UNAS HERMOSAS LEYENDAS DE PUEBLOS “PRIMITIVOS”

EN TORNO A LA DIOSA AKEWA

 

Este aspecto de la Diosa es venerado por los Tobas de Argentina y es la veneración que más ha permanecido en la espiritualidad de las mujeres, mientras se esfuerzan por comprender la insensata violencia que envuelve violaciones y guerras. A pesar que muchas imágenes de la Diosa la representan como la Luna, los Tobas representan al Sol Como la Diosa y a la Luna como hombre, exactamente igual que entre los pueblos mazigios, incluido como es natural el guanche donde los astros cambian de género.

 

Akewa tiene la habilidad de presentarse como joven o vieja a su antojo

 

El pueblo Toba recoge una hermosa leyenda en torno a parición del género humano: En tiempos remotos, cuando las mujeres descendían de los cielos, bajando por esa gran cuerda que colgaba del firmamento, para caminar sobre la tierra, buscando plantas y raíces nuevas para llevar a su casa de las alturas. Cuando las mujeres llegaron los hombres eran animales, sus cuerpos estaban cubiertos de pelo, caminando sobre pies y manos. Así que un día que la cuerda rozaba la tierra húmeda los animales brincaron a la cuerda para morderla con sus colmillos y las mujeres del cielo se vieron forzadas a permanecer en la tierra. Fue así que las mujeres celestiales y los animales-hombres de la tierra comenzaron a vivir hombro con hombro. Tras copular dieron a luz a la gente que ahora habitan las tierras Toba.

 

Pero una de estas mujeres, aún vive en el cielo, pues día a día vemos  a la deslumbrante Akewa como trepa de la parte más baja del cielo y camina por el azul infinito extendido a sus pies, trayéndonos su luz tibia y dorada, ofreciendo como regalo su brillante ser hasta que llega tan lejos que resbala al abismo que está en el fin del mundo, y nos deja con la noche.

 

Como cualquier otra mujer Akewa se cansa y envejece cruza el cielo lentamente. Y esos son días largos y su luz brillante la acompaña en su paseo. Akewa también rejuvenece y en su juventud es ágil, y se mueve tan rápido que en esos días las horas de luz son pocas.

 

Cuando Akewa deja el cielo cada tarde, la oscuridad crece en el mundo y sale un hombre viejo, con su panza demasiado llena de comida. A pesar que su panza brilla de luz plateada, cuando se acuesta de noche rueda de un lado a otro, pero nunca encontró la posición más cómoda en la cual mantener esa enorme panza.

 

Y en los bastos espacios del cielo, el Jaguar también los habita siempre queriendo comerse a Akewa y al hombre-Luna.  El Jaguar ataca esa luna cada mes, cuando está gorda y no puede escapar, pero Akewa pelea con armas de metal, de manera, que el Jaguar casi nunca la alcanza -a excepción de aquellos días en que Akewa se esconde al medio día, y la raza entera temió que Akewa hubiera muerto y el mundo hubiera acabado. Pues ¿quien podría vivir sin la luz dorada y la tibieza de Akewa?

 

IAMANJA

 

Esta leyenda narra el ritual de Solsticio de verano para la Diosa del mar, Iamaja que se celebra en Brasíl, indudablemente su origen es africanos y fue implantado por los esclavos negros en América del Sur. Se asume que originariamente fueron los Yoruba de Nigeria, quienes desarrollaron este culto en América tras la tragedia de haber sido secuestrados y luego esclavizados en tierras desconocidas, recordado y añorando su tierra ancestral que les esperaba tan sólo cruzando el mar. Estas ceremonias, que al día de hoy se han incorporado a las costumbres de gentes de variados perfiles étnicos celebran anualmente en las costas de Brasil la madrugada del Solsticio de verano.

 

Tu espíritu sagrado flota sobre las crestas de la olas mientras caminamos por la arena la noche se va cerrando sobre el día más largo del año juntos formamos pequeños círculos alrededor de las barcas sgradas que zarparemos para ti cada uno es un rezo secreto, una flor que dejamos sobre la barca para Iamaja, Reina sagrada del mar.

 

Con fuego encenderemos las flores crespan nuestras barcas de rezoz y zarpan a la orilla de tu ser, tus olas suaves nos acarician y llenan de espuma nuestra piel limpiándonos de problemas y tristezas llevándose consigo cualquier mal que hayamos cometido miramos el baile de las flamas como se van apagando en la distancia creciente sabemos que allá esperas este mensaje que te enviamos Iamaja, Reina sagrada del mar.

 

Reflejos del fuego Se mecen en tu tierna oscuridad Luz arriba, sea luz abajo, el coro marca los tiempos que son los ritmos de tu ser, me hago de lado para ver los otros depositar sus últimas flores con plegarias a las barcas, pienso que tienes suficiente que hacer como para que te agobie con mis plegarias.

 

Pero justo antes de que el último barco flote tan lejos de mi alcance y que ya no pueda cambiar de opción arrojo mi flor con plegarias sobre las demás rezo por tu salud, y largo años y porque seas como siempre te hemos conocido Iamaja, Reina sagrada del mar.

 

MBABA MWANA WARESA

 

Esta leyenda Zulú, cuenta como la Diosa vino a la tierra a buscar esposo, e incluye una descripción detallada de las cuidadosas preparaciones para la ceremonia de matrimonio de los Zulu. Pero el tema principal de esta narración es la prueba que el esposo elegido debe pasar, que pueda ver a través de las superficialidades de tan elabora prelación, explicando así la importancia de reconocer lo que es realmente valioso en la vida.

 

Sagrada Diosa de la luz que corta los cielos, sagrada Diosa que golpeas los tambores de los cielos, sagrada Diosa que vierte agua desde su santo hogar techado con un arco iris, sagrada Diosa que le da el verde a los bosques y llena los campos con pasto, hace los sembradíos crecer aún más altos, sagrada Diosa que nos enseñó a cosechar, sagrada Diosa que nos regaló la cerveza para que pudiéramos nuestros días de fiesta-Santa Diosa Mbaba Mwana Waresa, que cerca de nuestros corazones estás.

 

En la tibieza de la choza, escuchando la lluvia que golpea las hojas, la historia del matrimonio de la Diosa de la lluvia, sale de la boca de los ancianos quienes recuerdan la ocasión en que la Diosa decidió tomar un esposo, y al no encontrar alguno de su agrado en los cielos, eligió a un joven mortal, el más hermoso, el más sabio que encontró en esta tierra. Así los sabios arreglaron los detalles del matrimonio, a llevarse a cabo en la aldea, para luego regresar juntos a su hogar en los cielos.

 

Cuando el Sol asomó sobre las montañas, en el día de la boda, la Diosa se preparó de tal manera que consternó a quienes vivían en los cielos, pues decidió rasurar su hermoso cabello negro, suave como plumas de ave, untó su piel tan perfectamente negra, con cenizas de un gris pálido, también se deshizo de su falda de arco iris, para vestir una vieja y rasgada piel de zebra, mientras que la amiga a la cual eligió para ser su dama de bodas, ella vistió como visten las novia Zulu.

 

Las mejores telas fueron usadas para vestir a su dama, su cabello trenzado en delicados hilos, y cada hilo ensartado con preciosas cuentas; aros de oro y plata adornando sus muñecas y tobillos; su frente y mejillas fueron marcadas con tinta sagrada; un cinturón de cuentas preciosas fue puesto en su cintura; grandes aros de oro puro pendían de sus orejas y por último la sagrada concha de la vida fue colocada en su frente.

 

Cuando todo estuvo listo, la Diosa y su amiga comenzaron por el camino que va de la aldea donde el joven elegido por Mbaba Mwana Waresa vivía, esperando el día ñeque la Diosa llegara.

 

Y fue cuando de repente, una tormenta cubrió el cielo y los rayos iluminaban hasta donde la vista alcanzaba, los truenos hacían que la tierra temblara y fue cuando el joven supo, que su futura esposa pronto estaría a su lado. Levantó su vista al cielo oscuro y al ver a dos mujeres que se aproximaban, quedose quieto mientras la lluvia de la buena fortuna empapaba todo en su camino.

 

Cuando las mujeres finalmente estaban delante suyo, el joven hizo una reverencia; las mujeres de la aldea miraban nerviosas preguntándose si el joven sabría cual de las dos mujeres habría de ser su esposa. Y fueron sonrisas las que rompieron la tensión cuando el ofreció su mano a la Diosa, a pesar que su cabeza estaba rasurada, y que las cenizas hacían lucir su cuerpo gris, a pesar que vestía una vieja piel de zebra, y suavemente le dijo “Bienvenida Mbaba Mwana Waresa, Santa Diosa de la lluvia, no necesitas cuentas preciosas, ni oro ni plata, ni vestidos de telas finas, pues en tus brillantes ojos veo la riqueza de la tierra, la belleza de las cosechas, el poder del trueno y relámpago, es un honor que me hayas elegido”

 

Y así fue que comenzaron las celebraciones llenas de baile, comida y bebida y cuando el día terminó, la Diosa de la lluvia se puso de pie sobre la tierra, y llevó consigo al joven cuya sabiduría consistía en ver la verdad, y viven juntos aún en los cielos.

 

Tomado de: Diosa del Norte en: diosadelnorte.blogspot.com/

 

 

Selección de textos,  trascripción y corrección de: Guaire Adarguma.

Chinet, 31 n want’ijussur Magek n 6º akano n tallit taynay tagwancet.