla de Acentejo, en la que los invasores españoles dejaron en el campo de batallas más de dos mil doscientos muertos, y no 1.400 ó 1.600 como apuntan algunos historiadores españoles o españolistas. Dicha derrota la recibieron de manos de trescientos hombres primitivos que sólo usaban "piedras y palos sin amañar".
No entiendo (o sí entiendo) a que viene a cuento el intento del autor del mencionado articulejo en conectar un caso de malos tratos doméstico sucedido en Vitoria (Alava), que al fin y al cabo es un caso sucedido en España, con el mundo guanche. En todo caso, no es preciso desplazarse a España para exponer casos de malos tratos a la mujer, en nuestro país son frecuentes hechos de este tipo llevados a cabo por españoles establecidos aquí. Basta ojear los casos de malos tratos que con frecuencia se producen, especialmente en las zonas turísticas de nuestras islas, y fijarse en el origen de los maltratadores, veremos que un abrumador porcentaje de ellos proceden de la Península Ibérica, otros son del resto de Europa y muy pocos son canarios culturizados.
Termina Mister Ayala su perorata en lo que se refiere a nuestros antepasados en los siguientes términos: "Pero resulta que el guanche más bestia era un angelito del cielo comparado con un tal..." . En este aspecto estoy obligado a darle la razón, cualquier guanche es un angelito de Magek comparado con cualquiera de los españoles que hollaron esta tierra con sus cascos, y con algunos españolistas plumíferos capaces de vender sus almas al diablo con tal de recoger algunos euros con los cuales sustentar sus acomplejadas e insulsas vidas de mendigos con corbatas.
Al leer esos tipos de artículos, siento por una parte vergüenza ajena, y por otra, me invade una profunda tristeza al ver como determinados canarios de servicio se rebajan moralmente hasta extremos insospechados con tal de ser grato al invasor. Quizás con el fin de obtener algunas migajas que les permitan sobrevivir materialmente, porque espiritualmente ciertamente llevan muchos, muchos años muertos.
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Miembro de la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo.Canarias, junio de 2005.
ARTÍCULO CITADO:
Los guanches y las mujeres
COMO A NINGUNO DE NUESTROS ANTEPASADOS ni a los antepasados de otros antepasados se les ha ocurrido escribir la historia de cómo moraban los guanches, en especial cómo se llevaban con sus mujeres o con las mujeres de los otros guanches a quienes ponían los cuernos, que tampoco de infidelidades guanchinescas se ha escrito nada, no podemos hacer comparaciones entre los maltratadores modernos y aquel hombre primitivo que no contaba sino con piedras y palos sin amañar.
Tuvo que esperar el guanche por la dichosa Edad del Hierro para tener un cuchillo que llevarse a la mano. Sin embargo, la poca historia que se sabe no menciona que entonces estuviera de moda, como ahora, el mal trato a las mujeres, el que llaman violencia de género, que en otro tiempo anterior, el de las walkirias y las amazonas, estuvo de moda pero al revés. O sea, las féminas eran las que pegaban tremendas cueradas a los hombres. Pero se trata del maltratador primitivo y el actual. Del guanche se sabe que con las mujeres no había disputas como hoy porque un reciente estudio científico dio un resultado sorprendente. Los cráneos de numerosos guanches aparecen con magulladuras y chichones, además de hundimientos y cachos de huesos desprendidos que dejaban un totufo. Lo que demuestra que los guanches estaban frecuentemente a la pedrada, al palo, al tenicazo y no al ladrillazo, que eso vino después, cuando se inventó el bloque y el ladrillo. Sin embargo, los cráneos y los huesos de las momias estaban enteritos. Los que estaban esconchavados eran los de los momios.
Pero resulta que el guanche más bestia era un angelito del cielo comparado con un tal F.R.I., de 29 año,s que, sin hacer antesala, entró en el dormitorio matrimonial, donde la mujer dormía a las dos de la madrugada. El sujeto, que no se sabe cómo venía y puede que haya hecho estallar el "soplador" de la Guardia Civil, apeteció a esa hora que su mujer le preparase en la cocina un plato de su predilección. Esto ocurrió en el domicilio del matrimonio en una calle de Vitoria, Alava, País Vasco. La mujer creyó que, como a esa hora, valía un matahambre cualquiera, cocinó un plato y se lo llevó. Pero como el manjar no fue del gusto del cabalero, éste. la emprndió a patada limpia con la mujer que ni DI Estefano en sus me jores tiempos. Resulta que, entre las patadas, muchas fueron dirigidas al vientre de la dama que estaba encinta, por lo finoli, y preñada, por lo vulgaris, pero al energúmeno no lo contuvo nadie. Ni siquiera la Ertzaintza, con la que se. lió a piñazos el sujeto, " el cual fue reducido con dificultad. Todos los síntomas, aunque de eso no se dicé nada, indican que el individuo tenía tremenda tranca porque lo encontraron tranquilamente durmiendo en un sillón.
La ventaja de los guanches es que cuando les zumbaban, posiblemente a sus esposas o compañeras sentimentales, que todavía no se Ilamaban así, no estaban cargados porque la mistela no se había inventado en Vallehermoso y la . borrachera no les incrementó los instintos de la violencia de género, que entonces tampoco se había inventado.
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Periódico El Día, sección: Criterios. La media columna, página 6, fecha 22 de junio, 2005. Autor: Francisco Ayala.